Rijel Betta

De ella queda una espada. La presentaron como prueba después de que fue justiciada, y ese es todo el epitafio que este cronista puede garantizar: una hoja sobre una mesa y una guardia vacante. Todo lo demás —la torre, la puerta de la luna, el imperio de las oprimidas— hay que contarlo hacia atrás, desde el cadáver.

La señora oscura

En el mundo de Gary —o mejor: en un mundo alternativo dentro del mundo de Gary— mandaba «una especie de señora de su mundo Oscura»: tirana que se hacía pasar por libertadora. Mujer de piel oscura, «de alguna raza extraña relacionada con las arañas», y a la vez algo que ya había desbordado esa forma: «ya no es mujer, es otra cosa». El que la vio de cerca la vio cubierta por «toda una armadura cibernética, negra» — y esa armadura fue, al final, el punto donde todo su sistema se volvió un cuerpo que se podía matar.

Su cara está tallada en las caras de piedra de las cavernas de debajo. Pero la piedra la registra a medias: en una de esas imágenes «acá de fondo está Richard Betta, pero acá no está Richard Betta». Dos tallas, o una borradura. La caverna no lo aclara y este cronista tampoco.

Linaje y jerarquía

Se la menciona una vez como «la hija» — posible descendencia de Nancy, que «vino y usó la tecnología». Una sola mención, sin confirmación; pero en una entrada de genealogía, una sola mención pesa. Su naturaleza arácnea se asocia además al culto de An—, nombre que las voces del archivo cortaron a la mitad.

Hacia arriba también respondía: en la cadena de mando figura como «Beta», y «Beta es la que tiene que hablar con Alpha». Qué es Alpha, y qué manda sobre Beta, nadie lo desarrolló. Su nombre mismo funcionaba como cifra: «es Rijel Betta, como si fuera un código», no solo una persona.

La arquitectura de la dominación

Regía por dos vías. La primera, territorial: torre propia, acceso a una de las puertas de la luna, y avatares que sujetaban Maryville sin que ella tuviera que estar («Maryville estaba sujeto por la dominación de… los avatares de Rachel Betta»). Retenía además compañeros raptados.

La segunda vía era la prédica. Bajo ella se acaudillaba un imperio de mujeres —«especialmente mujeres negras y otras razas y etnias oprimidas»—, descrito desde afuera como «una facción terrorista definitivamente comunista». El método: «les llena la cabeza y tal vez otras partes también del cuerpo de emoción y de posibilidad de una revolución», vendiéndoles «un mundo que supuestamente va a ser más libre, pero en realidad va a obedecer a su propia tiranía». El discurso le daba la tropa que ninguna torre le habría dado; el culto y el ritual le daban lo que le faltaba para dejar de ser mujer y ser «otra cosa». Se le atribuye, en ese registro, el rapto de un jovencito que trabajó para la Fundación, para intentar un ritual. Si el ritual se completó, el archivo calla.

La Fundación le puso precio: 50.000 de moneda por tomarla viva.

El golpe de gracia

El equilibrio de poder pasaba por ella: controlar una de las puertas de la luna bastaba para inclinarlo. Una gesta entera se declaró con un solo objetivo: «acabar con Richard Betta y su dominio». Y se acabó — le dieron el golpe de gracia, y la espada quedó exhibida como prueba.

Pero su caída no disolvió nada. La guardia quedó ocupada de inmediato por la especialista militar rusa que la mató: la facción cambió de cabeza, no de estructura. Rijel Betta era «guardiana de este lugar» junto a Clara Kling —su rival expresa, la otra guardiana, contra la que se definía por contraste—, y de qué eran guardianas exactamente es una de las preguntas que este cronista deja sobre la mesa, junto a la espada.

Advertencias del cronista

Cuidado con el nombre. Las voces del archivo la llaman de siete maneras y las escuelas no se ponen de acuerdo: la convención fija Rijel Betta, y advierte que se trata de una señora pese al nombre de resonancia masculina — resolución por contexto, no por sentencia del Narrador. Cuidado también con la naturaleza: «mujer de piel oscura» contra «ya no es mujer, es otra cosa» es, en boca del propio hablante, una escalada, no un corte de entidad; pero el estado final no quedó fijado. Quedan sin responder: cuántas puertas de la luna hay y qué habilita cada una; qué es Alpha; en qué consistía el ritual del jovencito y si llegó a término; qué la une exactamente a Nancy; y qué es «la tecnología» que usó al venir. El que quiera respuestas, que baje a las cavernas y le pregunte a la piedra — que, como ya se dijo, contesta a medias.

Véase además: Clara Kling · Gary · Nancy


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.