Río Hudson

Tómese el mapa y trácese una sola línea de norte a sur por la costa este de Norteamérica: esa línea es el Hudson, y todo lo demás —puertos, pueblos, comercio, disputas— se ordena a sus costados como se ordenan las casas a los lados de una calle. No hay otro eje. Quien quiera entender esta región, que empiece por el río; quien quiera atravesarla, que se resigne a pagarle tributo de una forma u otra.

Del cauce y su engaño

Es «un río amplio»: en la comarca que aquí interesa promedia el kilómetro de ancho, pero la cifra engaña al viajero confiado. En algunos tramos apenas alcanza la media milla; «en otros lugares es enorme», y en su parte más ancha se acerca a las 5 millas — «es un flor de río», dicho está y no lo mejoro. Corre encajonado entre colinas «medio montañosas», de magnitud media, y en los tramos altos del camino se encrespa en cascadas rápidas y vallas rocosas.

Cerca del mar el río deja de comportarse como tal: es tan profundo y ancho que «en realidad es más mar que río», un estuario donde el agua es salada antes que dulce — «se mezcla un poco». En su parte más ancha lo cruza «un extraño puente que no tiene arcos», del cual este cronista no puede decir de qué está hecho ni cómo se sostiene, porque nadie lo ha dejado escrito.

Del valle y sus tres franjas

El tramo que importa abarca casi 300 millas, «un poco menos», desde la bahía donde desemboca —la que «va a ser en el futuro Nueva York y por ahora es Nueva Ámsterdam»— hasta Albany, donde termina la navegación. Y el río se deja leer en tres franjas que se explican una a la otra:

Abajo, el estuario que llaman Ríos Ahogados, en la zona de Nueva Ámsterdam: agua salada, régimen marítimo, puerto y capital comercial.

En el medio, el río ancho entre montañas, con el puente sin arcos y los cruces de balsa y canoa. El tránsito ahí es lento, y por eso mismo viable el pirateo: los bandidos existen porque el comercio tiene que pasar por ahí y no puede desviarse.

Arriba, hacia Albany, el tramo remontable con sus cascadas rápidas y sus vallas rocosas, y un puente que marca «el último puente», el límite del paso difícil. Más allá, el río deja de ser carretera. Cruzarlo es quedar «ya en el otro parte del territorio del continente».

Del comercio, que es su razón de ser

El Hudson es «uno de los pocos que es remontable»: no solo se lo navega hacia el sur, sino también aguas arriba, hasta Albany. Esa virtud lo convierte en la vía de penetración al interior y en «todo el comercio del Río» — y es la razón de ser de Manhattan. Sin ella, esta región sería costa y nada más: del río dependen el comercio, la existencia de Manhattan como puerto, y la ubicación misma de los asentamientos.

En estos años del Señor de 1666 se lo cruza con balsas o canoas; los puentes son excepción. Sobre el agua operan bandidos y piratas que asaltan a quien pasa por el Hudson y perjudican a la gente de Acadia. La lengua franca de la ribera es el inglés y el holandés; saberlos, y no el español, es señal de no haberse encontrado con españoles en el camino — ausencia que el viajero prudente anotará.

De los pueblos que se apartan

Cosa notable: los pueblos pequeños no se sientan sobre la orilla, sino tierra adentro, a 10 o 20 millas del cauce. Red Larch queda a «unos 20 millas fácil». Los registros dan el patrón pero callan la causa, y este cronista no la va a suplir de su cosecha. Los Algonquinos eran una tribu que vivía en las márgenes; el tiempo del verbo es el que consta, y de él no se deduzca más de lo que dice.

Advertencias del cronista

Quede asentado lo que el archivo no resuelve. Del puente sin arcos no se sabe materia, sostén ni lugar exacto, más allá de que cruza la parte más ancha; y no se ha fijado si ese puente y «el último puente» del tramo montañoso son uno mismo o dos distintos — que el que pase por ambos lo escriba. De los bandidos y piratas, las voces llegan confusas: no queda claro si son una banda o dos, ni dónde guarecen. Nadie ha dicho quién controla el tráfico fluvial ni qué se paga por cruzar o navegar — silencio raro para un río que es todo comercio. Y las cascadas rápidas y vallas rocosas del tramo alto carecen aún de nombre y de coordenada. El que remonte, pregunte; el que vuelva, cuente.

Véase además: Manhattan · Red Larch


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.