Los Ángeles

Relación de un valle de la costa occidental, asentada por cronista de la Corona del Norte para gobierno de viajeros y confusión de teólogos: porque bajo este nombre el mundo guarda dos cosas — un asentamiento polvoriento donde nadie se queda si puede evitarlo, y unas potencias celestiales de las que depende la hostia, las gemas y hasta el puesto de Washington. El que pregunte por Los Ángeles haga bien en aclarar por cuáles pregunta.

Del valle y su compostura

Es un valle: «una parte sin fértil y otra parte está cerca del río». Hay pasto, hay «Corrales», y una «sensación de Costa pero lejana» — el mar se siente sin verse. El ambiente es «polvoriento y medio vacío»; en verano «nadie se mueve», hace «un calor bárbaro». Quien venga de Nueva Ámsterdam no busque parecidos: «no tiene nada que ver».

El valle se ordena por agua y por altura. Abajo, junto al río, los campos donde trabajan los indios; después la parte infértil y los corrales; y arriba, en los bordes del asentamiento, sobre uno de los montes, un bosque sagrado — el punto exacto «donde va a estar luego el cartel de Hollywood». A ese monte se llega de noche, «en la noche estrellada». Lo profano queda abajo con el agua y el ganado; lo sagrado arriba y en el borde, fuera del uso.

De sus gentes

Indios que «están en producción o están trabajando los campos»; hay indias y criollas, y «no hay europeas nacidas aquí» — de modo que quien venga a buscar mujer, busca una india o una criolla, y esa falta dice más del lugar que cualquier padrón: no es destino de colonos, es tránsito. «Como se nota que este es un lugar de paso de viajeros y demás.» Benetton está hoy en Los Ángeles, lustrándose los zapatos.

Del monte donde bajan los escorpiones

El bosque sagrado del monte es zona de aterrizaje: ahí bajan, de noche, los escorpiones. El cronista consigna el hecho tal como lo recibió, sin poder decir qué son ni por qué eligen ese bosque y no otro. El sitio queda así señalado como umbral: nada se produce en el valle que el mundo necesite, pero por ahí se pasa, y su monte es punto de llegada aérea.

De la otra acepción: los Ángeles de las 13 colonias

En el mundo hay además una entidad plural del mismo nombre — Los Ángeles de las 13 colonias, una por estado o por ciudad —, y ángeles como criaturas sueltas que se encuentran «cerca de un celestial» y contra los que se puede luchar, igual que contra demonios.

A estos Ángeles se les distribuye hostia, una por Ángel, y no entregársela es falta juzgable: Hamilton juzga que no se les haya entregado. Reciben en custodia las gemas que contenían daimons. Tienen un refugio en Ardis. Se los tiene por aliados «en la mayor batalla», y uno de ellos es propuesto como «muy buen candidato a Washington». De modo que quien controla esa entrega controla un circuito sagrado y político de las trece colonias: la hostia, las gemas y el puesto pasan por Los Ángeles.

De las distancias

El territorio del Sacramento queda «bastante lejos, medio tirando hacia la Bahía de San Francisco». Distancia sin cifrar; el que viaje, calcule de más.

Reparos del cronista

Este cronista debe confesar lo que no sabe. No sabe si «Los Ángeles» del refugio en Ardis, de las gemas y de la candidatura a Washington nombra a un personaje singular, al colectivo de los trece, o a la ciudad misma: los registros lo dicen de las tres maneras y de ninguna. Las escuelas tampoco acuerdan la grafía — unos escriben «Los Ángeles de las 13 colonias», otros «los trece ángeles de las colonias» — y aquí se dejan ambas en pie. No sabe qué es la hostia ni qué produce entregarla o retenerla, más allá de que retenerla es falta. No sabe qué es «la mayor batalla» ni contra quién se libra, ni qué sea «un celestial» si es que es un lugar. Del asentamiento ignora el tamaño, el número de almas, si hay o no autoridad española, y el nombre del río. Y queda abierta la cuestión mayor: si el valle y las potencias homónimas comparten nombre por alguna razón del mundo, las voces del archivo no la dicen, y este cronista no la va a inventar.

Véase además: Washington · Nueva Ámsterdam · Benetton · Demonios


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.