Terren
«Esperamos que lo que sea de su vida, si no es larga, por lo menos sea feliz.» — dicho sobre el niño marcado, recogido en el orfanato
Dos veces aparece el nombre Terren en los registros, y las dos veces señala un cuerpo difícil de ubicar. Una vez es «el pequeño Terren», huérfano de padres muertos o «desaparecidos de manera irrevocable», recogido en un orfanato de una ciudad que «no es tan grande». La otra vez es una voz alojada «adentro del corazón» de una tortuga, alcanzable solo por agua y por descenso hacia «el núcleo, digamos. Al corazón de la tierra». Que ambos sean uno solo, el archivo lo sugiere por el nombre y no lo prueba por nada más. Esta entrada registra a los dos, y deja la costura a la vista.
Del linaje y la marca
Terren lleva una marca. De su forma, su color y su lugar en el cuerpo, nada se dice; sí se dice de dónde viene: es parte «de ciertos linajes que aquí se han producido durante años». Hubo, pues, otros marcados —cuántos y quiénes, el archivo calla—. La marca se nombra con dos bocas distintas: como «esa gracia, la buena suerte», y a la vez con el pronóstico sombrío que abre esta entrada, el de una vida que quizá no sea larga. Contra ella se afirma que «aquí tenemos maneras de proteger las cosas»; qué maneras, no quedó registrado.
De las tres custodias
Un chico marcado no se deja suelto. Sobre este cuerpo se encadenaron tres tutelas:
- El orfanato, donde vive y donde siguen sus compañeros de infancia.
- La adopción por Lord Valanthru, que fue «tan inmediata» que hubo quien pidió explicaciones formales sobre ella. El arreglo, curiosamente, no lo saca del orfanato.
- El templo, el monasterio, adonde su adoptante lo mandó.
El compromiso entre la protección y el afecto tiene forma de régimen de visitas: Terren puede ver a sus antiguos compañeros «siempre que él quiere», con escolta y llevándoles regalos. Guardia y regalos, en la misma salida: así se cuida a un heredero de linaje incierto.
De la tortuga, el topacio y las raíces
El otro Terren no se ve. «Está adentro del corazón», y para hablarle se le habla a la criatura entera: «le hago a la tortuga y le digo, ¿Terren?». Lo que sí se ve es su instrumento: el topacio que «agarró» y «puso como una especie de piedra», del que salen «como unas raíces ahí» que lo enlazan a la tortuga. El gobierno de la criatura no pasa por voz ni por riendas: la piedra es el mando, las raíces el cableado, y quien la puso es quien conduce. Es, en rigor, un sistema de pilotaje desde adentro del órgano.
Responde por el conjuro de Sending, y responde caro: veinticinco palabras por día. «Responde lento», «a mí el día entero me toma la respuesta». Una respuesta completa cuesta una jornada; todo lo que dependa de Terren se vuelve, por eso, escaso y lento. Queda registrado también el momento en que «no se lo vio más y se metió dentro del agua», bajando hacia el núcleo de la tierra — el único puente que existe entre el niño del orfanato y la voz del corazón, y un puente que nadie explicó.
Del peso de la pieza
Los registros lo tratan como pieza cuyo movimiento arrastra otras: su adopción fue objeto de interrogatorio, su marca lo inscribe en linajes de larga data y en un destino quizá corto, y como voz de la tortuga es la única vía de comunicación con la criatura — y la única mano que la controla. Se menciona además, en su vecindad, una red que «se raptó un montón de gente»; si esa red tiene que ver con su orfandad o con su marca, el archivo no lo establece.
Advertencias del baqueano
Acá conviene pisar el freno y poner las cosas en su sitio. Primero: los dos Terren de esta entrada llevan el mismo nombre y el archivo no los enlaza; el descenso por agua es el único hilo, y es un hilo sin nudo. Segundo: al adoptante se lo oye también como «Lord Balandro» — disputa de grafía sin resolver, pregúntese dos veces antes de escribir el nombre en un documento. Tercero: los papeles registran a un tal Kerem como adoptado por el mismo lord; si Kerem y Terren son la misma persona o dos pupilos distintos, nadie lo ha dicho. Cuarto: el nombre Jaromir fue negado explícitamente para este personaje — que no se le cuelgue. Quinto: del niño no hay retrato alguno —ni edad, ni ropa, ni cara—, y de la tortuga no se sabe tamaño ni qué hace Terren con ella una vez que la conduce. Y queda la duda más incómoda de todas: si esta mano es de un compañero de alguna banda o de una figura del mundo, las voces del archivo no lo aclaran, y este cronista no lo va a decidir por ellas.
Véase además: Lord Valanthru
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.