Ministerio de Asuntos Crónicos

Anota Paulus Alexandrinus, que ha visto pasar los siglos en un solo sentido y envidia a quienes no: primero fueron los artefactos, después el Estado. El reloj más antiguo —«dicen que es el primer reloj crónico»— se funda hacia 1722; el Ministerio que lo administra, recién en 1889. Ciento sesenta y siete años tardó el poder en darse cuenta de que el tiempo, si cabe en un bolsillo, necesita aduana.

Del permiso

El Ministerio de Asuntos Crónicos gobierna a los viajeros temporales, los artefactos de cronometría y la circulación entre épocas, y persigue a quien viaja sin autorización. Su instrumento es la «tarjeta»: la licencia que habilita a moverse en el tiempo, y cuya ausencia deja al viajero fuera de la ley. Ni siquiera entre los custodios se reparte pareja: de los Guardianes Ucrónicos, guardianes de la temporalidad, se dice que «no es que todos tienen esa tarjeta». La licencia, como toda licencia, vale más por los que excluye.

Los tiempos de la administración se miden en su propia unidad: una respuesta «en tiempo crónico» demora alrededor de una semana. El que espera un permiso para cruzar los siglos aprende primero a esperar a un funcionario.

De los cuerpos y las patrullas

La sanción es física. Los Aeons, patrulla temporal, «tortean» al viajero desautorizado — golpe y tortura, sin acta ni apelación. En París Ucrónica la jerarquía toca un puesto que se nombra en voz baja: el «asesino crónico», dicho también «asesino de la guerra». Y la vigilancia menuda llega hasta las posadas, donde hay «perros crónicos por ahí hasta los gatos están contratados», animales puestos a detectar drogas y actividades sospechosas. Un Estado que contrata gatos ha decidido no dejar rincón sin oreja.

Su alcance no se detiene en un país ni en una época: interviene en zonas como Serbia en el futuro, y allí donde interviene deja dificultades — los compañeros «se vieron implicados» en las que sembró a su paso. No es telón de fondo: es agente del conflicto.

De los relojes

El bien que el Ministerio regula es también su objeto emblemático: los relojes crónicos, artefactos «que no solamente muestran el tiempo sino que de alguna manera también lo pueden manipular». Se conocen al menos dos distintos. El primero, el heredado, fundado hacia 1722, transmitido por los ancestros de Swann por vía de «el padre de Rousseau» — genealogía que este cronista consigna sin poder cerrar. El segundo, el Reloj Crónico de Meteora, está en manos de la compañía y descansa en la Biblioteca de Aby Warburgo; si por depósito, por ocultamiento o por custodia, el archivo no lo dice.

Del contrabando

Contra todo régimen de permisos corre un contrabando. Los cronistas viajaban y «traíamos cosas del futuro»: comercio de tecnología futura traída al presente, exactamente el tráfico que la tarjeta existe para impedir. En ese mismo campo turbio se mueven figuras como Merle Bartok, viajero crónico que se hacía pasar por druida y admitió que era camuflaje; el Hechicero Crónico, conocido por distintos nombres —uno de ellos Teófilo Teododetes—; y códigos de señal como las velas amarillas, que avisan al hechicero que el plan de la Dama de Amarillo tuvo éxito.

De las fes del tiempo

Junto al aparato de Estado, y no adentro de él, corre una capa de fe: el Islam Crónico, doctrina de la ucronía que se profesa o no se profesa —la compañía no la profesa—, y el Cristo Crónico, cuyo símbolo es la clepsidra. Si esa religión del tiempo es rama del Ministerio, aliada suya o cosa enteramente aparte, el archivo no lo establece; el cronista se limita a observar que allí donde un poder mide el tiempo, otro poder lo reza.

Advertencias del cronista

Confieso primero lo que no he visto: del Ministerio mismo no hay sede, ni edificio, ni funcionario con nombre, ni papelería, ni insignia. Todo lo material que se le conoce pertenece a su órbita —relojes, tarjeta, clepsidra, perros—; el centro está vacío como el hueco de un reloj de arena. Segundo: las voces del mundo alternan «el ministerio de asuntos crónicos» y «los ministerios de asuntos crónicos», y las escuelas disputan si es un organismo único con delegaciones o varios ministerios independientes que comparten el nombre; yo consigno ambas lecturas y no elijo. Tercero: se dice «el gobierno del ministerio de asuntos crónicos», se dice que tal potencia «tiene un ministerio de asuntos crónicos», pero de qué Estado depende, en qué país y en qué época tiene su asiento, nadie lo ha escrito. Cuarto: qué sea exactamente la «tarjeta» —objeto, rango, licencia renovable—, quién la emite y con qué criterio, queda abierto; como queda abierto si los Guardianes Ucrónicos son agentes del Ministerio, cuerpo aparte o sus adversarios, y si los Aeons le responden o patrullan el tiempo por cuenta propia. Y quinto: la fecha del primer reloj es dudosa, y la cadena que lo lleva de 1722 a los ancestros de Swann no cierra. Un imperio del tiempo que no puede fechar su propio reloj: quizá esa sea, al final, su definición más exacta.

Véase además: Guardianes Ucrónicos · Merle Bartok · París Ucrónica · Serbia


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.