Aby Warburgo

«Aby es el fanático de abrir y cerrar ventanas.» — dicho de la compañía, recogido sin explicación

Que un hombre quede fijado en el archivo por un gesto y no por un rostro dice algo de él, o dice algo del archivo. De Aby Warburgo no conservamos ni cara, ni ropa, ni voz: conservamos las ventanas que abre y cierra, los títulos que acumula, y las tumbas que quiere abrir. Este cronista, que ha visto perderse retratos enteros de emperadores, anota lo que hay.

El linaje y el oro

«Mi familia es muy poderosa en Alemania, banqueros.» Así se presenta él mismo, y esa frase es la base de todo el edificio. Alemania es el origen y la caja: la banca familiar es el respaldo material implícito de cada excavación, de cada viaje, de cada credencial. El nombre de esa casa de banqueros no consta en los registros, ni la relación exacta que Aby mantiene con ella —si es heredero, si es tolerado, si es el pariente raro al que se le paga para que cave lejos.

Trescientos años y todavía joven

Es «este arcanista elfo joven de 300 años», «este elfo medio moderno»: joven para la escala élfica, de porte contemporáneo antes que antiguo. Y es precisamente esa edad la que hace posible al personaje: trescientos años alcanzan para sostener tres formaciones completas a la vez —la del banquero que hereda, la del erudito que estudia, la del arcanista que se dedica— y ser todavía, según los cánones de su gente, un muchacho.

Las tres llaves

Las capas encajan por necesidad, no por acumulación. «Soy historiador y arqueólogo, hice mucho sobre este período», declara — y lo notable es que domina el período en su versión histórica y en la desviada: conoce el mundo tal como fue y tal como se torció. La banca paga; el saber histórico indica dónde cavar; el arte arcano permite entrar y sobrevivir allí donde se cava. Un excavador que no fuera mago no llegaría a las tumbas que le interesan; un mago sin formación histórica no sabría cuáles buscar; ninguno de los dos podría financiarse solo. Aby es los tres.

Como arcanista está «dedicado» y proyecta abrir una escuela: se pone así del lado de quien transmite el arte y no sólo lo ejerce. Si esa escuela llegó a abrir sus puertas, el archivo lo calla.

El mago de Constantinopla

En Constantinopla el poder se vuelve cargo: «tenías un título súper importante, Constantinopla, claramente el mago». Y tras la ascensión mágica —ese evento que reordenó las jerarquías del arte— Aby se declara archimago temporal. Adviértase el verbo: se declara. El título es autoadjudicado y provisorio, no otorgado. Queda además abierta la palabra misma: si «temporal» significa provisorio en el cargo, o dominio sobre el tiempo. Un cronista prudente no elige entre ambas lecturas; un cronista viejo sospecha que a Aby le convienen las dos.

Las tumbas primero

Su agenda estuvo declarada desde el comienzo: tumbas y excavaciones, «era lo primero que quería hacer cuando todo esto arrancó». En campo se lo encuentra donde haya tierra removida y muertos ilustres. La combinación de saber histórico y poder mágico lo vuelve, además, el intérprete disponible cuando el mundo necesita que alguien explique qué está pasando — oficio que este cronista conoce, y que no envidia.

El paso de la frontera

Todo ese poder no lo exime todavía de pasar desapercibido. Para cruzar territorios que no lo admiten usa identidad disfrazada: declara fecha de nacimiento 1601 y se presenta como quien «viene a ver al egiptólogo». Que un archimago autodeclarado deba mentir su año de nacimiento en una frontera es, quizás, la medida más honesta de hasta dónde llega —y dónde termina— su ascensión.

Advertencias de Paulus

He revisado los registros dos veces y confieso los vacíos. Del aspecto de Warburgo no queda una sola línea: ni rostro, ni ropa, ni cómo se lo reconoce en una sala; el lector deberá imaginarlo, y la imaginación no es archivo. De las ventanas que abre y cierra con fanatismo, no sé decir si son ventanas de madera y vidrio, un procedimiento arcano de aperturas, o una simple manía — y sospecho que la diferencia importa. Del año 1601 no está claro si es su verdadera fecha de nacimiento o sólo parte del disfraz; si es real, no consta contra qué calendario ni contra qué presente se miden entonces sus trescientos años; si es falsa, la verdadera no aparece en parte alguna. Ignoramos qué nombre usa en la frontera y cuál frontera cruza, si la escuela de arcanistas pasó de proyecto, y qué apellido de banqueros firma las letras que lo sostienen. Todo eso queda abierto, y así lo dejo.

Véase además: Constantinopla


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.