Su nombre es una contraseña, su casa una fiesta que acaba de terminar, y su lealtad un artículo de lujo: carísima, pero de primera calidad.
El nombre en clave
A Eligos no se llega: se pide cita. El camino pasa por la papelería de Madame Alexia Ting y por la casa de un mago rico de mayordomo viejo “estilo Alfred”, ligado a una “orden del crepúsculo de plata”; el que consigue la cita recibe una palabra —“Eligos”— y una dirección: una casa neoclásica de estatuas de jardín y una virgen en el cantero, a la sombra de la catedral gótica de Baton Rouge. Los Profundos llegan a la mañana siguiente de una fiesta de máscaras —invitados trasnochados que se retiran encapuchados, copas y panqueques por los canteros—: la morada, se disculpa el dueño, “antes se vuelve una Villa Venus”. Eligos es un pelirrojo “crudito” que no durmió y está impecable, y que ofrece resolver cualquier contacto por esa vía — a Antonia le insinúa una “invitación secreta”; ella corta en seco: “a mí me valió un hijo resolver los conflictos.”
El comerciante de todo
Su oficio es el del fixer: compra el botín que nadie más tocaría (“ese equipo no lo consiguieron negociándolo”, observa sin juzgar), paga nueve mil monedas y cobra además “un favor” que reduce, con elegancia, a “solo escucharme si alguna vez necesito algo”. Tiene bóvedas para guardar lo que quema —el cofre atlante de la cuadrilla duerme en ellas—, amigos en el gobierno, y un pergamino de teletransporte que presta fiado, no sin aclarar que su maestro le dio uno solo. Cuando el grupo le regala un corazón de dragón, lo guarda en una caja de metal con la felicidad de un chico.
El que sabe cómo funciona la ciudad
Su valor mayor es el mapa que lleva en la cabeza. Es Eligos quien pone nombre a las sombras de Baton Rouge: los Drow del sur, que “no vienen a negociar: sacan lo que quieren”; la catedral que celebra misa negra bajo el obispo Thornwell; los cobradores de impuestos doppelgangers —“a los reales los tienen en otro lado”—; y la tranquilidad forense con que despacha el asesinato de un concejal: “no es tan grave — ellos se matan entre sí.” Suyo es también el lore prohibido de la era de los gusanos (wyrms, los “gusanos eléctricos”), y suyas las semillas del norte: los dragones sobre Galgon Lake, el Tratado de Fort Belknap que alguien quiere sabotear antes del primero de mayo, “el barbón de Ohio”, y el filántropo Wes Harrison de las Torres Grises — el siguiente destino de la gesta.
Capa interna [R]
No diegético. Fuente externa; no entra a productos públicos.
- Onomástica: Eligos es el nombre de un duque de la Goetia (el que conoce cosas ocultas y el resultado de las guerras) — resonancia deliberada para un fixer que vende información y guarda secretos. En el crudo también “Heligos”/“Helios”; ligado a la figura “Seahorley” (el mago de la cita previa), sin resolverse si son la misma persona.
Vínculos
- Baton Rouge — la ciudad cuyo revés conoce entero
- Doc_Hawk — el doppelganger que él identifica por especie
- Los_Profundos — sus clientes más problemáticos
- Antonia — la que rechaza su Villa Venus