Jorge Luis Borges

Dos veces figura este nombre en los registros de préstamo, y las dos veces junto a una devolución. Una consta y se confirma; la otra consta y es mentira. Entre esas dos marcas de tinta cabe toda la historia que este archivo puede contar de él.

El joven de Bulnes 2216

En 1922 es «un joven que acaba de llegar de Europa con su familia». Se lo ve salir «con su pañuelito», «de traje», alto, y «no llega a tener panza todavía». Vive en Bulnes 2216, primer piso, casi esquina Berruti: «es una esquina de casas bajas, primer piso» — la construcción se levanta un piso por encima de un barrio que no lo tiene, y esa asimetría dice lo suyo. Es «clase media-baja, no es de familia rica». No tiene poder de dinero; tiene poder de lectura.

El que lee latín

«Borges es un excelente lector de latín», y en esta historia esa es la llave: el que sabe latín es el que puede llevarse los libros que nadie más lee, y termina siendo el que los guarda. Por préstamo y por cargo, nunca por compra. De la biblioteca de la Universidad de Buenos Aires retiró el Necronomicon, y de ese volumen quedó dicho: «ya lo devolvió el señorito Borges». Se le atribuye además, como inclinación de lector, que Heart of Darkness (1899) es «una lectura de la favorita de Borges».

El director casi ciego

En 1967 la figura es otra: «un tipo grande, ya tiene como casi 70», y «ya está casi ciego de todo». Está «como director» de la Biblioteca Nacional — del lado de adentro del mostrador. Allí queda registrado el patrón inverso al de la UBA: sobre un libro «él aprobó una cosa y ahí aparece una marca que indica eso, pero no volvió al libro». La devolución está marcada y el libro está ausente desde el 26; el Guardián de la Biblioteca remite a hablar con el director. Existe además una carta cerrada con su nombre en el sobrescrito: «la carta está aquí con el nombre de él, cuando está cerrada, en el sobre». Papel que lo nombra, papel que lo responsabiliza.

Es la única figura que atraviesa los dos tiempos sin cambiar de función: joven de traje o anciano casi ciego, siempre es acceso y custodia de libros. No manda, no financia y no combate. Su peso es de archivo. Y la ceguera de 1967 cierra la figura con ironía: el mejor lector del mundo dirige la biblioteca cuando ya no puede leerla.

La sombra de la logia

Sobre su pertenencia a la Logia, el mundo no establece nada. Es sospecha de los compañeros —«de que podía estar Borges implicado»— y el único vínculo declarado es indirecto: lo dice Jorge Malnati, brujo de bar que a Rómulo «le va tirando algunos tips», y pasa por Victorio Acampo. Sospecha no es hecho, y este cronista las anota en columnas distintas.

Los otros Jorges

Advertencia de homonimia, porque el nombre circula repartido entre al menos tres personas que no son él: Jorge Malnati, el brujo de bar ya mencionado; Jorge Álvarez, oficial federal «de nariz aguileña, bien seco, que se nota que es de corte militar», ligado a policía y seguridad en el operativo; y Jorge Moreno, capataz de la estancia Echegoyen. Ninguno debe fundirse con Borges. Queda además el más incómodo: Jorge, el brujo magnate, el que manda a Rómulo al sur con un «buscá un libro» — ¿es Borges, es Malnati, es un cuarto Jorge? Nadie lo ha establecido, y no figura en el elenco oficial del dossier.

Advertencias del cronista

Quedan preguntas que el archivo no responde y que no voy a responder por él. No se sabe si el Necronomicon devuelto a la UBA en 1922 y el volumen ausente de la Biblioteca Nacional desde el 26 son el mismo libro; la signatura BN 1016 queda como duda abierta. Está la contradicción de conducta: en la UBA la devolución consta y se afirma; en la BN la marca existe pero el libro nunca volvió — si son dos hechos independientes o un mismo patrón del hombre, los registros no lo dicen. No consta quién escribe la carta dirigida a Borges ni qué contiene: solo el sobre cerrado con su nombre. De la «familia Borges» de Bulnes 2216 no se nombra a ningún pariente. No hay registro de contacto directo entre Borges y compañero alguno: el acceso parece pasar siempre por intermediarios — Malnati, Acampo, el Guardián de la Biblioteca. Y del anciano de 1967 no hay más retrato que la edad y la ceguera: ni ropa, ni voz, ni porte.

Véase además: Biblioteca Nacional · Universidad de Buenos Aires · Logia


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.