Casemiro

«Llegarás a ser Hierofante.» — palabra del druida primigenio, recogida como profecía todavía sin cumplir

Nacido tiefling, transformado a simar, criado entre los druidas de la Selva Negra: la vida de Casemiro es una genealogía en un solo cuerpo. Lo que el mundo entero atraviesa a lo largo de eras, este compañero lo atravesó en su propia carne — así quedó dicho, sin adorno: «en microescala, Casemiro lo vivió».

El retrato

Un tipo de uno ochenta, «medio hipo» y de aspecto huesudo: osatura muy pronunciada, el óvalo frontal saltado —«no diríamos cuernos, pero como muy osamenta»—, estructura ósea «muy huesuda», y unos ojos profundos que de noche se le mueven «como si fuera de día». Es «muy negro y brillante»: la negritud es parte de su esencia, y la conservó cuando lo quemaron — cosa que le pasó dos veces, y dos veces sobrevivió. La osatura saltada y ese brillo que resiste el fuego son el resto físico de sus transformaciones.

Anda «bastante elegante dentro de todo»: una capa negra le cubre una armadura fina, bien confeccionada, y encima lleva galera. Se le suman un cinto y «toda la moda que ya no la conocen». Pero calza sandalias que parecen de hojas vivas — hechas de plantas vivas. Ahí está el hombre entero: la galera y la capa tiran hacia la ciudad; las sandalias y el palo de roble apoyado en el musgo tiran hacia la selva. Sus compañeros lo apodan hombre «de la selva de concreto», sin que eso contradiga su origen: es la chanza por su pinta urbana y por no conocer los senderos naturales de la isla donde ahora circula.

La voz y la mente

Cuando habla su lengua de druida, lo que se le oye es «casi animal, un lenguaje oculto de los ruidos», dicho con mucha paciencia mientras contempla los árboles con mirada de águila. Quien lo ha visto desde adentro, por vínculo mental, atestigua que su mente «es como un árbol enorme en tranquilidad»: calma, balance, sabiduría de alguien más adulto de lo que se esperaría de quien está ahí tomando una copa.

Las artes

Druida del círculo de la Selva Negra, maneja conocimiento muy profundo en la naturaleza. Es el único de su compañía a quien se le ha visto manipular los elementos —el agua, la tierra, el ácido— y pegar buena onda con lo que crece. Cambia de forma: se convierte en un lobo grandote —lo hace corriendo, en el medio de la carrera— y también en pájaro pequeño, indistinguible dentro de una bandada de pájaros tropicales hasta que aterriza y tiene la forma de él. Vuela, y la banda cuenta con eso: «Casemiro nos puede guiar desde los aires».

Hubo, además, una crisis de fe. De ella salió con los primeros pasos dados en el camino de la hechicería — un desvío del sendero druídico cuyas razones el archivo no explica.

El equipo como biografía

Nada de lo que carga es dotación: todo es acumulación de vida. Un escudo de madera largo. Un palo de roble que apoya en el musgo. Un arco largo, ganado en uno de esos combates que tuvo. Y un arma de hierro frío que le dejó Dardín antes de irse — quién era Dardín, y por qué se fue dejando semejante legado, el archivo lo calla.

Las hostias

Casemiro es custodio de las hostias: son suyas. Una la tenía secretamente, y se perdió. La pérdida, estando en sus manos, fue de la compañía entera — así de crítica es la custodia, aunque nadie haya dejado escrito qué son exactamente esos objetos ni por qué pesan tanto. Sobre él pende también la profecía del druida primigenio que abre esta entrada: el mundo todavía no la cumplió.

Itinerarios

Su origen es la Selva Negra, donde el círculo lo crió; estuvo recientemente cerca de La Carabarte y en los bosques de su tierra. En el presente opera en escenarios urbanos y costeros: el Hotel Astra, la Guardilla, una isla con playa y pájaros tropicales. Dentro del grupo está encargado de la seguridad del lugar — aunque, según se admite, «está un poco de joda».

Hay episodios oscuros en su camino. La Esfinge —«el mismo finja», criatura de piedra— lo tuvo preso unos días en un plano alternativo, y después lo liberó. En una encarnación pasada estuvo en un campo de concentración, trabajando bajo el sol. Y hay un trayecto trunco que nadie ha explicado: salió hacia la Guardilla a buscar sus pertenencias y, a mitad de camino, se dio media vuelta y volvió al hotel.

Advertencias del cronista

Este cronista consigna lo que las voces del archivo declaran, y señala lo que callan. Qué es un simar, y qué implica la transformación desde tiefling, se afirma pero no se explica: el lector deberá conformarse con saber que ocurrió. Qué son las hostias, cuántas existen, y qué se pierde en verdad cuando se pierde una —¿la muerte del custodio?, ¿su captura?— queda abierto. La Carabarte no ha sido identificada en mapa alguno, y bien podría ser palabra maltratada por los copistas. Del Hierofante solo sabemos que es un destino; de las condiciones para alcanzarlo, nada. Del druida primigenio que profetizó, ni el nombre. Hay incluso una versión aislada que lo llama paladín donde todas las demás dicen druida: disputa de escuelas o error de copista, este cronista no lo dirime. Y sobre aquella media vuelta camino a la Guardilla, las voces llegan tan confusas que ni el destino final del viaje quedó en claro.

Véase además: Selva Negra · La Esfinge


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.