Los Sherlocks

«Yo no soy el único Sherlock. Nos hemos repartido.» — palabras de un miembro, recogidas en taberna

Trescientos años, como mínimo —«no es de ahora, es de hace 300 años»—, lleva en pie esta sociedad secreta que se dedica a «buscar Antiguos que tienen respuestas y poder» y a «abrir secretos». No tiene sede conocida, ni insignia, ni palacio: tiene el ojo, el reparto y la taberna. Con esas tres cosas ha llegado a ser una potencia regional cuyo estado de ánimo condiciona la política de El Caldero.

Del nombre y del ojo

Se los conoce primero por el nombre antes que por sus obras: «al principio los conocían como esos». Lo único corporal que el archivo consigna de un Sherlock es un rasgo: «tiene ese ojo» — un ojo que permite ver más allá del velo de la realidad. Ver detrás del velo es lo que un Sherlock tiene que hacer; el ojo es el instrumento del oficio. Si ese ojo es órgano, implante, don o herramienta, las voces no lo dicen, y este cronista no lo va a decir por ellas.

Del reparto

No son uno solo ni son multitud: son varios y están repartidos. El reparto es entre las casas, de poder y de responsabilidad — ningún Sherlock es el único, y cada uno responde por una porción. Esa misma lógica llevada al mapa da su dispersión: «están en varios lugares» — en esta ciudad, en el Caldero y en la ciudad Félix. En el Caldero su presencia es de tabernas, no de palacio: se los encuentra congregados «ahí a la zona, a veces en otras tabernas». Una sociedad secreta sin sede necesita exactamente eso: un lugar donde reunirse en cualquier parte.

Del padrón sólo un nombre ha quedado asentado: Titi Frame, miembro de la sociedad.

Del oficio doble

Operan en dos registros a la vez. Como orden de conocimiento: «hacen investigaciones mágicas muy profundas probablemente oscuras», buscan a los Antiguos que tienen respuestas y poder, y son «los que están tomando todas estas preguntas». Como facción política y económica: «tienen fines que no son solamente económicos pero transan con varios», reclaman voz y voto respecto de las cuestiones de la liberación, y disponen de fuerza propia: los escarabajos, que son la Guardia Roja.

La pertenencia se cotiza. Un candidato puede ser «la mancha a mi currículum»: ser Sherlock es un cargo con reputación, y la reputación se cuida.

Del monopolio

Quien quiera saber de los Antiguos y sus respuestas tiene que pasar por los Sherlocks; quien quiera ver detrás del velo, también. Concentran el monopolio de una pregunta y el de una capacidad, y eso los vuelve peaje obligado del conocimiento en toda la región.

Del estado presente

En este momento están de manera pasiva, esperando a que llegue Terren. Pero que nadie confunda quietud con calma: «están haciendo cosas pero están al borde de la Guerra Civil». Una organización de trescientos años, repartida entre casas y ciudades, al borde de partirse en dos — cualquier movimiento sobre ella es un movimiento sobre el mundo. Y conviene recordar la aritmética del asunto: sólo se parte lo que ya estaba dividido en partes.

Disputa de versiones: ¿los Sherlocks o Sherlock?

Aquí las voces no coinciden, y el que escribe deja las dos asentadas. Una versión registra «ella es Sherlock»: una figura antagonista individual que conspira desde la Casa Cromas y colecciona brazos. El resto de las voces habla siempre de «los Sherlocks», en plural. ¿Es Sherlock además el nombre de una persona, o esa figura es un eco deformado del plural? Las dos escuelas siguen en pie. Lo mismo con la grafía: hay quien escribe Sherlock’s y quien sugiere Charlots; ambas formas quedan registradas sin elección.

Advertencias del cronista

Acá conviene pisar el freno y anotar lo que falta, que es mucho. No consta marca, vestimenta, sigilo ni objeto que identifique a un Sherlock: sólo el ojo, del que nadie ha descrito cómo se ve ni cómo se obtiene. De la Guardia Roja sólo sabemos que los escarabajos son ella y que anda asociada a la sociedad: si es subordinada, aliada o escisión, nadie lo ha dicho. Nadie ha nombrado las dos partes que se enfrentarían en la guerra civil, ni sobre qué. Nadie ha explicado qué es «la liberación» sobre la que exigen voz y voto, ni qué son los Antiguos ni qué respuestas se les atribuyen. Del ingreso sólo queda el currículum manchable, no el procedimiento. La ciudad Félix figura en el mapa de su presencia, pero no en ningún mapa que diga dónde queda ni a qué distancia del Caldero. Y circula una profecía —«Sherlocks are the keys»— de la que no se sabe quién la enuncia, de qué son llave, ni por qué está formulada en esa lengua. El que averigüe alguna de estas cosas, que la traiga a la taberna: ahí van a estar ellos, escuchando.

Véase además: Terren · El Caldero · Casa Cromas


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.