Pulpería de la Viña

Al viajero que baje a la zona de las banderas del puerto de Santa María de Torregrises se le dirá, antes que ninguna otra cosa, dónde puede dormir sin hacerse de enemigos. La respuesta es corta, porque la lista es corta: la de la Viña.

La casa y su patrona

Es «una tremenda pulpería» y «de los pocos hostales neutrales» de la ciudad: la escasez de su clase es lo que la define. En esa zona portuaria manda gente de bandera, y entre ellos hay «una mujer patrona de las banderas, que tiene ahí un lugar»: la Viña, «una mujer grande que se ve muy tensa», jefa de bandera y viuda reciente. El apodo le viene de un vínculo: fue esposa de Farrucho, que la abandonó. Se hizo cargo de un hijo —un mulato pianista que inaugura la orquesta del Teatro La Victoria—, y su fortuna acompañó a la de los poderosos del puerto: Cartagena la favoreció al llegar al poder, y con el ascenso de Carmín —seis, siete u ocho años después— se consolidó hasta ser jefa de bandera.

Los tres pisos del oficio

La casa opera en tres registros superpuestos, y el viajero hará bien en saber en cuál está parado.

Arriba, hostal y taberna abierta a cualquiera. En el salón se bebe «juicio oscuro» servido en cuerno.

Abajo, la ex-taberna está ahora en el sótano, y ahí «muchas veces hacen juegos ilegales de cartas y demás». Es una caverna conocida.

Adentro, el cuarto de la Viña —que quien entra no ve entero— guarda «una cantidad de cosas de santería impresionantes»: cajarados de huesitos, hierbitas. El santuario tiene las paredes cubiertas con una tela color bordeaux y un altar con una Virgen María, velas y santos en sincretismo religioso, con la Virgen del Carmen también, con cartón negro. Sobre todo eso flota un olor a incienso que cubre algo que está medio podrido en algún frasco: señal de que el trabajo ritual es continuo, no decorativo. Las consultas de sueños la propia Viña las lleva a Muriel Umutessi, que trabajó con ella en la pulpería.

La regla de la casa

Su regla constitutiva es la neutralidad: allí no se dirime la política de las banderas. Hostal, garito y altar están juntos porque los tres viven de lo mismo: que en la zona de las banderas haga falta un lugar donde nadie sea enemigo de nadie. La taberna da la cobertura pública y la circulación de forasteros; el sótano aloja lo que no puede hacerse a la vista; y el santuario da la autoridad que sostiene la franquicia, porque quien garantiza la neutralidad no es una ley sino una patrona con altar propio.

La violación de la regla

Esa neutralidad venía sosteniéndose hasta que la Mazorca la rompió: «no la mataron pero le acaban de dar un empujón en su propio establecimiento». Después ocurre allí una masacre de una escuadra de la mazorca. La casa fue reventada y volvió a abrir. Siendo uno de los pocos terrenos neutrales del puerto, su violación es un acontecimiento político, no un incidente de taberna: que la Mazorca entre, que la revienten y que reabra marca fases del poder en el puerto, como las mareas marcan la hora en los muelles.

Advertencias del cronista

Anoto aquí lo que este registro no alcanza a fijar, para que el viajero no lo dé por sabido. El nombre real de la Viña no consta: solo el apodo. No está resuelto si la «Muriel curandera» y Muriel Umutessi son la misma persona, ni cuál es su relación exacta con la casa. Del «juicio oscuro» no sé decir si es vino tinto o bebida local propia, ni a qué precio se sirve. Qué es una «bandera» como institución —grupo político, armado, o ambas cosas— y qué implica ser jefa o patrona de ellas, es materia que las voces del puerto dan por sobreentendida y este cronista no. El orden entre el empujón, la masacre de la escuadra y la reapertura está en disputa: quién reventó la casa y en qué relación está eso con lo demás, no lo establezco. Tampoco si el hijo pianista es el mismo del que la Viña «se hizo cargo». De la planta del edificio no hay levantamiento: cuántos ambientes, si el santuario es sala aparte del cuarto, dónde queda respecto del sótano, si el hostal tiene habitaciones y cuántas. Qué guarda el frasco podrido bajo el incienso, y qué función ritual cumple, la casa no lo dice y yo no pregunté dos veces. Y queda abierta la cuestión de la «caverna conocida»: si la pulpería está literalmente excavada o si es una expresión sobre su carácter, cada informante lo entendió a su modo.

Véase además: Muriel Umutessi · Mazorca


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