Mississippi

«En Mississippi no perdonan; realmente es un lugar de malditos.» — advertencia recogida entre los que remontan el río

Carta de aguas para el viajero que baja al sur del continente. Hay uno solo y es enorme —«es uno de los más largos del mundo»—, y quien pretenda entrar en Luisiana no tiene otra puerta: se entra «a remontar un río que nunca han oído hablar, que se llama Mississippi». Este cronista lo consigna como lo que es: la vía maestra del mundo bajo, y a la vez un cauce con fama de abismo.

El agua y el fango

«Es ancho el Mississippi», y sus aguas son «medio barrozas»: turbias, cargadas. En el cauce «recoge un barro, un lega, una baza» —limo que arrastra y deposita—, y ese sedimento no se queda en la orilla: el «fango de Mississippi está en todos lados», es la materia de la región entera, que sigue empantanada. Río abajo el cauce se abre en deltas, y «todos los deltas son nidos de sabandijas».

La ribera, al menos en el punto que este cronista pudo registrar, es una franja angosta de unos veinte metros —«no es mucho, son 20 metros»— con rocas y árboles: lo poco firme que queda entre el agua y el pantano. Por eso sirve de sitio de descanso en marcha —«vamos a descansar acá en las orillas del Mississippi»— y por eso mismo es paso obligado y expuesto. A las cuatro de la tarde, hora de la siesta, la orilla da «el calor, la sombra, el calor oscuro».

El curso

Nace «bien ahí al norte», en el norte de Ohio, y se lo alcanza bajando por la zona de los Grandes Lagos, ruta por la que algunos europeos lo descubrieron. Corre hasta el Golfo de México: «en Mississippi es todo esto; vienen desde el río arriba y acá terminan». Los itinerarios, sin embargo, discrepan: el mismo relato que lo hace nacer en Ohio afirma que llega hasta la zona de Appalachia, y nadie ha trazado el curso completo que concilie ambas cosas. El viajero prudente tome nota de la disputa y no jure por ningún mapa.

En su marcha el río corta el territorio y «sirve como límite natural entre varios estados» de Luisiana: cruzarlo es cambiar de jurisdicción. Quien quiera bordear Texas por el norte, por caso, debe pasar al estado de Arkansas, cruzando la línea del río. Quien viene del sur lo conoce; Edmund lo conoció.

El vapor de paletas

Sobre el agua andan los barcos «que tienen como unas paletas detrás, y vapor». La Reina de Mississippi es uno de ellos, con enormes paletas en la parte trasera. El agua barrosa y poco profunda es la que impone ese barco de calado bajo y paletas traseras; río, fango y vapor forman un solo sistema. Se viaja tomando pasaje —«tomar un vapor que lo lleve por el Mississippi»— o en barcaza de recreo: desde Glastonville salen las de paseo que llegan hasta el río.

Por esta vía baja el comercio del norte y llegan los ricachones a Baton Rouge: «los barcos vienen acá». Baton Rouge está sobre su curso, y tanto el Mississippi como un afluente «se ha ganado este territorio» a la ciudad: tierra ganada por el río, que sigue empantanada.

Peso y reputación

Sin el Mississippi no hay entrada a Luisiana, no hay comercio del norte y no hay riqueza en Baton Rouge. Organiza la geografía política, porque fija los límites entre estados, y la física, porque avanza sobre el territorio y lo deja pantanoso. Sobre esa geografía —un corredor único, sin salida lateral— se apoya su fama moral: un lugar donde no se perdona.

Y hay quien lo emparenta con aguas más viejas y más hondas: «el abismo de Mississippi… es una especie de leto, estigia» — los ríos del infierno, nombrados con los nombres antiguos. Si eso es un cruce verdadero entre la geografía material y los planos de abajo, o especulación de alguien que razonaba sobre la naturaleza de los demonios, el archivo no lo establece. Este cronista lo deja anotado y no lo firma.

Advertencias del cronista

No he podido fijar dónde queda exactamente el tramo de ribera de veinte metros con rocas y árboles, ni si ese ancho es típico del río o excepcional. Tampoco qué son, en concreto, las «sabandijas» que anidan en los deltas, ni el precio o la frecuencia del pasaje en vapor, ni quién opera la Reina de Mississippi. Las palabras «lega» y «baza», recogidas de boca de las voces del archivo, pueden nombrar materiales distintos del barro o ser tropiezos del oído: no lo sé. Y queda sin explicar lo más grave: de dónde viene la fama de «lugar de malditos», y quiénes son, con nombre y cara, los que «no perdonan». El que baje por el río, que pregunte — y que no espere respuesta amable.

Véase además: Baton Rouge · Glastonville · Ohio · Golfo de México


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.