
Príncipe Debo
Tres veces se recita el linaje y tres veces cae en el mismo lugar: primero Harran, segundo Ravani, tercero Debo. Cinco veces lo dice el archivo, sin excepción: tercero en la línea de sucesión de Uruk la Azul. Y sin embargo, ningún tercero pesó nunca tanto.
El linaje
Es hijo de Rantar Alfa, la primera reina, sangre de la Casa Azul, la dinastía de Uruk la Azul, cuya familia desciende de Gilgamesh el inmortal. Ese linaje da la legitimidad; la base material la dan los acantilados de mármol, a los que «esta familia tiene un constante acceso» y que están siendo minados. Aunque tercero, «tiene posibilidades de ser el gobernante máximo», y la regla que lo habilita quedó escrita: «el príncipe puede funcionar como rey» mientras el rey sustituto permanece oculto. Continuidad de gobierno colgando de una sola persona — y esa persona duerme.
El príncipe que duerme
En su estado ordinario es un hombre apagado. «El príncipe Debo dejé durmiendo como siempre», anota una voz del archivo; otra dice que «perdió su chispa en su momento». Él mismo lo explicó una vez, después de un incendio en el que rescató a un niño: «perdóname, no vine con mi diablo… no tengo más». Qué era esa chispa, qué era ese diablo —un poder, un compañero, un rango—, el archivo no lo aclara.
Se lo ubica en tres lugares que no siempre se dejan conciliar: en la capital, Uruc, donde estuvo entrampado en algún asunto y adonde le mandaron «tanto mensajeros como ayudas legales para desentrampar al príncipe Debo»; en Nesut Biti, donde figura como autoridad gobernante y donde duerme; y en el Monte del Purgatorio, del que se hablará más abajo. En las ceremonias del pueblo va en la procesión — aunque en un momento clave está ausente: «está retirado con la princesa haciendo otras cosas».
Sus asuntos legales los llevan los abogados Cortagarlandas, «abogados dormilones», cortagargantas «en ese sentido, literal». Cuando el derecho no alcanza, esa casa tiene con qué defenderse.
El príncipe resplandeciente
Pero hay otra descripción, y es la más detallada que dan las voces del archivo. Está vestido con una larga túnica; tiene «una especie de faja dorada» y «una especie de piedra grandota» blanca; «su pelo es todo blanco, como la lana»; «su cara es blanca, nieve»; «sus ojos chamean»; «sus pies parecen de bronce incandescente en la fragua»; «su voz es como un estruendo del océano». En el Monte del Purgatorio, sobre el río infernal, sacando viajeros de las aguas, se lo reconoce por lo mismo: «nunca le viste la cara tan resplandeciente». De su parte vino, además, «una hueste de ángeles vengativos» que él convocó.
Cómo se pasa del príncipe que duerme al príncipe de pies de bronce —si es transformación, aparición o segunda naturaleza; si perder la chispa y no venir con el diablo son el mismo hecho que esta manifestación—, el archivo lo calla. Este cronista declara el hueco y no lo rellena.
La llave y la alianza
Dos cosas pasan por su persona. La primera es el tránsito: «el príncipe nos puede autorizar a usar la llave para ir a la tierra de la Casa Negra» — el permiso para el viaje a otras tierras es suyo, y de nadie más. Cómo es esa llave, quién la guarda y qué otras tierras abre, no consta.
La segunda es el matrimonio. Su compromiso con Talia Cristalia —heroína, Capitana, hija del gobernador— «va a ser una alianza política» entre casas nobles, y sobre ese casamiento se apostó la restauración del príncipe mismo: «pensábamos que con el casamiento…» — la frase queda trunca en el archivo, como quedó trunca la esperanza. Toda la apertura de aquella gesta giró alrededor de casarlo con la Capitana. Consta también una gestión en sentido contrario, para «romper el compromiso que tiene con su hija» — sin que se establezca de quién es esa hija.
Su regreso o su no regreso se declaró decisivo, en palabras que suenan a sentencia: «si vuelve sin mí, entonces ahí sí realmente se ha terminado la cuestión».
La disputa de los genealogistas
Acá conviene pisar el freno. Hay dos escuelas sobre los príncipes de Uruk la Azul, y ninguna ha ganado. Una sostiene que son hermanos distintos: Harran, primero en sucesión, hijo mayor, comprometido con Miranda de Torrelices —princesa «de unas tierras lejanas y muy ricas»—, con hermano descartado de la sucesión y Palacio de Verano propio en Uruk; Ravani, segundo; Debo, tercero, prometido de la Capitana Cristalia. La otra escuela señala que las voces del archivo los alternan en una misma frase —«el príncipe heredero Jarran no Debo es el tercero»— y que las formas Skarnar, Harrion, Harren y Príncipe de Evo circulan sin que nadie las haya desambiguado: acaso un solo príncipe con muchos nombres mal oídos. Ambas versiones quedan en pie. El que consulte esta genealogía, que consulte las dos.
Advertencias del cronista
De su aspecto ordinario —edad, estatura, vestimenta fuera de la epifanía— nada se ha registrado; el archivo solo conoce al durmiente y al resplandeciente, y entre uno y otro no hay puente escrito. Tampoco se sabe de qué asunto hubo que «desentrampar» al príncipe en Uruc, ni qué hacen exactamente los Cortagarlandas cuando actúan «en sentido literal». Que el lector no confunda ausencia de registro con ausencia de hecho: los príncipes dormidos también gobiernan.
Véase además: Talia Cristalia · Nesut Biti · Casa Negra
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.