Torre Evanescente
Itinerario para el viajero que quiera ver las cinco: de Florencia a París, de París a Venecia, de Venecia a Egipto —cerca de Edfu o de Philae—, y por último al Gorge of Gorgias, si es que el Gorge se deja llegar. Que el viajero anote, antes de partir, la condición que las hermana: ninguna de estas torres está del todo en el mundo. Se salen de fase, «como si fuera un ángulo extraño», y el que las busca debe aceptar que a veces encontrará el lugar y no la torre.
La de Florencia, que es la Evanescente propiamente dicha
Se planta de frente al que llega: «tiene unos jardincitos a los costados, y una especie de parapetos que ustedes notan». En su fábrica hay «una serie de piedras, salvo en un lugar, que muestran el prisma del arcoíris»: son siete lugares, y en uno la piedra falta. Esas piedras no son ornamento; funcionan como emplazamientos de elevación, «como si se pudiera elevar en el lugar algún tipo de conjuro prismático». Quién lanza ese conjuro, y a qué costo, la torre no lo declara.
Cuando entra en fase, «de golpe es como si fuera un sol bidimensional», y en la entrada aparece una figura. Adentro se sirve comida: «hamburguesas de bruma» — y este cronista, que las ha visto nombradas pero no descritas, no sabrá decir si son comida mágica, comida evanescente, o comida común servida en un lugar que no está del todo.
Está atada, además, a la cabeza de Eno, arrebatada en un carro de fuego semejante al de Elías. Por ese vínculo la torre es umbral antes que edificio: el sitio donde algo entra y sale de fase, y donde alguien —o algo— aparece a recibirlo.
La Eiffel, faro de la ciudad crónica
En la París Ucrónica «está pintada de amarillo»; tiene una punta y en esa punta hay una piedra, una gema. En Terra fue iniciada en 1887 e inaugurada en 1889 por el centenario de la Revolución; en Antiterra un pasaje la da presente en París «en Navidad de 1889» y como punto del mapa en uso, junto al barrio latino.
Opera por electricidad y magnetismo: «si se levanta y se trae la electricidad puede producir un impulso eléctrico tan, tan grande que se ha demostrado que puede mover a la gente», y en el París de 1889 produce «no solo extraños magnetismo sino problemas con los que no hacen tierra literalmente». No es un monumento entre otros: es «el faro de la ciudad crónica», punto de convergencia para los viajes en el tiempo. A su alrededor se corrió un torneo, y después de ese torneo «se había convertido en una gran potencia». En su cima quedó un juego de autos locos. Hubo un momento en que «había crecido a tres veces su tamaño» y «lanzaba unos rayos terribles»; cuando eso ocurre, la ciudad entera cambia de régimen. Se dice, por fin, que el engranaje cósmico podría estar «oculto en el momento más místico de la torre eiffel» — nótese que el escondite no es un lugar sino un momento, lo que en una torre que sale de fase resulta, tristemente, verosímil.
Pero el viajero debe saber que hay dos itinerarios y no coinciden. Uno la pone en pie en el mapa; el otro sostiene que «lo que no está, y yo diría que lo hizo por su ausencia, porque después lo vieron en un cuadro, es la Torre Eiffel». Una torre presente en Navidad de 1889 y una torre conocida sólo por pintura. Las dos versiones quedan en pie — y quizá eso, en una torre evanescente, no sea contradicción sino descripción.
La de los Ocios, en Venecia
Monumento de piedra en la enumeración de San Marcos, entre la Basílica y «la Seca» —la Zecca, «donde se hizo la moneda»—: plantada, pues, entre el culto y el dinero. Su estado es malo. Tiene una «debilidad estructural que va a acontecer en un año», y el plazo se cumple: se derrumba en 1902. Su peso es el de la ruina anunciada — un plazo contado que termina en escombro. Qué causó la caída, y qué quedó en el sitio después, los registros no lo dicen.
La de Elías, en Egipto
«Una torre al costado», evanescente, cerca de Edfu o de Philae. No está disponible a cualquiera: es visible sólo para algunos. Lleva el nombre del profeta cuyo carro de fuego sirve de término de comparación al carro que se llevó la cabeza de Eno — de modo que Florencia y Egipto se miran, en este mapa, a través de un mismo fuego ascendente.
La del Contemporáneo, en el Gorge of Gorgias
De ella el archivo conserva casi únicamente esto: porta «un faro negro en el fondo». Luz invertida en un desfiladero. Nada más se ha establecido.
De si son cinco o una
Lo que reúne a estas torres no es un estilo sino una condición: todas son verticales y todas están a medias en el mundo — evanescentes, fuera de fase, visibles sólo para algunos, ausentes de su época o a punto de caerse. Y cada una resuelve esa condición con el medio propio de su ciudad: Florencia por la óptica —el prisma, los siete lugares, el sol bidimensional—; París por la física —electricidad, magnetismo, la falta de tierra—, y por eso es faro y nudo temporal; Venecia por la piedra y el tiempo; el Gorge por el faro negro. Si son cinco torres distintas o una sola cosa que se manifiesta en cinco ciudades, las voces del archivo no lo establecen: las nombran por separado y jamás las identifican entre sí. Este cronista se limita a observar que una torre que se manifiesta en cinco lugares y una torre que no está del todo en ninguno podrían ser, al cabo, la misma frase dicha de dos maneras.
Advertencias del cronista
Quede dicho lo que no sé. No sé qué es exactamente un «sol bidimensional», ni quién es la figura que aparece en la entrada de Florencia. No sé quién eleva el conjuro prismático, ni qué ocurre en el lugar donde la piedra falta. No sé por qué la Eiffel de la París Ucrónica está pintada de amarillo, ni en qué más se diferencia de la de Terra; no sé qué causa su crecimiento a tres veces el tamaño ni si los rayos cesan por sí solos. De la torre de Florencia, de la de Elías y la del Contemporáneo falta toda medida: altura, materiales, color. Y sobre el nombre mismo de la «Torre del Contemporáneo» pesa una duda de oído que declaro en el registro final. El viajero prudente pregunte dos veces, y no se fíe de que la torre que vio ayer siga estando hoy.
Véase además: Florencia · París Ucrónica · Elías · Terra
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.