Uruk
Todo itinerario de Vala, se trace desde donde se trace, termina apuntando al mismo lugar. Pregúntese en cualquier posta del camino dónde se decide lo que importa, y la respuesta será una sola: «Uruk es la primera ciudad. Hace miles de años». Primera en el tiempo, primera en la jerarquía —la ciudad que «está arriba de todas las jerarquías»—, y capital de un imperio que, en el estado presente de las cosas, «le pertenece».
Cómo llegar, y desde dónde
Uruk se alcanza por ruta comercial ordinaria: está dentro del radio de los mercaderes que trafican con Babilonia («tal vez están en mi radio de acción»), y comparte región con otras ciudades de peso —Mivenai, Vilonia—, cuyas grafías, dicho sea de paso, cambian según quién las escriba. Los tratadistas la cuentan entre las tres ciudades principales del mundo, junto a Niva y Valión, con los siete faros como lugares de importancia equivalente.
Hay, además, un acceso que ningún itinerario honesto debería callar: en al menos un tránsito registrado se llegó a Uruk desde el infierno. Quedó dicho sin más ceremonia que ésta: «Sí, vamos a Uruk, vamos a la ciudad». Por qué existe ese pasaje, y quién lo abrió, es cosa que este cronista no sabe.
La zona y la ciudad
El viajero no entra a Uruk como quien entra a un punto en el mapa: entra a una zona. «Esto es Uruk? Esta es la zona de Uruk, sí» — así se responde al que pregunta, y la zona se nombra también Uruk-Nipur. En el núcleo, la lógica de una capital sacra: ciudadela, zigurat, templos y una torre dorada ocupan el mismo centro, porque aquí el poder imperial y el poder ritual son la misma cosa. Ciñendo ese núcleo, las murallas que construyó Gilgamesh hace unos trescientos años: una fundación de miles de años con un perímetro relativamente reciente, tres siglos de piedra sobre milenios de ciudad.
Hacia adentro, los barrios llevan nombre propio, y nombres que miran hacia afuera: «Hay un barrio que se llama Barrio París, Barrio Venecia». Una ciudad lo bastante grande y compuesta como para nombrar sus partes por afuera de sí misma. De dónde vienen esos nombres, nadie lo ha explicado.
La sede y el rito
Uruk es donde se buscan instrucciones. La orden circula tal cual: «vayan a buscar instrucciones en Uruk, que es la sede de la Casa Azul». Y es donde se busca ayuda: una sacerdotisa hizo el viaje por ese motivo, junto a Agus.
La ciudad sostiene «un cierto pacto que se vestía de ritual una vez al año, a veces más importante», y en ella comienza la ceremonia de hierogamia. Con quién se pacta, y qué vuelve al rito «a veces más importante», el archivo no lo dice. A la cabeza de todo, el rey de Uruk-la-Zul: un hombre gordo, con gran predilección por la comida, soberano actual del imperio. Gilgamesh —dos tercios dios, un tercio humano— fue el décimo rey de esa línea, no su fundador; el nombre del rey de hoy, y su lugar en la línea, no constan.
El hueso que recuerda
La justicia de Uruk la Zul deja firma. El método de ejecución es el golpe en la base del cráneo, y el cadáver así producido puede ser animado después como esqueleto, de modo que la marca del castigo queda legible en el hueso: «Los golpes que tiene en la cabeza… Después fue animado». El que sepa leer un cráneo, sabe leer una sentencia.
La pieza sobre la que se juega el fin
Dentro de la ciudad hay siete puntos clave donde pueden colocarse los siete sellos apocalípticos. Eso convierte a Uruk en algo más que capital: en la pieza sobre la que se juega el fin. El mundo cambia si Uruk cambia. Y ya cambió una vez, de modo irreversible: «Fue en Uruk. Bueno, cayó la bomba». Qué era esa bomba, cuándo cayó y qué quedó de la ciudad después, son preguntas que el archivo deja abiertas — y que el viajero prudente hará en voz baja.
Advertencias del baqueano
Acá conviene pisar el freno y poner las cosas en su sitio. Los nombres no cierran: Uruk, Uruk la Azul, Uruk-la-Zul, Uruk-Nipur conviven en los registros sin que nadie haya fijado si son la misma entidad, o ciudad y región distintas; hay incluso una lista donde «Lazul» figura como ciudad aparte, al lado de Uruk. Tampoco está dicho qué es exactamente la Casa Azul ni qué relación guarda con el epíteto «la Azul» de la ciudad — el color se repite, la explicación no. Los siete puntos de los sellos no están cartografiados, y queda sin resolver si se corresponden con los siete faros o son otra cuenta de siete. Y de la materia misma de la ciudad —de qué están hechos el zigurat, los templos, la muralla, la torre dorada; su tamaño, su estado— los registros callan por completo, fuera del oro de la torre. El que viaje, mire por sí mismo y anote: hace falta.
Véase además: Gilgamesh · Casa Azul
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.