Esfinge
«Aquel que es faraón es la Esfinge.» — sentencia recogida en los registros, sin autor que la firme
Exégesis de Paulus Alexandrinus
Escribo sobre la muerte hecha piedra, y la piedra hecha rey. En Egipto yace —yace ahora, digo, porque hubo un tiempo en que se movió— una estatua colosal que es a la vez criatura viva: la personificación de la muerte y guardiana de todo lo que vive sobre la tierra. «De piedra, gigante»: unos doscientos cuarenta pies de largo, «casi 80 metros», de modo que recorrerle el perímetro «es como dar vuelta una manzana». Que nadie la imagine mujer, como en otras fábulas: es faraón, «una mezcla de dios y monstruo».
Del cuerpo sepultado
Después del terremoto quedó hundida en el terreno: «la Esfinge está por lo menos unos 20 pies enterrada», las patas delanteras sepultadas, la cabeza fuera de vista —«esa parte no le ves la cabeza, está como enterrada»— mientras «le quedó como la cola afuera». Una cola de piedra asomando de la tierra: ese es hoy todo el rostro visible de la muerte en Egipto. Los registros no me dicen de qué color es la piedra, ni si el temblor la fracturó, ni qué sonido hace —si hace alguno—; el que quiera saberlo tendrá que ir a mirar, y que los dioses lo asistan.
De su multiplicación
Aquí el erudito debe caminar con cuidado, porque el archivo habla en dos números a la vez. Los registros fijan una Esfinge singular, enterrada tras el terremoto, junto a la ciudad cuya población fue salvada; pero también consta que «ha habido avenidas de Esfingues y demás» en el antiguo Egipto. La figura se repite, además, en otras formas: «la pirámide es una representación de hecho de la Esfinge», y aparece «representada en muchas de las cosas», por ejemplo en la estela de Amón Ra. Egipto entero puede leerse así: como la repetición incansable de una sola imagen. Tres capas del mismo ser se solapan. La monumental: piedra, avenidas, pirámides que la representan, estelas que la figuran. La política: el faraón solar necesita guardián, y ese guardián es él mismo transformado —monumento y monarca son la misma cosa vista en dos estados. Y la mortuoria: si es la personificación de la muerte y guardiana de todo lo vivo, la piedra enterrada y el rey destructor son dos caras de una misma función de umbral.
De su oficio
Guardián: de los faraones solares y de todo lo que vive sobre la tierra. La identidad es directa: es la forma que adopta el faraón cuando desea destruir a sus enemigos. Y se mueve. Lo que un testigo vio «fue la esfinge que se movió». Es «el último ser poderosísimo, sentinela del antiguo Egipto»: no una criatura más del panteón, sino su potencia superior. Cuando actúa, el mundo físico cambia de forma medible: su movimiento coincide con un terremoto que hunde veinte pies de terreno y amenaza a una población entera.
Pero puede no ejecutar la destrucción. Tras el terremoto, «extrañamente no es que la Esfinge después se quedó a destruir todo»: alguien salvó a la población. Cómo, los registros no lo dicen. No conozco costo, ofrenda ni condición para invocarla o detenerla — y confieso que esa ausencia me inquieta más que la estatua misma.
Reparos del cronista
Quedan preguntas que este viejo no puede cerrar, y las dejo abiertas como se dejan abiertas las tumbas violadas. Cuántas Esfinges hay: los registros alternan entre la singular y las avenidas, sin decir si las demás son piedra inerte o entidades capaces de moverse. Si la Esfinge provocó el terremoto al moverse o el terremoto la enterró a ella: ambas cosas constan, la causa no. En qué ciudad exacta yace, y qué población fue salvada. Quién la detuvo, y por qué el temblor la sepultó en lugar de liberarla. Y en qué sentido la pirámide la «representa» —si en la forma, si en el oficio de guardar, si en ambos. Cifras que doy con reserva: los doscientos cuarenta pies aparecen en el archivo como pregunta, no como afirmación. Que el lector prudente mida dos veces antes de dar la vuelta a esa manzana.
Véase además: el Faraón y los faraones solares — que son la Esfinge y sus guardados · la Pirámide — su representación · la estela de Amón Ra — donde está figurada · Egipto — su territorio.
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Lo que el archivo no fija, no se inventa.