Don José de Iriarte

“Nulla accade al di fuori delle diramazioni autorizzate. Il tempo non è assoluto: è amministrato.” — placas atornilladas al frente de su escritorio, en el Palazzo del Tempo.
Una mañana cualquiera del Palazzo. Quince relojes —1050, 800, 1215, 1517, 1492, 1776, 1936, 1621, 1962, 1889, 1945 entre otros— marcando horas que no coinciden entre sí, cada uno cumpliendo su disciplina. Bajo ellos, Iriarte en su escritorio: postura de viejo militar de ultramar metido a oficinista, uniforme bordado en oro a despecho de la silla de ruedas que la lámina disimula bajo el mueble. Tres subordinados a la mesa larga, transcribiendo las Richieste di Diramazione Temporale —los formularios sin los cuales, en su jurisdicción, nada puede acontecer fuera del cauce previsto—. La biblioteca del fondo, repleta. Velas, no electricidad. La electricidad está prohibida en Antiterra por motivos políticos y teológicos a la vez, y Iriarte cumple las dos prohibiciones sin pestañear.
Don José de Iriarte —Subprefecto delle Diramazioni, también Superfecto del Tempo en cierto léxico que él tolera sin firmar— es autoridad burocrática-mágica del aparato de París Ucrónica, asentado en el Palazzo del Tempo junto a Notre Dame. Su oficio es administrar las diramaciones —las ramificaciones del tiempo que cada acto humano abre o cierra—. En su mesa pasan, antes de ocurrir, las desviaciones autorizadas; lo no autorizado, no acontece, según el dogma administrativo de su Subprefectura.
La doctrina viene del Decadiano: “el tiempo no es absoluto, es administrado”, lema que Iriarte ha hecho atornillar al frente del escritorio en italiano vetusto. Quienes lo leen por primera vez —y desde los Time_Bandits hasta los enviados extranjeros lo han leído con desigual provecho— suelen suponer metáfora burocrática. No lo es. La frase es descripción técnica. La Subprefectura opera el cierre o apertura de canales temporales con la misma rutina con que otras oficinas operan certificados de nacimiento.
Apareció en escena durante el episodio de la taberna en sesión temprana: silla de ruedas trabada en el umbral, voz seca de quien acepta la sorpresa con cálculo, quinientos francos por cabeza como anticipo de un contrato que Claude se negó a firmar por escrúpulo aristocrático. Iriarte aceptó la negativa sin levantar la voz, dejó la oferta abierta —“falta la otra parte… si logran develar a la Serpiente”— y volvió al Palazzo en su carruaje a vapor. La investigación que siguió, en Bucarest y en otros lados, fue, en cierta medida, el cumplimiento de su contrato no firmado.
[La paradoja del contrato verbal con un funcionario del tiempo es asunto que la jurisprudencia antiterrana no ha resuelto. Iriarte, según el Decadiano, tiene la última palabra. —Glosa marginal, libro V del Decadiano.]
Vínculos
- Palazzo del Tempo — sede de la Subprefectura
- Decadiano — autoridad doctrinal en que se apoya
- Notre Dame — edificio vecino al Palazzo
- París Ucrónica — ciudad de su jurisdicción
- Antiterra — mundo donde la electricidad está prohibida
- Claude Nauge — el que no firmó el contrato
- Time_Bandits — sus contratistas habituales
- La_Serpiente — objeto de la investigación encargada en Bucarest
- Bucarest_Ucronica — extensión geográfica del caso
- Subprefectura del Tiempo — aparato del que forma parte
Apariciones
- Sesión temprana de París Ucrónica — episodio de la taberna, primera oferta
- Sesiones siguientes — contratos sucesivos, expansión a Bucarest
- Ciclo presente — el Palazzo del Tempo sigue operativo bajo su dirección