Adwen

Dos o tres días desde el santuario, «depende de cómo esté el camino»; tres días desde donde la compañía anduvo operando por última vez. Así se mide todo en este ciclo: en jornadas de marcha hasta Adwen. Cuando algo no se consigue en el campo —una cura, un comprador, una autoridad—, la regla del baqueano es una sola: «para las cosas importantes, a Adwen».

Lo que encuentra el viajero

«Una pequeña ciudad, que le dicen vieja Adwen»: una vieja ciudad de la época imperial «que había quedado un día en ruinas y ahora se está reconstituyendo», con más ruinas que edificios enteros. El que llega esperando una capital se va a desconcertar, y el que llega esperando una aldea también. Porque sobre el casco arruinado siguen en pie piezas de otra escala: la Torre de Adwen, las torres del conocimiento propias de un mercado antiguo, las Bibliotecas —una casa habitada, donde la presencia de la vieja Adwen «les muestra que hay población»—, la iglesia del milagro, y al menos una taberna que la familia Arbol usa como subsede, conocida ya por la compañía.

La clave para leer el lugar es esta: no es una ciudad que creció hasta ese tamaño, es una ciudad grande que se está volviendo a llenar. El mercado de clase mayor y las torres del conocimiento son herencia de la ciudad antigua —que llevaba el nombre Adanos—, y sobre ese esqueleto vuelve a asentarse población que reconstruye de a pedazos. Por eso conviven en un mismo casco Bibliotecas de capital imperial junto a una taberna de posta y más escombro que edificio.

Ficha catastral

  • Asentamiento de clase 4; mercado de clase mayor.
  • Capital de su región — y a la vez registrada como segunda ciudad más grande de la misma región. Las dos cosas quedaron dichas en un mismo tramo de crónica y ninguna versión anuló a la otra; cuál manda, y cuál sería entonces la primera ciudad, es disputa abierta entre registros.
  • Mantiene gobernantes propios. Bajo qué forma, el archivo calla.
  • De murallas, puertas, calles y extensión: nada consta.

Las tres funciones

Adwen concentra lo que el territorio no puede resolver solo: comercio, autoridad y cura.

Comercio y poder. Es donde se comercia y donde está la sede del poder regional. Es punto de partida y de retorno de la compañía —«atravesar la ciudad de Adwen, de donde vienen»— y la ciudad donde la Liga se asienta tras los eventos de Turostén. El abad viaja hacia ella, como viaja todo el que tiene asunto de capital.

Cura. La función sanitaria es norma, no favor: en Adwen residen sacerdotisas de alto nivel, y para las aflicciones mágicas graves el clero de campaña no alcanza — «necesitan llevarte a Adwen, necesitan a alguien de mayor nivel». Una sacerdotisa de nivel 7 procedente de Adwen «te va a curar la aflicción»; se la vio «montando la parada». Una tal Jojanna aparece asociada al reparto de lo que las sacerdotisas pueden dar, aunque el archivo no aclara si es la misma sacerdotisa o una compañera distinta.

Defensa sagrada. La ciudad linda con la amenaza del Pantano, y su iglesia tiene poder probado contra los no-muertos: cuando los muertos vivientes vinieron del Pantano, «la luz detuvo a los muertos». Milagro reciente y demostrado, no creencia. Que la única defensa sagrada de la región esté concentrada ahí explica bastante del resto.

Por qué importa

Es la entidad-eje del ciclo: base de operaciones declarada, asiento de la Liga, subsede de la familia Arbol y única respuesta conocida a las aflicciones que la compañía no puede curar por su cuenta. Si Adwen cae o cierra, se cae al mismo tiempo el comercio regional, la cadena de curación de alto nivel y la taberna de los Arbol. Ninguna otra plaza del ciclo carga ese triple peso.

Advertencias del baqueano

Acá conviene pisar el freno y poner las cosas en su sitio. El nombre mismo de la ciudad es terreno disputado: unos registros dicen Adwen, otras escuelas normalizan Atwell, y aparece además Ciudadanos como otro nombre del mismo lugar. ¿Tres registros de una sola ciudad, o dos ciudades confundidas por oídos apurados? De eso depende toda la geografía del ciclo, y este cronista no lo va a zanjar de prepo. Se conservan como formas fijadas Adwen, Viejo Adwen y Vieja Adwen.

Segunda trampa: la vieja Adwen es también una anciana, la que habita las Bibliotecas y prueba con su sola presencia que hay población. ¿Toma el nombre de la ciudad, o es coincidencia de rótulo? ¿Es guardiana, residente, otra cosa? Nadie lo dejó dicho.

Y quedan sin cartografiar las preguntas grandes: cuándo cayó la ciudad imperial de Adanos, quién la arruinó y quién financia la reconstrucción; qué son exactamente las torres del conocimiento y qué relación guardan con las Bibliotecas; qué advocación tiene la iglesia del milagro y qué culto sostiene a sus sacerdotisas; qué se comercia en el mercado mayor, con qué moneda y a qué precios; y qué significan, en la práctica del mundo, «clase 4» y «clase mayor». El que viaje, pregunte en la taberna de los Arbol — y desconfíe del que le conteste todo sin dudar.

Véase además: El abad · Torre de Adwen · las Bibliotecas · la familia Arbol · la Liga · Turostén · el Pantano · Adanos.


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.