
Bahía
«Mi nombre es Bahía, vengo del Missisipi.» — así se presentó ella misma al entrar, y no hizo falta más carta de recomendación
Una sola mujer, y llena el registro como llenan otros una compañía entera. Mulata liberta venida del Mississippi, danzarina derviche de la cimitarra, integrante del círculo revolucionario. Al cruzar el umbral, «realmente se siente en casa» — y este cronista, que no sabe medir esa comodidad ni explicarla, la anota tal como la vio.
La figura
Muy alta —«una noventa tiene»—, «una mujer de piernas muy largas» y brazos también «un poquito más largos», orejas «un poquito alargadas». La piel mulata es «como un crisol de rayas»: las rayas son su marca, y nadie ha dicho de dónde vienen. «La boca gigante, los dientes bien blancos, las manos muy grandes». Sobre la cabeza, turbante —«no turbante para arriba»— atado al modo de «esos filmes caribeños», rojo, decorado con dibujos de frutas. Completan la figura una cimitarra al cinto —«una cintarra armada»—, aretes y un amuleto del que nada más se sabe.
Los dos retratos
Los testigos no se ponen de acuerdo sobre su ropa, y este cronista consigna ambas escuelas sin fallar entre ellas. Una la vio con «un vestido, bien como de negra esclava», decorado con motivos de frutas y semillas hechos de maderitas, no de jade. La otra la vio con pantalones y saco, más «una chaqueta que parece medio como china, que cuando se mueve tiene como unas plaquetas debajo» — placas metálicas de refuerzo cosidas al forro, única defensa que la acompaña. Si son atuendos alternos, momentos distintos o memorias infieles, el archivo calla. De dónde le viene el corte chino de esa chaqueta, también.
El hierro declarado
En los brazos lleva hierro, y también aquí las versiones se bifurcan: «sus cadenas rotas… dos pedacitos de cadena que ella rompió», dice una; «dos brazaletes de hierro… esos brazaletes nunca tienen cadena», dice la otra. En ambas el hierro es hierro pesado y cumple el mismo oficio: emblema visible, no escondido, de que fue esclava y ahora es libre. Bahía no borra de dónde viene; lo exhibe. El material de la cadena, conservado y roto, convertido en insignia — y el mundo debe leerlo como declaración cada vez que ella aparece.
Todo lo que lleva encima dice lo mismo por medios distintos. Las frutas y semillas —en el turbante, en los motivos del vestido, de maderita y no de jade— son abundancia pobre, cosecha y no joya: el ornamento de quien trabajó la tierra y ahora la usa como adorno propio. El hierro es lo contrario, y entre lo vegetal y lo férreo se arma una sola figura: la de la liberta que no olvida ni pide que olviden.
El baile del filo
Pelea bailando. La cimitarra que empuña no es hoja común: es arma encantada de propiedad rarísima, de esas que un reino entero puede no conocer dos veces. En sus manos corta y perfora en el mismo movimiento, y cuando el golpe cae perfecto, la hoja decapita. Combatiente de filo puro, sin más defensa que las plaquetas de la chaqueta y las piernas largas: capaz de resolver un encuentro entero de un solo tajo, desproporcionadamente decisiva respecto de su número, que es uno.
La lista
Fuera del filo, aporta agenda: «preparó una lista de diablos y males para ser limpios del mundo», y el círculo revolucionario la recibió con aprobación. No es comparsa: su lista organiza objetivos para el grupo entero, entre gentes que se saludan sin conocerse todavía — «Bahía, quizá tú no me conoces». Una recién llegada del Mississippi que trae hecho el programa de los que quieren limpiar el mundo.
Sangre
Tiene una hermana, Andura, también mulata. Qué relación guarda Andura con el círculo, y si estuvo presente, el archivo no lo dice.
Advertencias del cronista
Quede dicho lo que este registro no sabe. Quién la esclavizó y cómo rompió las cadenas: el símbolo está fijado, el hecho que lo originó no. Qué enumera exactamente la lista de diablos y males: se la elogia, no se la copia. Qué es el amuleto que lleva y qué hace. Qué son las rayas de su piel —pigmento, marca, cicatriz—: el mundo las señala como distintivas y no da su origen. Y la pregunta que este cronista deja abierta con más incomodidad: dónde queda ese Mississippi del que viene, y por qué, al llegar aquí, «realmente se siente en casa». Como si la casa la hubiera estado esperando.
Véase además: Mississippi
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.