Cruce menor sobre el Sena a la altura del palacio de las Tullerías, a escasa distancia del Palais-Royal. En enero de 1649, con la Fronda parlamentaria en su primer ímpetu y las cadenas levantadas en muchas calles de París, el Pont de Tuileries adquiere una importancia táctica desproporcionada a su modestia: es uno de los pocos pasos que permanece bajo vigilancia de los hombres de confianza del Cardenal, y por él circulan correos entre la regencia y los oficiales apostados en la margen derecha.

Su cercanía al Quartier de Saint-Germain-des-Prés lo convierte en punto de observación para quienes transitan entre ambas orillas sin querer exponerse al tumulto del Pont-Neuf. Los habitantes del barrio lo conocen como paso de madrugada: poco concurrido, oscuro, útil para acuerdos que no conviene que sean vistos.

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