Jinetes del Apocalipsis

Exégesis de las cuatro potencias daimónicas — Hambre, Guerra, Enfermedad y Muerte — según las voces que el archivo conserva. Que el lector no busque aquí consuelo: la función de los Cuatro la expone Hécate sin adorno — vienen a ejecutar el Apocalipsis «para acabar con el plan de Dios que no tenía más sentido», y a permitir que el mundo resurja «como la verdadera nueva entidad que hace justicia a estos tiempos». No son plaga ni accidente: son ministerio.

Del número y del cargo

Son cuatro y solo cuatro. El número está fijado, y la vacante no se hereda ni se conquista: se llena por cooptación. Ser Jinete es un cargo, de jerarquía equivalente a la de la muerte misma, y la regla de admisión es estricta: «uno solamente es jinete cuando los otros jinetes dicen sí, son jinetes»; «para que aparezca un nuevo jinete tiene que ser aceptado por los demás». Entre los nombrados con dignidad de Jinete daemónico figura Suriel; un fragmento oscuro señala a Auro comandándolos, pero el pasaje llega dañado y este cronista lo anota sin apoyarse en él.

Existe incluso un mecanismo formal de acceso: el Concurso del Jinete de la Guerra, convocado por invitación escrita. A Luca de los Medici le llegó una «invitación formal, con un contrato medio débil», garabateada, firmada o subrayada en tinta o sangre negra. A los candidatos se les exige poder de fuego, refugio y movilidad, «que aquí se traduce en armas y magia de un determinado calibre, una embarcación capaz de moverse [rápidamente] y llegar hasta estos lugares, y una cierta posibilidad de no ser detectados».

Del emblema y de la imagen

El emblema del conjunto es bíblico y se compone de cuatro piezas: una corona con joyas, un cetro, una balanza y una espada. Es, notémoslo, la única forma en que los cuatro aparecen reunidos. El mundo conoce además una imagen suya: «la representación muy bella, por otro lado, de Durero, de los jinetes del Apocalipsis». Su llegada no necesita heraldo, porque el paisaje mismo la anuncia: «afuera de las ventanas se asaba el mundo como manzanas asadas».

De las monturas

Van, como manda la letra, «cuatro jinetes de la apocalipsis, o sea, con sus monturas». El de la Guerra monta un «pegazo de color blanco», y sin embargo carga el mote de «el famoso y bien conocido jinete sin caballo» — experto en guerra y en diplomacia, que son la misma ciencia con distinto filo. Hay además un jinete que monta dragón y que «en la mano tiene dos espadas»: espadas fundidas, no bastardas, quede fijado. De las monturas restantes el archivo calla, y este cronista con él.

Del tabú de la reunión

Los Cuatro no forman compañía sino colegio disperso. Rige entre ellos el tabú: «cuatro nunca nos encontramos a dos juntos». Viajan siempre separados; su poder se manifiesta como suma a distancia, no como formación. De ahí que la cooptación sea su único acto colectivo, y de ahí su sistema de delegados: no estando juntos, actúan por invitaciones, firmas y alimentadores.

Pero las escuelas disputan. Contra el tabú, otras voces ponen a los Cuatro residiendo en un castillo en Abadón, y en el año 1120 se afirma del «jinete de la guerra… estarían los cuatro juntos en ese momento». Dos tradiciones, pues: la del colegio que jamás se reúne y la de la casa común. El archivo sostiene ambas y este cronista no ha de zanjar lo que los propios Jinetes dejaron en penumbra.

De los contratos y los que alimentan

Operan por contrato vinculante y por delegación: hacen firmar — «firmen acá, me relevan a mí este contrato, ustedes se encargan» — y persiguen las Piedras del Apocalipsis, que otros pactan entregarles. Tienen secretos que quieren guardar. Y se alimentan: el Asesino Crónico es «básicamente un alimentador de los jinetes». En una zona sitiada se registró «el poder conjunto de varios de los jinetes: el hambre, la guerra y la enfermedad, y produce la muerte» — la aritmética completa del emblema, ejecutada sobre una ciudad. El Jinete del Hambre se digna incluso a comparecer: «la última vez que quisieran darnos una entrevista, nos apareció el jinete del hambre».

De su poder en el tiempo

Su fuerza no es constante sino histórica. «En el año mil ciento veinte los jinetes todavía no tenían el poder que tienen hoy.» El año 1348 quedó asociado al jinete de la peste. Y el de la Guerra recibe poder especial en los períodos anteriores a 1870, «donde la guerra se enfrenta a la revolución y no están ya adoctrinados los poderes ya constituidos». Se los registra actuando en Terra — donde Savonarola predica que «el apocalipsis está llegando», y donde el apocalipsis «de un momento se congeló» — y viniendo hacia nosotros: «nos habían advertido que venían los jinetes a la antiterra». Un tal Lewis leyó en cuatro caballos especiales una referencia a los Cuatro Jinetes cristianos; el archivo conserva la interpretación.

De cómo se los combate

El Apocalipsis es «el duelo de pingos [de] Dios y el Diablo, como una especie de metrónomo maldito [que] va a llegar en un breve lapso», y ellos son su brazo ejecutor. En capacidad de aniquilación superan aun a Stargazer: «tienen habilidades para hacerte daño y matarte y que no vuelvas más». Contra ellos la fuerza bruta no alcanza — de una compañía quedó dicho que «no estaban listos para enfrentar a los jinetes» —; la regla que da el mundo es de inversión, no de filo: «a la muerte le das vida». Y sin embargo no son eternos uno a uno: consta que «acabaron con uno o dos jinetes». En otros tiempos, en cambio, «son los que están ganando». Que cada época mida en cuál de las dos frases vive.

Escrúpulos del exégeta

Confieso lo que no sé, que es lo único que un cronista honrado puede legar. No sé cómo se concilia el tabú de la dispersión con el castillo de Abadón ni con la reunión de 1120: falta la regla que ordene las dos versiones. No sé si «el jinete sin caballo» y el que monta el pegazo blanco son un mismo Jinete bajo dos nombres o dos figuras distintas. No sé qué monturas llevan el Hambre y la Enfermedad, ni a qué Jinete corresponde cada pieza del emblema — corona, cetro, balanza, espada. No sé qué obliga exactamente el «contrato medio débil» del Concurso ni qué gana quien lo firma; ni qué entrega un alimentador; ni cuál fue el Jinete abatido, ni por qué mano; ni si las Piedras son su fuente, su llave o su presa; ni qué significa que un apocalipsis se congele, y si eso demora o apura el nuestro. Y de sus cuerpos — rostro, atuendo, voz — el archivo no guarda nada: solo monturas, armas y emblema. Quizá sea misericordia.

Véase además: Piedra del Apocalipsis · Asesino Crónico · Luca de los Medici · Savonarola · Hécate · Suriel · Auro


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Lo que el archivo no fija, no se inventa.