“Entiendo mejor a los insectos que a los hombres.” Champaña a la mañana, un drider disecado en el lobby, y la ciencia como coartada de la fascinación.


El anatomista de la veranda

Antwerp es el coleccionista de arañas de Baton Rouge: un hombrecito rechoncho de pelo blanco atado atrás, manos blandas y delicadas, modales muy ingleses, que ofrece champaña o borgoña “a esta hora de la mañana” y nota de un vistazo —es anatomista— que Antonia está “en el feliz acto de estar a la espera”. Vive en una mansión sureña con veranda, rottweilers y arbustos de frutos raros, cuyo salón ilumina una enorme “araña” de velas que es las dos cosas: candelabro y retrato. En el lobby, lo primero que sobresalta a las visitas es un drider disecado —la centaura-araña, el elfo oscuro degradado por su diosa— en pose de ataque, tratado como una pieza de museo más: “los tratan como bestias.”

Su casa es un museo filogenético de arañas muertas —la comedora de camellos de Arabia Félix, las que comen pájaros— y una confesión viva: la vitrina de escorpiones que se activan con la luz, ante la que admite su fascinación por los seres que solo “buscan matar y alimentarse”. Con Erzebeth —cuyo escorpión se revuelve al ver a los suyos enjaulados, “como ver humanos en jaulas”— sostiene el duelo filosófico de la gesta sobre coleccionar lo vivo. Su lema lo pinta entero: “entiendo mejor a los insectos que a los hombres.” Soltero perpetuo, científico y solo: “¿qué mujer va a bancar bichos por todos lados?”

El caso de la araña muerta

Su agravio pone en marcha la investigación. Le robaron la venta de un espécimen rarísimo —un arácnido único de las profundidades— que reapareció en el mercado negro, muerto. Y una araña de esa especie muerta significa una sola cosa para quien sabe: ya puso sus huevos — miles, dentro de otras criaturas: son parásitas que nacen dentro de un huésped, lo consumen desde dentro, y según cuánto coman mutan hasta el tamaño de un tigre. Antwerp pide a los Profundos que le traigan al portador —el hombre infectado que “estallará en huevos”— para intentar contenerlo, y presta lo suyo: el dossier, su asistente Azul, y Jud, su rastreador judío de pistolón. Es también él quien, en una guardia nocturna, describe el poder detrás del trono de Baton Rouge: el concilio que no decide solo, el cuchillo clavado con instrucciones, y la advertencia de que hay cosas que “mejor permanezcan en la oscuridad”.


Capa interna [R]

No diegético. Nota de grafía; no entra a productos públicos.

  • Grafía inestable en el crudo: Antwerp / Seanand Warp / Antobulli / Antoburi. Se adopta Antwerp. Eligos duda de que sea otra cosa que un científico: “no es un hechicero”.

Vínculos

  • Baton Rouge — su ciudad, su convención de taxidermistas
  • Erzebeth — su interlocutora filosófica (y su espejo: la dama del escorpión)
  • Doc_Hawk — el rival del pantano, que también busca las arañas
  • Los_Profundos — los oficiales a los que encarga el caso