Foro de Set

Al que baja por la escalera larga hasta el cuarto nivel de las salas de Ardenvull le conviene saber una cosa antes de tocar fondo: ahí abajo no lo espera un templo, aunque lo fue. Lo espera un mercado. «Es más el foro que el templo, es como el epicentro comercial», y quien preside la negociación no es un gremio sino un chacal de piedra, porque el sitio pertenece a Set y el dios cobra su parte de otro modo. Antes de ser Foro se llamaba «el Lote».

La bóveda

El recinto es «una bóveda de cañón» con «3 óvalos de 3 metros de grande que son como linternones»: la luz cae desde arriba, fuerte y constante, y no por devoción — esa iluminación existe para evitar robos. La parte más alta llega a 25 pies. Bajo los puestos, el piso «está todavía pavimentado de mármol negro y pulido, los mármoles son de granito pulido»: el resto visible del templo que fue. Hay una plaza con puertas grandes y un montón de guardias, y una fuente central de unos 90 metros de amplitud «donde probablemente alguien quiere mojar los pies».

El conjunto «se ve que es como un soco medieval o medio árabe, vieron»: tiendas y comercios, una sección de armas exóticas, un mercado de comida —guiso, carne asada, «algo picante como un incienso», hierbas, pociones, hongos raros—, una tienda de subastas y un lounge privado para las transacciones importantes. En la entrada de ese lounge hay «una estatua que parece casi real, que antes no estaba ahí clavada. Una estatua de equilibrio y de balance». Cerca queda el mercado de esclavos. Junto a los puestos conviven estructuras y máquinas robóticas, y mucha iluminación artificial. Silencio no hay: «no hay momento donde el foro está tranquilo, el foro es un hervidero de actividad casi a cualquier hora: gritos, quejidos, marcados de esclavos, ruido de fuentes, reliquias, vendedores ambulantes», y «murmullos por todos lados». Aunque hay quien juró haberlo visto de otro modo — «el foro no está muy activo ahora, no hay mucho comercio» —; si eso fue un mal día o el principio del fin, los itinerarios no lo dicen.

El recinto sabe defenderse solo: alrededor de un punto «se eleva un muro de piedra, como de cinco centímetros, una pebetina en piedra, y además la cierra herméticamente. Un iglú». Las puertas son de piedra y madera, con mecanismos complejos de cierre y bisagras — aunque este cronista anota que esa descripción llega por voz dudosa.

Las nueve leyes

El verdadero producto del Foro no son las armas ni los hongos: es la garantía. Nueve leyes públicas la sostienen. Cada mercader «tiene que pagar equivalente al 5% por cualquier venta, y el que no tiene licencia el 10%». La violencia está prohibida, «es un lugar común». Los conjuros sin licencia también, «inclusive para identificar y activar objetos». La seguridad la garantiza la ingeniería del Foro — «si te van a robar algo, te van a mandar un enviado». Los contratos son vinculantes; las pesas, justas — «todas las pesas y medidas comerciales». Las tres últimas leyes —castigo por incumplir contratos, protección en caminos, acusaciones injustas— se conocen solo por sus títulos, y este cronista no va a redactar lo que nadie le dictó.

Administra el conjunto «gente muy de una amistativa burocracia mágica» que registra los datos de las subastas; si hay disputa se firma un acta que «redacta que hubo una situación». Hay cambistas. La vigilancia la sostienen guardias distribuidos en todo el recinto, bajo comando de una jefa principal, y clérigos inspectores con armadura de valor 4. Bajo esa garantía se subastó en público el collar, y se comerció con personas y criaturas de distintas razas, goblins incluidos, en el mercado de esclavos — hasta que dejó de comerciarse, como se verá.

La cámara detrás de la puerta

Desde el pabellón de negociaciones, detrás de una puerta secreta, se abre «una cámara gigante totalmente esférica con tres plataformas»: la arena ceremonial mide unos 15 × 15 metros y las plataformas se alzan a 5 pies, «1 metro 50», sobre el piso. Es el lado religioso del mismo edificio: ahí se ejecuta el ritual del Foro de Set, un sacrificio vengativo por la profanación del templo y la muerte de acólitos, «conseguido con la fuerza del Set». Los sacerdotes admiten una clemencia tasada: los transgresores pueden «desnudarse y irse de acá con vida» — «se van del foro de Set desnudos y entonces perdonamos». Se menciona además un ritual que los visitantes deben cumplir antes de acceder; en qué consiste, el archivo lo calla.

Del templo queda también una gema, un rubí: «una energía limpia y de mezcla de muerte y dios de la guerra y tormentas y también el veneno», con una contraparte índigo de energía opuesta. Dónde están una y otra, nadie lo asentó.

Rumbos

Hay uno solo con esa arquitectura: «el único lugar que era de todo este nivel». Se llega por la escalera larga. Al sur queda el Puente Rojo y las salidas al exterior — de donde vienen los que compran; al norte, lugares peligrosos fuera del dominio de Set; «en el centro vive la prudencia bajo el dominio de Set». También se lo sitúa «al norte de lo que llaman el Puente Rojo», y se habla de accesos por los cuatro rumbos cardinales, aunque ese tramo llega confuso.

No es el único foro del mundo. El Foro de Orchette «era un lugar más cómodo para quienes no podían bajar tanto». El Teng tiene «otro foro mucho más grande que el foro del cuarto nivel, muy vikingo, muy Ragnar». Y existe un Foro de TOT, del culto de Melvino Calvino, que cobra como tributo de acceso «un pedazo de la Antártida» — qué es esa Antártida y cómo se corta un pedazo, pregúnteselo a ellos. Si estos foros son una red, una competencia o meros homónimos, ningún registro lo establece.

Lo que pesa

El Foro es «un lugar crucial en la política de todo este reducto», y ofenderlo tiene consecuencias regionales: una compañía «enojó a la gente de Set» y cosechó cazarrecompensas. En sus salones se vio, en un momento dado, a seis «calizados» —«estos seres medio reptiloides alienígenas»— negociando con la sumo sacerdotisa Stephania y con las estructuras robóticas: la neutralidad del Foro es lo que hace posible ese salón donde conviven reptiloides, máquinas, cambistas y esclavistas sin que nadie saque un arma.

Y cuando el Foro cambia, cambia el orden de la región. Se abolió la esclavitud, se disolvió la Confraternidad del Servicio —los traficantes de esclavos— y el lugar pasó a llamarse «la plaza de todo»: «ya no es más el foro de Set». Aunque otra voz del archivo va más lejos y afirma que «también fue acabado el foro de Seth», por mano de Los Buscadores. ¿Reformado o arrasado? Las dos versiones circulan y este cronista las deja circular. Lo mismo con la primacía: unos dicen que el Foro es «el epicentro comercial» de todos los primeros esplendores; otros, que la Cámara de la Gran Cabana, en el tercer nivel, «es realmente el primero en importancia». Disputa de escuelas; que el viajero saque su cuenta.

Advertencias del cronista

Acá conviene pisar el freno. Quedan abiertas cuestiones que el que baje hará bien en no dar por sabidas. Nadie describió el ritual de acceso que los visitantes deben cumplir: cúmplalo cuando se lo pidan y no pregunte de más. Hay un conflicto de sucesión declarado —se habla de «el hijo de un hermano perdido lleno de semen de la luna»— y ningún nombre que lo aclare; sumado al atentado contra la jefa principal de los guardias y a la abolición de la esclavitud, la pregunta de quién manda hoy no tiene respuesta en el archivo. Tampoco se sabe si «la ingeniería del foro» que garantiza la seguridad es un cargo, un cuerpo o un mecanismo; ni qué son los calizados más allá de su aspecto; ni cómo se traza por dentro el camino de la fuente a la plaza, del mercado de esclavos al pabellón. El que entre, mire dos veces antes de tocar nada — sobre todo la estatua que antes no estaba ahí clavada.

Véase además: Set · Los Buscadores


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.