Hotel Astor

«Al Astor. Que ya lo conoces igual. El Astor es el hotel.» — recomendación oída en París, tal como quedó registrada

Quien llegue a París con dinero en el bolsillo y valores que no conviene mostrar, sepa que la ciudad tiene un solo destino para él: «se fueron a un hotel lujoso, el Astor». No está en la zona central —el Hôtel Dubil «está más en la zona central», el Astor no—, pero desde sus ventanas se ve «a lo lejos» el Louvre, el palacio, y los jardines «tampoco están tan lejos». Se llega por recomendación, nunca por azar: «vamos a llevar al ASTRA donde nos recomendaron». Y ahí, ya en la ficha, se abre la primera disputa: el habla dice Astor, ciertos papeles dicen Astra, y este cronista consigna ambas formas sin fallar entre ellas.

Las dos plantas

El Astor es un edificio de dos capas, y conviene entenderlas por separado.

La primera es la planta pública: la veranda, donde se toma «un chocolate, un café», y el desayunador grande, «con columnas de mandos» —la expresión queda fijada así, aunque suene a piedra mal copiada—. Ahí la clientela no descansa: se exhibe. La veranda existe porque la clientela del Astor necesita ser vista.

La segunda es la planta privada: el mostrador donde se administran las llaves —«fueron al mostrador y les dieron llaves nuevas»—, las habitaciones en régimen de suites —«Están en suites»— y la caja de seguridad, donde los hoteles de París reciben valores contra recibo. Esa caja con recibo es la condición que hace posible todo lo demás: gracias a ella, un huésped cargado de fortuna puede sentarse a tomar café sin llevar lo suyo encima.

La clientela

Por los salones y la veranda circulan «las cocotes y otras mujeres famosas de París dando vueltas», y también «financieros, presidentes de jurisconsultos y astrólogos judiciales». La cortesana y el financiero comparten el mismo espacio; ahí se conversa, se consulta y se negocia mientras se toma chocolate. Quien busque dinero, ley, poder, pronóstico o trato galante, sabe en qué edificio encontrarlos todos juntos — el Astor concentra las cuatro clases de gente que mueven París, y las sirve en la misma vajilla.

El contrapeso: los Inválidos

París tiene otro hotel, y es el reverso exacto de éste. El Hôtel de los Inválidos, patrocinado por la corona y cercano al Campo de Marte, recibe heridos, detenidos y prisioneros bajo custodia —«estás en el hotel de los invarios custodiado»—, con buen trato y bebida disponible. El Astor es donde se está libre y con dinero; los Inválidos es donde se está custodiado. Entre uno y otro circuló Steve Reyes, que estuvo alojado en los Inválidos y se fugó: «Me está buscando en el hotel de los [Inválidos] del cual me fui».

Los otros hoteles de París

  • Hôtel Dubil — «más en la zona central»; ahí estaban los mosqueteros hace un siglo.
  • Hotel d’Angoulême — residencia parisina de la familia Rohan.

Advertencias del cronista

Que el viajero no tome esta carta por plano. De la fachada del Astor, sus materiales, su altura, su color, el número de suites o el precio de la habitación, los registros callan por completo; sabemos que es hotel de categoría alta, no de acceso general, y nada más de sus muros. El barrio exacto es incógnita: sólo consta que no es la zona central y que el Louvre se ve a lo lejos. Quedan además tres pleitos abiertos que este cronista declara y no resuelve: si el Hôtel Dubil es establecimiento distinto o mero eco corrompido del nombre Astra; si las «columnas de mandos» del desayunador son de mando, de mármol o de un término arquitectónico que el habla estropeó; y si la caja de seguridad es virtud propia del Astor o servicio común de los hoteles de París, pues el testimonio habla en plural. Tampoco se sabe qué hacen exactamente los astrólogos judiciales en la veranda —si atienden consulta ahí o sólo la frecuentan—, ni si entre el Astor y los Inválidos hay trato, derivación de huéspedes o apenas una palabra compartida.

Véase además: Steve Reyes


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