Todo el bronce del mundo, y una sola vena que temer.
El primero de los autómatas
Antes que hubiera drones, omegadrones o guardianes de bronce en la New York que no cayó, hubo Talos: el gigante de metal del mito, el hombre de bronce que Dédalo heredó del fondo de las leyendas junto con su propio nombre de artífice. Fue forjado por Efesto —el herrero de los dioses—, un coloso vivo hecho de una sola pieza de bronce, sin junta ni costura, destinado a rondar sin descanso las orillas del mundo y a fulminar a todo intruso que se acercara.
Es la matriz: el molde primordial del que descienden, por parentesco de forja, todos los autómatas que pueblan esta campaña. Cuando Marte procesa a sus soldados, cuando un dron custodia una arena o un centinela de metal drena la fuerza de quien osa tocarlo, ecoa en ellos, a la distancia, la primera criatura que el bronce aprendió a caminar.
La única vena
Lo que hace de Talos una lección y no solo una máquina es su secreto de fabricación. Todo su cuerpo era invulnerable —bronce macizo, impenetrable— salvo por una sola vena que recorría el coloso desde el cuello hasta el talón, sellada por un único clavo. Por esa vena corría el icor, la sustancia que le daba vida. Arrancado el clavo, el icor se derramaba, y el gigante de bronce se desplomaba como un odre vacío.
De ahí que su nombre haya quedado atado, para siempre, a la idea del punto débil: la falla escondida en lo aparentemente perfecto, el talón que basta herir para que caiga lo invencible. Todo autómata que se le parezca hereda también esa promesa: por más blindado que esté, en algún lado guarda su vena de icor.
Lo que Dédalo recreó
En la línea del tiempo del 9/11 prevenido, Talos no es solo memoria. Dédalo —el mismo artífice del laberinto de Creta, hoy recluido en la Icarus— lo recreó: rehízo al hombre de bronce con la ciencia de esta Tierra, como quien vuelve a encender un fuego antiguo. Que el constructor del laberinto haya querido de nuevo a Talos entre sus obras dice mucho de su ambición: el artífice que conoce todas las salidas también quiso, para su ciudad-laberinto, al primero de los centinelas.
De esa recreación desciende el linaje que la campaña padece: de la matriz de Talos salen los autómatas de bronce, y de su hermandad de forja —cruzada con la materia caída de Terminus— los omegadrones procesados. Herir a cualquiera de ellos es, en el fondo, buscar de nuevo el talón del gigante.
Vínculos
- Dédalo — el artífice que lo recreó con la ciencia de esta Tierra
- Keres — autómata de bronce descendiente de su matriz
- Terminus_MYM — de cuya materia, cruzada con esta forja, salen los omegadrones
- Marte — que procesa a sus soldados sobre este molde
- Icarus — la estación desde donde Dédalo lo rehízo
Capa lúdica [R]: entidad/autómata de Never 9-11 (Mutants & Masterminds). Concepto: el Talos del mito griego (forjado por Efesto, punto débil en el talón por donde corre el icor), recreado por Dédalo; funciona como matriz de los autómatas de bronce de la campaña.