Manhattan

Relación de la isla de Manhattan, en Nueva York, tal como la halla el viajero que arriba por mar en el año de 1666, siendo la isla posesión holandesa todavía; asentada por un cronista de la Corona del Norte para gobierno de navegantes y de quienes tengan otros designios sobre ella.

Del nombre y de la forma

Los lenape la llamaron isla de «las muchas colinas arboladas», y ese fue su retrato exacto hasta que llegó el ladrillo. Hoy el nombre dice lo que la isla ya no es. Se la colonizó «por la puntita Sur», desde 1609, y ese sur se transformó primero: «el sur de Manhattan ya no es un acceso directo, es son los ladrillos, las casas de ladrillos». El avance europeo se mide en material — donde hubo acceso natural, hay muro cocido. Sobre esa punta se levanta Nueva Ámsterdam, y a nivel de suelo corren «las calles del viejo Manhattan», donde ocurren cosas de importancia.

Quien lea la isla de sur a norte leerá una línea de tiempo: en la punta, el ladrillo compacto que clausuró la costa; hacia el centro, en lo que será Central Park, un solo resto del régimen anterior — «la morada, ni más ni menos que una choza de un indio, el último, el último de los Manhattan», una choza semiesférica, único techo indígena que sobrevive en toda la isla. Un pueblo entero, reducido a un punto en el mapa.

Y en algún lugar del perfil de la ciudad se alzan «torres fantasmáticas», que inquietan al guardián del lugar. Este cronista las consigna sin poder decir de qué están hechas ni para qué sirven; no encajan en la lógica del ladrillo, y ahí quedan.

Del puerto

La isla existe porque existe su puerto. En el agua, barcos «ya estacionando ahí»; en tierra, «un tráfico importante que se daba la isla de Manhattan», vinculado al Holandés Errante — que un navío de esa fama tuviera aquí su comercio dice más del puerto que cualquier arancel. Manhattan es «un asentamiento importante al norte» y «ubicación clave de la región»: quien tiene la isla tiene el tráfico marítimo, y quien quiere el tráfico plantea campaña, porque existe el propósito declarado de «tomar Manhattan».

De la compra

La posesión holandesa no se funda en conquista sino en transacción: el sur de la isla se pagó a los lenape en 60 guineas, y el comprador nombrado es «el primer Peter». Pero aquí el archivo guarda dos versiones que este cronista no ha de resolver por su cuenta. Una escuela sostiene la compra lisa y llana, con su precio y su comprador; la otra dice que «Manhattan no se le compraron a los indios, o sea, hubo, hubo tratos importantes» — que lo que hubo fue trato, no venta, y que llamar compra a un trato es ya tomar partido. Ambas letras quedan asentadas; el lector juzgue qué vale un título de propiedad escrito sobre esa disputa.

El guardián del lugar tiene visiones de esa fundación — los barcos, la compra, la reducción de los indígenas — como si la isla le mostrara su propio origen a quien la vela.

De lo que se decide en ella

Manhattan es a la vez puerto, plaza colonial y objetivo militar. Y aloja una paradoja: en su suelo se ha construido «una embajada de posibilidad de resistencia» — la ciudad hospeda al mismo tiempo el poder holandés y una sede de lo que se le opone. Por eso esta isla es el lugar donde se decide si la posesión holandesa continúa. Se le atribuye además el «estar en guerra con los Andes», tensión que los registros nombran sin explicar.

Advertencias del cronista

Quien use esta relación sepa lo que no contiene. De las torres fantasmáticas no hay materia, altura, número ni razón de la inquietud que causan. De los Andes no se sabe si son región o potencia, ni si la guerra es de pólvora o de despachos. Del último de los Manhattan no consta más que su choza; de la embajada de resistencia, ni constructor, ni adversario, ni ubicación en la isla; del guardián, ni nombre ni objeto exacto de su custodia. Del puerto faltan las cuentas: cuántos barcos, qué se trafica, quién cobra. Ni medidas de la isla ni trazado de sus calles ofrece el archivo, y tampoco aclara si la compra que el guardián ve en visión es historia reciente o pasado ya legendario. El que desembarque, pregunte en el muelle; el que escriba después de mí, complete.

Véase además: Nueva Ámsterdam · El Holandés Errante


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.