Villa Ocampo
«La casa de los Ocampo es un lugar que podemos ir a visitar.» Cierto — pero conviene completar la frase: quien llega sin invitación «encuentra una dura recibida».
Casa señorial de la familia Ocampo, en Buenos Aires, cerca del río. Terminada de construir en 1821: al presente de 1920 carga casi un siglo encima, noventa y nueve años exactos. Propiedad privada de una familia acaudalada; no es espacio público, y la puerta la administra la familia, no una institución.
La planta
La lógica del edificio es vertical y coherente. Arriba, los salones donde se reúne un grupo de intelectuales y una biblioteca «espectacular» —la que está en la casa de Villa Ocampo—. Abajo, «en la parte de abajo», un taller de encuadernación y una imprenta: «Ocampo tenía la imprenta ahí abajo, están las cosas todavía». La maquinaria no fue retirada; sigue ahí.
Ese apilamiento hace de la casa club, archivo y taller a la vez: lo que se lee, se discute y se escribe en los pisos altos se fabrica como objeto en la planta baja. La revista —que ya empezó, aunque ningún registro la nombra— tiene ahí su infraestructura material, y puede sostenerse sin salir de estas paredes.
Hay una tercera capa, la menos explicada: las llamadas «logias amazónicas», que «tienen muchos cuartos que comunican con este lugar». La planta no es de habitaciones cerradas sino de cuartos encadenados unos con otros: una circulación interna que permite pasar de un ámbito a otro sin volver a la entrada — condición material de reuniones cerradas dentro de una casa que también recibe visitas. En qué piso o ala quedan esas logias respecto de la biblioteca, nadie lo consignó.
La gente de la casa
Dueña de casa: la señora Victoria Ocampo, que celebró allí un cumpleaños al que asistió Alejandro Lindberg — el evento sirve de marca en el calendario social. Al presente, Victoria «ha tenido que ausentarse de la ciudad y no va a volver por un tiempo», y los asuntos de la casa pasan a manos de un intermediario: prueba de que el lugar depende de una cabeza personal, no de un estatuto. Silvio Ocampo figura como miembro de la familia; un Víctor Ocampo, como autor de un libro.
De ese libro proviene un dato que la crónica social suele omitir: en la casa hay servidumbre de origen africano esclavizado, con tradición transmitida dentro de la familia — «eran los que ya venían de la familia», «se criaron» allí, y conservaron cultura y conocimientos propios.
Un deslinde que quedó dicho de manera expresa: «Borges no es Victorio Ocampo». Jorge Luis Borges es otra persona.
Lo que se dice de la casa
Tres poderes conviven bajo el mismo techo: el capital económico de una familia acaudalada, el capital cultural de la biblioteca, la revista, la imprenta y el grupo de intelectuales — y una sospecha. Se atribuye a Victorio Ocampo, persona de poder en Buenos Aires, la organización de ceremonias y ritos esotéricos para invitados selectos. Los compañeros que frecuentaron el asunto lo daban por sabido: «había ciertos rituales ahí». Interpelado al respecto, Baltazar no confirmó ni desmintió.
Que quede asentado como corresponde a esta clase de registro: los rituales son creencia de quienes fueron hacia la casa, no hecho establecido del mundo. Lo que sí está establecido es que la casa importaba en los asuntos que se investigaban entonces: «estaban involucrados los de Villa Ocampo».
La otra propiedad
La familia posee una segunda casa, en Mar del Plata, de Victoria Ocampo y los suyos: residencia estacional que completa el sistema. Dos propiedades, dos ciudades, una sola familia.
Reparos del cronista
Este catastro tiene más huecos que muros. La revista «ya empezó», pero ninguna voz la nombra. Las «logias amazónicas» no se definen: no sabemos si nombran salones, decoración, secciones o grupos que allí se reúnen. De la casa misma no consta fachada, materiales, tamaño ni número de plantas: solo «Buenos Aires, cerca del río», sin barrio ni partido. Nadie explicó por qué se ausentó la señora Victoria, adónde fue, cuánto dura «un tiempo», ni quién decide, mientras tanto, a quién se recibe. Y queda la cuestión más espinosa: los registros hablan de Victorio Ocampo y de Victoria Ocampo con atribuciones distintas — organizador de ritos él, dueña de casa ella. Si son una misma persona mal oída o dos figuras de la misma familia, las versiones discrepan, y este cronista deja la disputa abierta en lugar de zanjarla con tinta ajena.
Véase además: Jorge Luis Borges
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.