Plataformas Zodiacales

Quien pretenda trazar este mapa sepa que dibuja doce nudos sobre un mundo que se cierra. No es carta de viaje: es carta de cerco.

Doce casas sobre la tierra

Doce son, ni una más: doce casas del zodíaco, doce plataformas repartidas sobre la geografía de ANTITERRA, ancladas a ciudades y regiones como clavos en un cuero tendido. Virgo es Londres. Tauro es Roma o Luisiana —los itinerarios discrepan, y este cronista deja ambas marcas en el pergamino—. Roma «es una de las plataformas y es cerca». Aries tiene un guardián en México y otro en el norte. Entre ellas corre el eje: se puede pasar «de las iniciales de Scorpio al eje de Sagitario» y volver a acercarse a Tauro, como quien recorre las estaciones de una rueda que abarca el mundo entero.

Y no son obra reciente. «Las plataformas ya existen y siempre existieron»; lo que no existía eran los guardianes invocados. Fueron colocadas como salvaguardas por Herede(th) y (To)gras —así reconstruyo sus nombres, con la cautela que se verá abajo— mediante el arte de la magia dual.

Lo que el ojo ve

Lo visible de una plataforma es piedra grabada: «hay todo grabado», «unas runas clavadas fuertes e intensas» en la piedra. En las cavernas se ha visto una plataforma suspendida por cadenas que cuelgan. Se mueven, y se mueven de forma controlada: «se está moviendo, se está moviendo hacia aquí». Se abren y se cierran, y el cierre —nótese la paradoja, digna de los mejores tratados— se describe como «apertura hacia adentro».

En cada una viven habitantes. Y cada una puede enfermar: «está contaminada esta plataforma, hay que encontrar la fuente de esos demonios y limpiarla». Si sus dos guardianes se destruyen mutuamente, «se destruye la plataforma y todos los que viven ahí, o sea es una [he]catombe». El mapa que dibujo es, también, un censo de poblaciones en riesgo.

El Juego

El sistema entero se llama el Juego de las Plataformas, y su lógica es la oposición entre lo errante y lo estructurado: «los sellos son los planetas, plataformas son el zodíaco; pero la combinación de ambas cosas es la ley y el caos, lo que se mueve, lo que es errante —los planetas— y lo que es estructurado». Los sellos, liberados en los polvorines de París, desatan las contingencias; las plataformas, fijas, las contienen.

La primera etapa consiste en «cerrar la primera etapa del juego al invocar a todos los guardianes de las plataformas». Cada plataforma tiene dos guardianes, uno malévolo y uno benevolente, y se cierra invocando uno de ellos. Cada plataforma lleva además dos hostias: «se ponen dos por plataforma, son 12 casas, 24 hostias». La aritmética es obstinadamente binaria sobre un esqueleto de doce.

Cada plataforma se abre cada mes; el ciclo completo dura un año, y la estructura temporal repite la espacial: doce casas, doce meses. Pero el tiempo corre de manera independiente en cada casa: volver a la última no quiere decir «que no pasó el tiempo para las otras». Se pueden saltear casas: estando en Leo, habiendo invocado al guardián de Aries, se pasa a Libra. El fin del juego es llegar a la gema. Y hay una norma de cierre que el archivo registra sin explicar: el ciclo debe cerrarse sin Jock Sotón adentro del ciclo.

Al presente hay once cerradas y falta la última —de la cual un guardián ya fue invocado, el otro no—. De las doce incógnitas, dos ya se conocen: «serán la brújula y el mapa para descifrar todas las demás». Un mapa que contiene su propia brújula y su propio mapa: los geómetras antiguos habrían sonreído.

La ley de cada casa

Cada plataforma impone la ley de su signo, y en cada una se fracasa según esa ley. Aries es el inicio de todo el juego, el principio de «la violencia sin dirección», «el impulso sin sentido»: allí se fracasa si uno reacciona violentamente siempre — «tiene que controlar las emociones; el que osa sin prudencia termina siendo víctima de una ira loca y desenfrenada». Leo es el macho alfa, quién es el más poderoso, y allí las cosas «se pelean en las sutilezas, en las cosas locales». Tauro es la riqueza y la fertilidad. Pisces es «el mundo de los sueños, los subacuáticos, la mitología, pero también la confusión, y la disolución, el liquificamiento».

De los signos restantes se registran los nombres de Libra, Scorpio y Sagitario en los itinerarios; de sus leyes, nada ha llegado a este escritorio.

El precio del escudo

Que nadie tome esto por curiosidad astrológica: «los únicos eventos de defensa tienen que ver con las plataformas, que son como si fueran salvaguardas». Contra la potencia llamada Jaxotot, las plataformas son el escudo: «si las plataformas se cierran, puede no entrar».

Pero todo cerco encierra en ambas direcciones. «Cuando se completan… nadie puede salir, ese es el problema.» El mundo protegido es el mundo incomunicado; la muralla perfecta es también la cárcel perfecta. Ésa es la melancolía de este mapa, y quien lo consulte hará bien en sentirla.

El Juego está en curso ahora mismo — «es como te subís al barco que está andando, el barco ya está sucediendo»—, y quienes juegan intentan «adelantarse al final del juego de las plataformas», actuando como actores en lugar de peones. A la Princesa Kimchi le fue hecha una promesa que el archivo conserva: «la plataforma volverá a buscarte» — en cien años.

Disputas de las escuelas

Tres querellas dividen a los cronistas, y ninguna está resuelta:

La duración. Una tradición fija «cada plataforma se va a abrir cada mes, va a ser un año… es un año»; otra afirma «en 100 años, princesa Kimchi». Acaso el año sea la partida y el siglo el intervalo entre partidas; acaso sean dos doctrinas incompatibles. No lo decido.

El estado. Se registra «acaban de cerrarse las plataformas» y «las plataformas ya están cerradas»; pero también que hay once cerradas y falta la última, y que «el juego recién empieza, están en la primera etapa». O son ciclos distintos, o testimonios de momentos distintos: el orden no se establece.

El inicio. El Juego «ha comenzado» en París en 1717; pero también se lo declara instalado en 1784 A.D.A. Quizás una fecha sea el comienzo y la otra la consolidación. Las dejo ambas, como se dejan dos piedras miliares que no coinciden.

Advertencias del cronista

Lo que este mapa no puede mostrar, lo confieso: no sé qué signos ocupan las siete plataformas no nombradas. No sé cuáles de las doce son «la brújula» y «el mapa», ni qué significa esa función. No sé qué es la gema, dónde está, ni qué obtiene quien llega a ella. No sé cómo se destraba el encierro una vez completado el cerco, ni si hay salida prevista — y ésta es, de todas mis ignorancias, la más grave. No sé siquiera qué es, en última instancia, una plataforma: hay testimonios que la describen como piedra transitable con habitantes, otros como eje por el que se corre, otros como poder heredado por linajes — «mantienen todavía el poder de la plataforma de Tauro… son peligrosísimos». No sé qué son exactamente las hostias ni cómo se colocan. Los nombres de Herede(th) y (To)gras los reconstruyo por contexto a partir de «el secreto de la magia dual de Grast», y podrían estar mal escritos. No sé si la plataforma suspendida por cadenas en las cavernas, ni la plataforma de madera —la carroza del mensajero, de otra escala—, pertenecen al sistema zodiacal o son meros homónimos. Y no sé qué origina la contaminación demoníaca de una casa, ni cómo se la limpia, más allá de la orden de encontrar la fuente.

Un mapa honesto marca sus blancos. Éstos son los míos.

Véase además: ANTITERRA · Guardianes · Magia dual · Londres


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.