Las Américas
«América es un viaje largo, boludo.» — advertencia recogida entre los que preparan provisiones para el cruce
Que sirva esta carta de aviso al que zarpe: no se va a las Américas como quien va a la feria. El viaje es largo, exige provisiones significativas, y no es un destino corriente sino una empresa. Y que sirva también de corrección al mapa heredado: el mundo entero asumía que el monte análogo estaba en el sur. No estaba en el sur. Está acá. Las Américas son el monte análogo.
Una vieja colonia que se independizó
Así las definen las voces del archivo: «una vieja colonia que se independizó». Un continente-purgatorio al otro lado de un viaje largo, hoy declarado libre por primera vez. Se las nombra en plural —las Américas— y en singular —América—, y de su cuerpo continental la única porción explícitamente descripta es América del Norte. Su condición no es la de la inocencia: no era, antes de su ruina, «un mundo totalmente inocente», sino «una especie purgatoria». Un lugar de ascenso y de purga. Qué se purga ahí, y quién administra esa purga, es cosa que este cronista no ha podido averiguar.
Los que llegaron huyendo
La pueblan gentes desplazadas. Los rusos, comprimidos por los mongoles «para los dos lados», «lograron escaparse a América»; allí conviven con franceses, en «una América del Norte con un clima un tanto distinto» — distinto en qué, la fuente no lo dice, y es el único dato físico que el continente entrega de sí mismo.
De esa población de expulsados nace la ley. Porque las enmiendas de las Américas son, leídas con atención, el retrato de quien las escribió: la primera enmienda —«todos los hombres deben ser libres de la sustitución extranjera»— es el miedo de quien ya fue expulsado de otro lado; la segunda enmienda —«todos tienen derecho a llevar nada más de hierro frío»— es el arma de quien no puede confiar en que lo defiendan. Juntas definen al americano por lo que no puede serle sustituido y por el hierro que sí puede portar.
La Casa y la revuelta
Sobre esa base se levanta el instrumento político fundacional: la House of Burgesses, «casa de los burgueses de Virginia», «uno de los primeros instrumentos políticos que existen en América del Norte».
Y sobre la tensión con Londres —poder del que América se emancipa, y que «no quiere soltar»— se levanta la revuelta. Esa disidencia estaba profetizada: el poema «América» de Blake la anuncia, y circula en inglés y en castellano, recitable en castellano. La ley de este continente se enuncia en enmiendas, es decir, como norma que otros deben poder invocar; su destino se enuncia en verso.
Arrasadas y libres
Aquí las versiones se dividen, y este cronista las consigna sin fallar el pleito. Una escuela sostiene la ruina: «ese lugar fue arrasado» —primero una traición desde el interior, después «la imposibilidad de resistir» ante un mundo que cedía—, y registra además la toma del año 1500. La otra escuela sostiene el presente: «la América que ahora por primera vez es libre… acaba de ser ratificado eso por restos de naciones del mundo». Las Américas están, según los papeles, arrasadas y recién liberadas a la vez. Si son momentos sucesivos de una misma historia o dos afirmaciones que no caben juntas, el archivo no lo establece.
Advertencias del cronista
Confieso al lector lo que esta carta no puede darle. Del cuerpo del continente no tengo nada: ni terreno, ni ciudades, ni arquitectura, ni olor, ni sonido — solo ese clima «un tanto distinto» que nadie especifica. No sé quién ejecutó la toma de 1500 ni quién fue el traidor del interior. No sé qué es exactamente «la sustitución extranjera» que la primera enmienda prohíbe, ni qué cuenta como «hierro frío» ni qué queda excluido por ese «nada más». No sé desde dónde se parte hacia América ni cuánto dura el viaje en medidas del mundo: solo que es largo. Y no sé si la House of Burgesses sigue en pie tras el arrasamiento, o si es ya institución del pasado. El que viaje, que anote lo que vea; este mapa está esperando su cuerpo.
Véase además: Londres
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.