El Lunes Santo de 1648 cae el cinco de abril, en los días que preceden a la gran agitación. París contiene el aliento entre los oficios de Semana Mayor y los primeros rumores de resistencia parlamentaria. Las procesiones de penitentes recorren el Ile de la Cité mientras en el Palais-Royal los consejeros del cardenal evalúan decretos que habrán de encender la mecha de la Fronda.

Es una fecha de umbral: la ciudad aparenta devoción colectiva, pero los corros en el atrio de Notre-Dame y las sacristías del Quartier Saint-Germain son también lugares de conspiración. Lo sagrado y lo político se superponen en esa semana como capas de cera sobre el mismo cirio.

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