Presentación

Calzado del príncipe Moni Vivescu, el joven advenedizo del ciclo parisino. En el París del 1901, Claude Nauge —obrero revolucionario antes que ladrón— las confiscó para la fraternidad FORJA y los Socialistas Ucrónicos, y las puso en manos de Henriette: con su valor se costeó la alimentación de niños abandonados.

Del pie de un príncipe a la mesa de los huérfanos: las Palomas de Hierro, facción de ferroviarias sindicalistas de Antiterra, hicieron de aquel par su insignia. Las sandalias rojas son desde entonces tótem de identidad revolucionaria y de redistribución de la riqueza a lo largo de las rutas ferroviarias del continente.

Los inventarios de París Ucrónica las consignan entre los objetos del ciclo; sobre su paradero actual, el registro calla.

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