Merle Bartok
«Mi nombre es Merle, de la familia Bartok.» — fórmula de presentación en corte, tal como la recogen los registros
Así se anuncia, con reverencia medida, un hombre que lleva encima dos historias contradictorias y un broche que las cose. Paulus Alexandrinus, que ha visto pasar por las cortes a muchos que fingen ser más de lo que son, anota aquí a uno que hace lo contrario: un cronomante del linaje de los Cuervos, noble nacido en Francia de la familia Bartok, que dentro de su compañía de cinco encarna «el pensamiento más eso, el wisdom».
Semblanza de un hombre en dos capas
Véanlo entrar en una sala. Por encima, ropas nobiliarias —«equivalentes a un kurtiers outfit», que este cronista entiende como traje de cortesano, aunque la palabra no está fijada—, cómodas, con una túnica hecha de sedas del oriente traídas desde Bizancio, que él muestra un poco cuando quiere hacerse ver. En el pecho, un broche de plata «bien bien labrado» de un cuervo: a simple vista, un cuervo plateado.
Debajo, otra historia. Una armadura vieja de escamas de metal —«tal vez le quedó de una herencia»— y, en el cinturón, lo que al ojo desprevenido parece una daga. A quien tenga «un poco de ojo más entrenado» se le revela lo que es: una espada rota, vieja y oxidada, reducida al largo de un cuchillo, que conserva «como método de protección».
La riqueza está en lo ceremonial y el desgaste en lo militar. La plata, la seda bizantina y el protocolo componen la cara visible: un noble con acceso, con nombre y con maneras. Las escamas gastadas y el arma que ya no es un arma componen la otra: una casa de la que quedan restos. El broche cose ambas capas, porque es a la vez ornamento noble y marca de linaje — y el linaje es lo que le da las armas verdaderas.
Los tres registros
Como noble, conoce los protocolos de corte y sabe manejarse en ellos: hace las reverencias, se presenta por fórmula, y eso le abre puertas que no se abren por la fuerza.
Como cuervo, sostiene un vínculo espiritual con el dios Odín y con el panteón nórdico, pues los cuervos «son los agentes de la vida». De esa condición salen sus dones: una vez por día despliega alas de cuervo negro, y puede hacer aparecer «una lanza de energía espiritual», que se manifiesta por magia del portador.
Como cronomante, la línea del tiempo es en su familia una vía transitable, y él tiene sobre ella autoridad suficiente como para encomendar a otro un viaje. Así lo hizo: su hermano, también cronomante, unos diez años mayor, viajó desde el futuro —desde 1870— por encomienda del propio Merle, que se reunió con él al cabo. Una decisión suya modifica quién está en escena: por su palabra existe hoy un segundo cronomante en el presente.
El episodio de la cuna
Antes de todo eso hay un hecho que los registros consignan sin explicar: una entidad llamada Face lo secuestró de bebé y lo devolvió. El episodio lo vuelve punto de contacto entre su compañía y esa entidad. Qué es Face, por qué se lo llevó, y si aquella devolución dejó al niño intacto o cambiado, es cosa que las voces del archivo no dicen — y que este cronista, por prudencia, deja escrita como pregunta y no como respuesta.
Lo que pesa
Merle Bartok es pieza central de su compañía por función y no por poder bruto. Es el que negocia, el que sabe entrar en una corte, el que planifica movimientos a través del tiempo. Su arsenal material es pobre y heredado; su verdadero arsenal es el nombre, el linaje y la línea de tiempo.
Advertencias del cronista
Mucho de este hombre permanece en sombra, y Paulus no rellena sombras. No consta el nombre del hermano, ni qué relación guarda con unos «mellizos Tomás» mencionados junto a la genealogía de Merle sin vínculo aclarado — y si median diez años entre ambos, hermanos serán, y no gemelos, pero el archivo calla. No consta de dónde viene la espada rota ni de quién fue la armadura de escamas, ni qué rompió aquella hoja. Nadie ha dejado escritas las reglas de la cronomancia de los Bartok: quién puede viajar, en qué dirección, a qué costo. Se ignora si la lanza espiritual tiene límite de uso, como lo tienen las alas. De los cuervos como linaje —¿familia, orden, condición?— no se sabe cuántos son. Y del cuerpo mismo de Merle no queda dato alguno: ni edad, ni rostro, ni estatura, ni voz. La ubicación de su casa, o de la sede del linaje, tampoco está fijada; su vestuario documenta apenas un tránsito por Bizancio y un nacimiento en Francia.
Véase además: Cuervos · Bizancio
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.