
La Plume
Lo primero que entra por la puerta no es el hombre: es el sombrero. De ala ancha, «bastante extravagante», coronado por una pluma «flamboyante, de colores bizarros», «muy extravagante, que va a ocupar mucho espacio cuando se pone sobre su cabeza». Después entra él: espadachín maestro, marinero de profesión y poeta, llamado «la pluma», conocido también por el alias Perfume, y titulado «la Pluma de los Libertadores de las Américas». Este cronista lo consigna como se consigna un vendaval: por sus efectos.
Retrato
Hombre de edad madura —«pasando los 35 años, los 40 años»—, de bigote «finito, finito, finito, finito», «un fino bigote», y pelo hasta los hombros, «medio engominado para atrás», que solo se ve cuando se quita el sombrero. Su voz «es profunda»: «se escucha como las olas del océano». De ojos color miel, «pero en los entornos naturales parecería que se adaptan un poco al agua azul, al pasto verde». Emana una esencia, una fragancia «que también como que electriza, ¿viste? Como rápido».
Viste guantes, remera, y un capote pesado «armado también con ciertos brillos de cierta manufactura ética», que deja colgado cuando entra a sentarse a escribir poesía. Por calzado, unas sandalias «como plumitas rosas», «de feathers, rositas». Sobre el cuerpo, una armadura élfica antigua —las versiones disputan si «de mitril» o «hecha de nitrila, élfico, antiguo»—, y ceñida a ella una bandolera de diferentes cartuchos con pistola. Trae encima una pincha reciente, de hace un mes, y un pequeño bolsito de viaje con varios ítems que ningún registro logró inventariar.
Los cronistas tampoco acuerdan el color del cabello: una voz lo dice negro, otra carmesí. Ambas quedan escritas; ninguna se impone.
El arsenal de varias vidas
Va armado con rapier y látigo, «de costados y enfundados»; con un cuchillo cerca del pecho; con una katana tremenda, súper ornamentada, llevada más arriba que el rapier —«la katana también viene más abierta acá y un rapier abajo»—; con la pistola Satoshi, que estuvo guardada en uno de los cofres de la expedición; y se apoya en una vara de roble, alta, un staff. Bajo el saco lleva además una chainsaw de mitril que también brilla — qué es exactamente esa pieza, el archivo lo duda tanto como este cronista.
No es un arsenal de escuela: es una acumulación de vidas —el marinero, el espadachín, el revolucionario, el caído amnésico—, y por eso su técnica es heterodoxa: «la katana la usa para pinchar. Es re loco, la usa así». El arma cambió; la mano no. En defensa «retiene con sus espadas», haciendo «como un molinete» contra las armas que se le vienen encima. Se desplaza con «la velocidad de la pluma»: «se mueve como una pluma, ven que se mueve por el aire». Para alumbrar saca del saco una pequeña piedra, la suelta, y la piedra «queda flotando y empieza a dar vueltas alrededor de su cabeza, con una pequeña luz». Su ultimátum en el fragor tiene fórmula fija: «rendite o se[é] dueño de tu propio destino».
De su temple dicen las voces del archivo: fuerte para la media humana, muy ágil, y sobre todo resiliente; «muy carismático, fanfarrón, pícaro, amante de los juegos y desafíos, músico, marinero de profesión, diplomata de emergencia, defensor de minorías oprimidas siempre, berserker en la batalla». Entró en batalla hombro a hombro con Steve, el barquero, Olafion, Gideon, Magda, Casemiro, Priscina y las ranas.
La lógica de la pluma
Todo en él obedece a un solo emblema: el nombre, el apodo, la pluma del sombrero, las sandalias de plumitas rosas, la velocidad «de pluma», la pluma con que escribe poesía. Él mismo lo reconoció en escena: «Sabés que a mí me llaman la pluma. Ahora veo cuál es el sentido de ese nombre. Que es la pluma blanca». Qué sea esa pluma blanca, de dónde venga y para qué sirva, es cosa que él vio y que el archivo no.
La espada que habla
Su katana lleva un espíritu femenino que habla al desenvainarla: «vamos, ahora somos juntos uno, como siempre quise». Ese espíritu es Tel, la jovencita con quien hizo un pacto de pequeño y que «ahora [es] su espada». En la hoja hay una inscripción grabada: «Does the eagle know what it is in the field? Or will you go as a man?».
Pero hay otra versión, y este cronista la anota sin blanquearla: una descripción distinta lo llama a él mismo «un fantasma que habita la espada… ella también está un poco en existencia, tipo yendo y viniendo de la realidad». Dos escuelas, pues, sobre quién habita la hoja: la que dice Tel, y la que dice La Plume. Ambas registradas; ninguna resuelta.
El último símbolo y la Bastilla
Su peso en la historia se mide en una sola entrega. De los siete símbolos apocalípticos, «el que la pluma entregó fue el último que se entrega, y se lo entrega a un revolucionario» — acción fechada 68 años atrás. Y esa entrega fue la bisagra de su propia vida: «fue cuando cayó preso». El registro lo sitúa cautivo en La Bastilla, correlacionado con la entrega del símbolo.
El símbolo no se agota ahí: queda comprometido a su sangre. «A mi hijo Lafayette se lo daré cuando crezca». Repartió el último símbolo, engendró al heredero del símbolo, y su cautiverio marca una era: el mundo se mueve cuando él se mueve.
Itinerarios
Se lo vio integrado a la expedición, alojado en el Hotel Astra, de donde «agarra unas cosas y se va», solo y sin despedirse de sus compañeros. Se lo vio operar en Nueva York, repartiendo monedas y despachando cartas al sistema postal. Cómo se ordenan estos tramos con el cautiverio, se dirá más abajo: mal.
Lo que dicen los himnos
En el registro mitológico se lo declara caído amnésico que «pasó por grandes etapas» y hoy «se considera el despertar de una fuerza cósmica mayor», capaz de «levantar un nuevo plano de existencia y clonar su cuerpo, crear vida y curar un alma perdida». Entre el hombre del sombrero que pincha con la katana y la fuerza cósmica que levanta planos, el archivo no tiende puente. Quizás no haga falta: quizás sean la misma pluma, vista desde el suelo y desde el aire.
Advertencias del cronista
Que el lector no me pida lo que las voces no dieron. Del bolsito de viaje no hay inventario que valga: el registro está tan estragado que solo quedan palabras sueltas, y no las repetiré como si fueran cosas. De la «pincha reciente» no sé decir si es herida, marca, tatuaje o insignia, ni quién la causó. La armadura es de mitril o de nitrila; el pelo, negro o carmesí; la hoja la habita Tel o la habita él mismo — tres disputas que dejo abiertas, porque cerrarlas sería inventar. Adónde fue al retirarse del Hotel Astra sin despedirse, nadie lo consigna. Y la más incómoda: el archivo lo mete en la Bastilla y no lo saca, aunque después actúa en Nueva York; entre el caído amnésico, las «grandes etapas», la entrega del símbolo, el cautiverio y sus andanzas presentes, la cronología es un nudo que este cronista prefiere mostrar antes que cortar.
Véase además: Tel · Hotel Astra · La Bastilla
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.