Genesis Foundation

«It Only Takes Time.» — eslogan oficial, impreso bajo la sonrisa de un chico becado

«Genesis Foundation piensa en los chicos.» «Las nuevas generaciones nos van a salvar.» Así habla la fundación que llegó a Gary, Indiana prometiendo «hacer resurgir a Gary Indiana y el pujante capitalismo», y que hoy da empleo, becas, escuela y guardería a media ciudad. Lo que no dice el folleto es lo que hay debajo del piso: un laboratorio secreto, chicos reclutados con inyecciones en el brazo, y una puerta de la luna.

El edificio que nunca se terminó

«Es una cosa rara que está ahí, incluso no terminada»: un edificio «muy extraño», «una mezcla de shopping center y centros de conferencia», con túneles construidos por encima de una calle «que terminan en la nada», como si la obra hubiera quedado congelada a mitad del gesto. Nadie ha explicado si eso es abandono, ocultamiento o algo más.

Su centro más seguro está en las afueras, levantado sobre «la antigua parada de camiones que servían para el transporte»: «una especie de gran parada» de al menos tres pisos —los visitantes «pueden subir hasta el tercer piso», no más—. Adentro: portería con personal, oficinas, una guardería, una escuela, y «el reducto de laboratorios —lo llaman talleres— donde pasan cosas interesantes». La seguridad la hacen muchachos «de corte militar», y todo el que entra «deja todas las armas en intercepción».

Debajo de todo eso, en el subsuelo, alguien alguna vez señaló y dijo: «esa es la puerta de la luna que tenemos nosotros».

El terreno elegido

El emplazamiento no es casual. La fundación se asienta sobre «un viejo lugar de cruce de energías, del equivalente a lo que antes se marcaba en Europa con megalitos y monolitos»; los indios ya marcaban ese sitio con piedras, mucho antes de que llegaran los camiones y los shopping centers. En la región de Indiana están las cavernas y los portales, y todo lo que pase con ellos pasa por la Genesis Foundation.

Los niveles

«Esa fundación es un lugar donde existen distintos niveles; una cosa es lo que puede llegar a una guardería.»

La capa pública: guardería, escuela, becas, pasantías, oportunidades de trabajo, «la intención de hacer un polo tecnológico en un lugar en donde en realidad la infraestructura base era muy buena». La mamá que «labura todo el día en la Genesis Foundation» no pregunta más. Las becas vienen con exámenes, y a los ingresantes les hacen firmar una especie de contrato — cuyo contenido exacto nadie de afuera ha leído.

La capa interna: investigación de metahumanos «o gente con poderes, habilidades especiales»; programación, biología y genética; inyecciones a sujetos reclutados desde la infancia; life support devices implantados y vinculados a control mental; y Black Ops financiadas «para acabar con los que son sus rivales o sus posibles enemigos». A los operativos de campo los contrata, los equipa, les paga una prima inicial de 10.000 —la moneda no consta— y espera reportes de avance.

El discurso que cose ambas capas es siempre el mismo: «queremos acá hablar del futuro y de la educación y la libertad… tenemos la idea de que es necesario recomenzar algunas cosas, por eso somos la fundación Génesis». Los que la han observado de cerca la comparan con Scientology y los movimientos «talentistas»: captación por promesa de desarrollo personal, ascenso por niveles, y un piso más arriba que nunca se termina de alcanzar.

Ni gobierno ni caridad

Tiene algún vínculo con el gobierno, pero agenda propia y una independencia que ella misma reivindica: «nosotros no somos una agencia del gobierno y de hecho no podemos ser reconocidos de ninguna manera porque esto que estamos hablando a muchos los podría poner un loquero». Un miembro de la casa la puso en un linaje ideológico preciso —«la Fundación Ford de un mundo feliz»—, la misma línea que reivindica el Complejo Alfa. Entre sus objetivos figura la búsqueda de descendientes de Morgan, bajo cláusulas de control poblacional.

La dirección lleva un nombre: Clara Kling, CEO, también nombrada como directora. Sobre la líder de la fundación corre además otra versión —que sería vampira, dicho en una línea y matizado en la siguiente— sin que ningún registro aclare si esa figura y Clara Kling son la misma persona. Las dos versiones circulan; ninguna se ha impuesto.

El arsenal

Cuatro robots HG defienden a la fundación: tres propios y uno prestado. Quién prestó el cuarto, el archivo no lo dice.

La cuenta de los desaparecidos

El personal de la Genesis Foundation tiene una costumbre: desaparecer. Un miembro «muy prometedor». Francis Le Pen, un muchacho francés de una oficina interna. El novio de Emily, que estuvo unos meses en la fundación. Y hubo al menos un traidor «del lado de la Genesis Foundation». Cuántos suman en total, nadie lo ha contado — o nadie que lo haya contado ha vuelto a decirlo.

Advertencias del cronista

Este cronista deja constancia de lo que no pudo averiguar, que no es poco. El contrato que firman becados y operativos: la frase se corta justo ahí, y lo que sigue es silencio. La moneda de los 10.000. La fecha de fundación, y cuánto hace que la obra está sin terminar. Cuántos chicos hay en el programa, cuántos empleados, cuántos desaparecidos. Por qué los túneles terminan en la nada. Dónde quedan, con precisión, las cavernas y los portales de Indiana. Y la doble identidad de la líder —directora de saco y corbata, o algo más viejo que los camiones y las piedras— queda abierta, porque cerrarla sería inventar. En Gary aprendieron a no preguntar: la fundación paga los sueldos, y el eslogan ya lo advierte — solo hace falta tiempo.

Véase además: Gary, Indiana · Clara Kling


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.