Red Larch
Tres días de viaje por tierra desde Nueva Amsterdam, rumbo al sur de la isla de Manhattan, y el camino —cualquier camino— desemboca en el mismo punto: «acá, ¿ves? En el cruce de todos los caminos y las sendas que van por tierra». Ahí está Red Larch, pueblo protestante, nudo de la tierra firme. Este cronista lo anota como quien anota un vado: no porque el lugar mande, sino porque no hay manera de no pasar por él.
El paraje
Alrededor «hay colinas y montañas», y «a lo lejos a veces se ve una torre. Entre las piedras y hay aves que vuelan». Qué torre sea esa, nadie en el pueblo lo ha dicho a este cronista, y la prudencia manda dejarla donde está: en el horizonte. El casco se aprieta sobre el cruce —una posada, una taberna, «una especie de casa de pensión» y «una mezcla de iglesia que hacen las veces de escuela», un solo edificio para el culto y la enseñanza—. Hacia afuera se abren habitaciones, casas de lugareños, granjas y huertos de manzanas. Quien haga la cuenta de los puntos que importan hallará, según se asienta con las reservas del caso, «exactamente 22 locaciones importantes»: el núcleo del cruce y la corona rural se los reparten.
La gente se ve «con los sombreros a la ancha, con hebillas, botas de cuero». Y adviértase al viajero una costumbre del horario local: las diez de la noche todavía no se cuenta como tarde. A esa hora se ha visto volver a Jürgen con el cerdo descuartizado, y nadie levantó una ceja.
Tres camas para el que no es de acá
La lógica del pueblo es la lógica del cruce. Posada, taberna y pensión —tres formas distintas de alojar a alguien que no vive en el pueblo— existen porque por el cruce pasa gente que no es de ahí. En primavera la población fija se ensancha con trabajadores itinerantes que llegan a levantar la cosecha: el cruce trae los brazos y los huertos de manzanas los ocupan. Ese vaivén estacional es toda la economía, y justifica que un pueblo chico sostenga tres techos para forasteros.
Gobierno sin gobernador
La vida religiosa la llevan protestantes «medio tranca», que «hacen distintos cultos y oficios religiosos». La autoridad es la eclesiástica y nada más: «No hay más autoridad que esa. No hay un mayor, no hay un gobernador. Pero las cosas se deciden medio en conjunto». Sin aparato civil, el edificio del culto es también el único edificio de la vida en común —iglesia y escuela bajo un mismo techo—, y las decisiones comunes se toman sin sede propia. Red Larch no manda sobre nadie; pero todo el que viaja por tierra depende de sus camas y su cosecha, y si el cruce se corta, Nueva Amsterdam queda a tres días de nada.
El pleito del nombre
El nombre es traducción de un topónimo francés, y las escuelas discrepan sobre qué dice. Una versión lo da como «ser árbol enrojecido», hermanándolo con Baton Rouge, otro retoño del mismo nombre francés; otra lo entiende como «algo así como abeto rojo». Las dos versiones quedan asentadas en esta carta, y este cronista no oficia de juez entre árboles. El nombre francés original, para más pena, no ha llegado a estos papeles.
Advertencias del cronista
De las 22 locaciones importantes, solo cuatro tienen nombre en este registro: la posada, la taberna, la casa de pensión y la iglesia-escuela; las demás son casas, granjas y huertos sin bautizar. No se sabe cuánta gente vive en Red Larch ni cuántos itinerantes llegan en primavera. No hay una sola descripción de materiales, tamaño ni estado de los edificios: el viajero que espere saber si dormirá bajo madera o piedra, llegue y mire. «Medio tranca» describe el temple de los fieles, no su denominación, y quién oficia no consta. Tampoco consta con qué se paga ni qué se cobra por una noche en la posada o la pensión —el que viaje, lleve de más—. Y de cómo se deciden en la práctica las cosas «medio en conjunto» —asamblea, consejo, costumbre—, el pueblo guarda silencio, o este cronista no supo preguntar.
Véase además: Nueva Amsterdam · Isla de Manhattan · Baton Rouge · Jürgen
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.