Están perdidos, créanme. En unas horas el lugar se pone helado y llegan los diablos.
Presentación
Urga es una ciudad-santuario cristiano-mongola escondida en un claro del bosque oscuro del Gobi, en el canato de Karakitán, dentro de las tierras de la Antiterra. Se levanta bajo un atardecer rojo permanente —“un atardecer que no se fue”: rojo y violáceo, negro en el horizonte— mientras del otro lado del bosque reinan el frío y la bruma. Sus puertas las montan duergar de pupilas en blanco, barba de nácar y una gema en el pecho, que se comunican tocándose la cabeza; un capitán de casco dorado y peto de seda roja recibe a los mercaderes. La ciudad es una fusión de lo chino-mongol y lo cristiano: gira en torno a un risco coronado por una gran catedral occidental de vitrales y una cruz enorme, frente a la cual, a lo lejos, un Buda gigante parece competir mirándola de frente. Sus muros son empalizadas de tres metros contra los diablos que llegan cuando cae la noche helada.
Bajo su piedad se esconde su razón de ser: Urga es el tapón de una puerta al infierno. La ciudad se asienta sobre un centro de poder oscuro —una puerta que baja a Baator—, y su iglesia impide que descienda a las casas. El bosque mismo se volvió oasis para que los humanos pudieran llegar a cuidarla, bajo la custodia del Preste. Por boca del cronista invitado, Urga es la futura Ulán Bator.
Vínculos
- El Preste de Urga — templario que la gobierna; su iglesia es el tapón de la puerta
- Baator — el infierno al que conduce la puerta que la ciudad sella
- La puerta al infierno de Urga — arco de piedra flanqueado por dos ángeles postrados que se vuelven “cada vez más reales”
- El Buda gigante — la estatua del risco opuesto, polo complementario de la catedral
- Antiterra — el mundo post-Poitiers donde persisten las sombras del norte
Apariciones
- Ciudades Invisibles, T1 — el sidetrek del desierto de Gobi: las puertas de Urga, la taberna de Miguel, la catedral y la puerta al infierno