Ariel
«Tal vez no es el mejor momento para presentarnos, pero mi nombre es Ariel.» — palabras del propio arcángel, pronunciadas en mitad del peligro
Hay figuras que el archivo trata como categorías y figuras que el archivo trata como personas; Ariel es de las segundas, y de las que además insisten en serlo: se presenta por nombre propio en toda ocasión formal, incluso en la peor. Arcángel atlante de seis alas, Sagrado Guardián de Sigil, la Ciudad de las Puertas, paladín y espadachín, este cronista lo consigna en la sección de linajes porque su historia es, antes que nada, una historia de estirpe: de dónde viene, a quién engendró, y quién lo mató.
Estirpe y figura
Atlante de nacimiento —en la Atlántida «lo conocieron», y de esa estirpe le viene la vista naturalmente amplificada: ve más lejos que los demás por sangre, no por magia comprada—, Ariel se presenta a sí mismo como espíritu dual: «he venido desde el cielo. Y del agua también». Espíritu del aire y del agua, entonces, con el cuerpo a la altura de la doble ciudadanía: seis alas, tres de cada lado —«tres pares de alas»—, un hombre alto, «tiene muchas fachas», de porte elegante y mirada penetrante.
Los itinerarios discrepan sobre su estatura: unos registros dicen un metro ochenta y ocho; otros, «1,80 m», y aclaran que esta última corresponde a una forma alterada respecto de la anterior — qué lo alteró, y cuándo, el archivo no lo dice, y las dos medidas quedan en pie como quedan en pie dos versiones de un mismo retrato. El cabello es muy claro, rubio, empezando a tener partes de blanquecino plateado, «muy metalizada», llevado por atrás en una trenza cosida, larga. Los ojos, muy claros, «del color de la miel de las abejas».
Las tres insignias
Su figura mezcla deliberadamente dos registros. El angélico-atlante: las alas, la vista larga, el aire y el agua. Y el moderno-mundano: viste traje, saco con pantalón gris oscuro «medio plateadito» —«no es negro»—, camisa blanca y corbata negra. Sobre esa base se montan tres insignias, cada una de un orden distinto:
La tiara. Sobre la cabeza, una tiara muy bonita con efigies de «todas las personas inteligentes del mundo y carismáticas»: están Einstein y Darwin. Marca de estirpe o de valor.
La espada. En un cinto, «una buena espada curva» — el oficio del espadachín-paladín. Se le atribuye además «la espada suerte», fijada por los copistas como espada sagrada; si es la misma hoja del cinto o una segunda arma, las voces del archivo no lo aclaran.
Los brazaletes. En las muñecas, unos brazaletes que dicen «me voy a vengar». Lo están diciendo: en todos los lenguajes posibles, incluido el True Speech. Un juramento portátil, público y permanente. El agravio de Ariel no es un asunto privado.
Lo que reúne todo es el cargo: un guardián de una ciudad de puertas necesita simultáneamente vista larga, alas, arma en mano y un nombre que se pronuncia en la entrada.
El vínculo con la Ciudad de las Puertas
Cuatro funciones se le superponen y ninguna anula a la otra: arcángel y Sagrado Guardián de la Ciudad de las Puertas; «un regulador, por supuesto, malo»; paladín; y deputy entre los nuevos enviados a la región. Su vínculo mágico con Sigil es permanente, de modo que su ubicación nunca es del todo local: puede ser invocado a distancia. Así lo llamó la Dama del Dolor —«porque me invocó la dama del dolor, yo tengo un vínculo con Sigil»—, y ahí está la letra chica del cargo: el vínculo funciona como cadena de mando. Quien tiene poder sobre Sigil tiene tiro sobre Ariel.
En el presente opera junto a la compañía de aventureros: aparece en la entrada de la torre, abajo en la nave durante el combate inicial —no en el puente—, y entre los deputies enviados a la región. Lo que le pasa a Ariel toca a la Ciudad de las Puertas y a la Dama del Dolor: es a la vez compañero de andanzas y potencia con cargo institucional.
El salón antiguo
En una era antigua figura en el mismo salón que Helter y la madre de Helter. Ariel era «el preferido de ella», e intentó frenar la transformación de Helter. Fracasó. En ese mismo salón Helter lo atravesó con la daga de cobalto, y lo violó. Ese fracaso y esa muerte son un nudo del mundo: lo que termina de consolidar ese costado de Helter es, precisamente, la caída del que intentó impedirlo. Los brazaletes que repiten su promesa en todos los lenguajes posibles adquieren, leídos contra ese salón, un destinatario probable — aunque el archivo, con rigor que este cronista respeta, no lo nombra.
Linaje
De su descendencia consta una hija: Tel es hija de Ariel — «si no me equivoco», dice la voz que lo registra, y esa cautela se traslada aquí intacta. De su ascendencia, en cambio, queda una frase inquietante para un tratado genealógico: «puede tener dos padres». Quiénes serían, el archivo lo calla.
Advertencias del cronista
Melancólica tarea la de anotar lo que un archivo no dice de un arcángel. Queda sin resolver la estatura —1,88 o 1,80, forma anterior o forma alterada—. Queda sin definir qué es exactamente «un regulador» y por qué se lo califica de «malo»; el término no aparece en ninguna otra voz. Queda abierta la cuestión de las espadas: si la curva del cinto y la sagrada son una o dos. Y queda, sobre todo, la más incómoda: cómo se reconcilia su muerte en la era antigua, atravesado por la daga de cobalto, con su presencia activa entre los deputies del presente. ¿Resurrección, retorno, otra encarnación, otra línea del tiempo? Nada consta. Tampoco consta quiénes serían los dos padres, quién es la madre de Tel ni qué estatus tiene Tel en Sigil o en la Atlántida, contra quién exactamente juran venganza los brazaletes, ni qué son los deputies, quién los envía ni a qué región. Este cronista deja los huecos a la vista, como quedan a la vista las junturas de un mosaico incompleto: el que venga después, que complete la figura sin traicionarla.
Véase además: Dama del Dolor · Atlántida · Tel · Helter
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.