Congreso
«El 4 de julio está llamado el Congreso Continental, que es el que va a decidir sobre la Constitución. Washington va a ir.» — voz recogida en los caminos de las colonias
Que sepa el lector de estas provincias que la palabra Congreso nombra en el mundo dos asambleas que nada parecen compartir salvo el vocablo: la de los hombres, que se junta para fundar una nación, y la de los gigantes, que se junta para robar huevos de dragón. Este cronista las asienta juntas porque juntas llegan en los registros, y las separa porque la prudencia lo manda.
El único cuerpo de las colonias
El Congreso Continental es el único cuerpo político de las colonias americanas — «tanto legislativo, como ejecutivo, y en algún sentido judicial». No admite competencia ni vía paralela: todo asunto de gobierno pasa por él, y todo el juego político que estas tierras ofrecen está formulado como juego político de Congreso. Si el Congreso no se inicia, no hay Constitución, no hay designación de guardián, y las colonias quedan sin órgano que legisle, ejecute ni juzgue.
Su acumulación de funciones es su servidumbre: como no existe otro cuerpo al que derivar nada, en la misma sala deben zanjarse de una vez los asuntos de un Estado recién nacido — constitución, presidencia, emblema, guardián.
Sede, fecha y presencia
El cuerpo delibera cuando se juntan tres piezas, y falta cualquiera y no delibera:
- Una sede. «Está en Filadelfia» («Philadelphia»), donde Washington conduce «el congreso que va a ser… la constitución del país».
- Una fecha. «El 4 de julio está llamado el Congreso Continental.»
- Una presencia. «Dentro de 20 días sería el momento de que Washington llega y se haría una votación dentro del Congreso.» La votación no se cuenta desde fecha fija sino desde la llegada del hombre: sin Washington, no hay urna.
Por eso consta que «todavía no se inició el congreso»: el cuerpo existe convocado, pero aún no reunido.
Sus actos
De sus obras el registro conoce dos clases. Las constituyentes: fundar la nación — «somos un primer state of the union, hay un presidente» —, dar constitución a los Estados Libres de América Unidos. Y las designatorias y emblemáticas: «el congreso estadounidense elige el águila de cabeza blanca como emblema nacional», hecho fijado en el año 1792, dos años antes de la llegada de la compañía a Antigua.
El procedimiento operativo es la votación, y su objeto registrado es la elección de guardián — cargo que el material nombra pero jamás define, como se dirá abajo.
Hamilton participó de sus sesiones, o de alguna sesión anterior: «estuvimos juntos en el congreso de Filadelfia», dejó dicho.
El otro congreso: el de los gigantes
En otra región del mundo, distinta y no localizada, marcada en los mapas como paraje peligroso de tránsito, los gigantes celebran su propio congreso. Es reunión al aire libre donde «se reúnen y capturan huevos de dragones», y quien pasa cerca recibe la andanada: «les empiezan a tirar rocas y balistas». Rocas arrojadas a mano y balistas — armamento de asedio a escala de gigante, empleado contra lo que sobrevuela o transita su perímetro.
Comparte la palabra, no el sistema. Nada en los registros permite afirmar vínculo alguno entre ambas asambleas, y este cronista los trata como homónimos hasta que un hecho los una.
Advertencias del cronista
Anote el lector lo que el archivo no resuelve. Los itinerarios discrepan en la sede: unos ponen el Congreso en Filadelfia, otros sitúan el juego político de Congreso en Nueva York — ¿se traslada el cuerpo, hay dos sesiones, o erró la pluma de algún escribiente? Discrepan también los calendarios: si el águila se designó en 1792 y eso fue dos años antes de Antigua, la compañía llega en 1794; pero otra glosa sitúa la acción en 1784, y el año presente del mundo queda en disputa de escuelas. Tampoco se sabe qué es un guardián ni de qué guarda; ni quiénes componen el cuerpo — no hay número de delegados, ni representación por colonia, ni regla de mayoría, ni quién preside —; ni cómo es la sala donde tanto ha de decidirse. Y si «todavía no se inició el congreso» pero Hamilton estuvo ya en «el congreso de Filadelfia», habrá que admitir dos sesiones — una pasada, una por abrirse — o confesar que no lo sabemos. Del congreso de gigantes, en fin, se ignora dónde queda, con qué frecuencia se reúne, y qué hacen esos colosos con los huevos que capturan. El que sepa, escriba; este cronista no inventa.
Véase además: Washington · Nueva York · Guardianes · Antigua
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.