Suriel

«Debería ser un ángel y está corrompido… no es un ángel.» — sentencia del archivo, que se guarda las dos mitades

Exégesis de una potencia que se llama de cuatro maneras y camina bajo una quinta. El que lea esta entrada acepte desde el principio la paradoja que el archivo no resuelve: se lo nombra Ángel Exterminador y a la vez se afirma que no es un ángel. Este cronista deja ambas afirmaciones en pie, porque ambas fueron dichas, y porque quizá la contradicción sea la descripción más exacta que tenemos.

De los nombres

Suriel funciona por acumulación de nombres: Suriel, Daemon Suriel, Abadón, el Ángel Exterminador, y entre los hombres Jacques —Jacques Hockbus. Cada nombre corresponde a un modo de aparecer, y quienes lo conocieron en Italia lo conocieron «bajo uno de sus nombres», no bajo el verdadero. Así se leen las ciudades y así se leen las potencias: por la máscara que muestran en cada puerta.

De la caída

Tres estratos, una sola criatura, y la lógica que los une es la degradación. Lo que debería ser un ángel «bebió de los poderes oscuros para fortalecerse más» y quedó como Daemon, como Abadón, como Exterminador: una potencia angélica pasada por una fuente ajena. Lo que es potencia de la Guerra bajó a Italia con nombre de hombre —un inglés, venido de Inglaterra a Milán en época de Visconti, «1200 o algo así, 1300»— y ahí repitió la caída en escala humana: paladín primero, que escolta a una doncella a un casamiento; condottieri después, que hace la guerra por contrato. El que vendía su brazo por honor terminó vendiendo la guerra como oficio. El archivo no alcanza para afirmar si la corrupción fue anterior o posterior a haber sido Jinete; la caída no lleva fecha, solo dirección.

Del Jinete

Es una de las cuatro potencias de los Jinetes del Apocalipsis, la de la Guerra, y ocupó el primer puesto entre ellos «mucho tiempo, pero no es la primera vez»: el primer lugar rota, como rotan las estaciones y los señores de Milán. Se mueve «ágil como rayos», y la guerra viene con él. Y no comanda simbólicamente, como querrían los teólogos cómodos: tiene ejército propio y lo lleva a invadir. En la invasión de Italia dirige tropas armadas —«las tropas tenían un ejército de Suriel»—, de modo que allí donde hay guerra está como potencia, y en Italia estuvo además como general.

De la espada

El único rasgo material que el archivo fija es su espada, «el elemento de su constitución»: no un arma que porta sino aquello de lo que está hecho como Jinete. Arma del paladín, constitución del Jinete, carga del renunciante — la espada atraviesa las tres capas como un hilo atraviesa tres cuentas.

Porque Suriel es el primero de los Jinetes y también el primero en renunciar al título. La renuncia es un acto disponible en el mundo —un Jinete puede dejar de serlo— y va acompañada de un compromiso: desprenderse del elemento que lo constituye llevándolo a la cima del Monte Análogo. Mientras la espada no llegue, el compromiso sigue abierto. Y mientras esa espada esté en camino, el mundo tiene una pieza suelta de potencia apocalíptica moviéndose por su geografía: lo que le pase a Suriel le pasa a la institución entera de los Jinetes, que aprendió con él que el orden puede alterarse y el título devolverse.

Advertencias del cronista

De su forma no puedo decir nada, porque nada quedó dicho: ni tamaño, ni montura, ni cara, ni ruido, ni color, ni el estado de la espada misma. No sé a quién le renunció el título ni quién ocupa el primer puesto después de él; sé que hubo primeros antes, no sé sus nombres. No sé ante quién se comprometió a subir la espada, ni qué ocurre si llega a la cima, ni qué ocurre si no llega. No sé contra quién invade Italia ni de qué está compuesto su ejército. Y queda abierta la cuestión de los tiempos: si el Suriel de la invasión y el Jacques condottieri de época de Visconti pertenecen a la misma campaña o a siglos distintos, el archivo no lo establece — hay incluso quien mezcla en el relato la época de Visconti con la de Ricardo Corazón de León, y no sabemos si el mundo confunde sus siglos o si los superpone a propósito, como superpone los nombres de esta criatura. Este cronista registra la disputa y no la zanja.

Véase además: Jinetes del Apocalipsis · Monte Análogo


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.