Dagón es mi padre y la Hidra mi madre; yo no hago más que lo que el fondo me manda.


El pescador de la cofradía

Mordecai es uno de los hombres de a pie de la cofradía batracia que medra bajo las islas: pescador de oficio y cultista de la Orden Esotérica de Dagón por devoción. Su estampa lo delata como criatura de los márgenes del Atlántico Sur, mitad isleño mitad cosa más vieja: lleva falda escocesa y una zunga roja, y empuña un martillo como arma de mano, mientras un compañero de cuadrilla lo cubre con una escopeta. En el cuerpo carga la marca que lo ata a la peor de las dos guerras que se libran sobre la turba: un tatuaje de esvástica que lo declara neonazi, seña de cómo los fanatismos terrenales de la época —los del continente, los de la logia— se enredan con el culto al abismo hasta volverse una sola lealtad sucia.


La confesión en la celda

El grupo que el Operativo Cóndor arrastró hasta el descenso lo embosca y lo captura en la mazmorra de la cofradía, la misma celda subterránea donde la Orden guarda a la vieja del Pupe como rehén y de la que sale también el hijo híbrido. Reducido y sin escapatoria, Mordecai confiesa, y su confesión es la que destapa el doble fondo de toda la trama: no actúa por cuenta propia ni por puro fervor abisal, sino contratado. Quien lo paga es una logia de derecha de Buenos Aires —se la nombra “Desarrollo de BA”—, una mano que opera desde el continente y mueve a la cofradía como brazo armado. El encargo es doble y terrenal: alejar a los Echegoyen del faro y secuestrar a la abuela Echegoyen para arrancarle un rescate a la familia. Con esa boca abierta queda claro que el secuestro de la matriarca no era capricho de monstruos del fondo sino una operación encargada, donde la codicia política de la superficie y la hambre cósmica del abismo tiran de la misma cuerda.

A la vez, Mordecai no reniega de sus amos verdaderos. Invoca a Dagón y a la Hidra como sus “padres” y sus “órdenes”, las potencias batracias a las que la cofradía rinde culto bajo el nombre de Cthulhu: confirma así, de su propia boca, que la logia porteña que lo contrató y la estirpe que sueña en el fondo del mar son, a esa altura del descenso, la misma trama vista desde dos pisos.


Notas

El registro físico de la gesta —el cuaderno 99— guarda a este cultista bajo el nombre de Mordecai, sin más filiación que su oficio de pescador y su pertenencia a la Orden. Su captura y su confesión son una de las bisagras de la gesta malvinense: el instante en que la conspiración deja de ser sólo batracia y se revela también humana, política y porteña, con la cofradía del abismo trabajando por encargo de una logia del continente.


Vínculos

  • Orden_Esoterica_de_Dagon — la cofradía de Dagón y la Hidra a la que pertenece, culto a Cthulhu bajo las olas
  • Abuela_Echegoyen — la rehén que su cuadrilla secuestró por encargo, presa en la misma mazmorra
  • El_hijo_hibrido — la otra cría de esa cofradía y ese descenso
  • Operativo_Condor — el descenso que arrastró al grupo que lo embosca y lo captura
  • Nyarlathotep — Cthulhu, la potencia del fondo ante la que se postra la Orden