Armagedón

«Voy a luchar contra el mal y hacer la justicia.» — declaración del paladín enmascarado, al salir de su prisión

Hay genealogías que descienden y genealogías que se despeñan. La de Armagedón hace ambas cosas: arriba un ángel desterrado, en el medio un paladín negro que el propio infierno rehusó retener, y abajo, en la oscuridad, una simiente que ningún censo alcanza a cerrar. Este cronista, que ha visto árboles de linaje trazados en oro sobre pergamino, no conoce otro que empiece en el cielo, pase por el abismo y termine contándose por multitudes.

Las tres capas del linaje

En lo alto está Azimar, su padre: ángel desterrado, «un ángel muy horrible». Pero aun esto se dice con voz doble, porque también quedó registrado que el padre era «una especie de demonio», y que el propio hijo «no sabe ni qué era el padre». Las dos versiones constan; ninguna anula a la otra. Que un hombre lleve máscara «porque el padre era una especie de demonio» y a la vez despliegue alas de luz es, quizás, la única síntesis honesta de esa incertidumbre.

En el medio está Armagedón mismo: entidad angelical que el infierno rechazó —quedó dicho que «el infierno lo escupiera»— y devolvió a la superficie. No pertenece a ninguno de los dos lados; es una anomalía en la economía moral del mundo, y las anomalías, como sabe todo el que lee genealogías, son las que mueven la historia.

Abajo está la descendencia. Él mismo declaró «más de 1000 hijos»; los cronistas que hicieron la cuenta —los días del año por los años del vínculo— llegaron a otra cifra, cercana al millón de hijos demonios engendrados abajo, «semillas infernales ahí abajo». Entre el millar y el millón media una disputa de escuelas que este cronista registra sin dirimir.

El dispositivo del ocultamiento

«Una persona está completamente enfundada en un traje»: nunca se le vio el rostro. Mide un metro ochenta, «es muy grande», y su presencia llama mucha atención. Bajo la máscara tiene «el rostro completamente lacerado por algún accidente», y sin nariz; nadie le preguntó jamás qué pasó ahí —«nadie quiso saber qué pasó ahí, y dijo: mejor no sabemos, mejor ponerte la máscara»—, y el silencio de sus compañeros es parte de la crónica tanto como la cicatriz.

De la espalda le salen «dos alas brillantes de luz», que mantiene ocultas bajo una capa violeta; la capa le tapa las alas. Se le enciende un brazo de luz. Lleva traje, cadenas, y porta espada. Nótese la simetría del conjunto: máscara, traje, capa y cadenas forman un solo dispositivo, y cada pieza tapa algo que delataría su origen —el rostro lacerado, las alas de luz. La luz queda debajo de la tela, igual que su naturaleza angélica queda debajo de su linaje demoníaco. Advierto, con todo, que las voces del archivo describen las alas unas veces como rasgo permanente escondido y otras como algo que le sale en escena; el lector elija su exégesis. Si el traje y las cadenas son penitencia, contención de su poder generativo o simple hábito, nadie lo ha dejado escrito.

Las obras

Estuvo preso, y fue liberado por uno de sus compañeros —como quedó dicho a ese mismo compañero: «vos llegaste a conocerlo porque lo liberaste de la prisión». Habiendo hecho buen vínculo con la compañía, pronunció la declaración que abre esta entrada.

En combate se eleva del suelo y vuela, treinta pies hacia arriba, y desde el aire cura a sus aliados y paraliza. Su amparo contra el mal no lo cubre solo a él: se extiende y defiende a otros de la mirada de espanto de las criaturas — es escudo de la compañía antes que espada. Peleó desarmado contra un cornugon y le rompió la boca de una patada. Hubo jornada en que se lo dio por perdido en combate durante unas horas. Y hubo también un gesto que salió mal: al intentar levantar a Sisi, herida, la paralizó; cayó con ella y le causó gran daño. Los santos torpes hacen más historia que los santos prolijos.

La simiente y el yugo

A su esposa demoníaca —la demonia de las cadenas, «la chica de la maca», que hace malabares con cadenas— la conoció en un desvío del camino, el día que murió su tía. De ella dijo: «fue la única mujer que conocí». La unión duró doscientos o trescientos años; los que discutieron la cifra dejaron dicho «250, no lo sabés», y así queda.

Su poder generativo funciona sin control salvo que medie sabiduría: «si no tenías sabiduría embarazabas a una piba, y en el embarazo asesinaba a otra —en un día». De ahí la aritmética que espanta a los contadores.

Su hijo mayor es Conjuror, que viajó con él en el intercambio del libro que permitió la salida del infierno — qué libro era, y con quién se pactó, el registro no lo dice. Otro hijo quedó en la superficie: engendrado con una mujer semi-orca, en una caverna de las tierras del Preste Juan, en Bator.

Itinerario

Su rastro va de la prisión a las estepas —«las tierras de los bandidos, las tierras de los escudos»— y de allí a Bator, tierras del Preste Juan. Un solo umbral quedó sin cruzar: «él no entró jamás al templo». Si fue impedimento, prohibición o decisión propia, es una de las preguntas que este cronista deja abiertas más abajo.

Advertencias del cronista

Quede el lector prevenido de lo que no se sabe, que en esta entrada es casi tan macizo como lo que se sabe. Qué le laceró el rostro, nadie lo preguntó — y ese silencio es del mundo, no del cronista: consérvese. De qué prisión fue liberado, dónde quedaba y por qué estaba preso, los registros callan. El traje se da por mágico, pero sin material, color ni función declarados. Del libro del intercambio no consta ni título ni contraparte. Las cadenas que viste, ¿guardan relación con la esposa que hace malabares con cadenas, o es coincidencia de hierros? Queda además un pasaje suelto: el de un niño de seis meses que «vibra y toma la forma de lo mejor que lo puede hacer sobrevivir» — las voces del archivo lo cuentan como digresión explicativa, sin atarlo expresamente a la descendencia de Armagedón, y así lo dejo. Por último, dónde caen exactamente las estepas de los bandidos y de los escudos respecto de Bator y del Preste Juan, ningún itinerario lo fija. El que quiera seguirle el rastro, que pregunte dos veces.

Véase además: Sisi


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.