Adoptada a los cinco años por un hombre de salud frágil, Jeanne aprendió pronto que el pan se gana con la espalda antes que con la mano tendida. Su padre la entregó en matrimonio a un hombre duro, y bajo ese yugo se forjó la agilidad, el sigilo y la discreción que hoy la distinguen. Quedó viuda en algún punto que el registro no precisa, y de ese silencio emergió otra mujer.

Su felicidad verdadera la encontró en once niños huérfanos que se refugiaban en ella como en un quicio tibio: a veces madre, a veces niña entre niños. Cuando una incursión en la villa de un noble llegado de las Américas la arrastró a una trama más vasta, Jeanne no retrocedió. Entró en ese mundo con los mismos ojos astutos que usa para salir airosa de los líos que ella misma suele buscarse. Posee una fuerza poco común para su estatura, y eso, más que cualquier otra cosa, la ha mantenido con vida.

Sirve hoy a M. Alfonse y cuida con esmero a Nadine, sobrina de la casa, a quien ha tomado cariño entrañable. Sus gamines, entretanto, fueron recluidos en un hospicio a las afueras de París durante su ausencia prolongada; recuperarlos es el anhelo que mueve su paso. El encuentro con fuerzas que exceden lo mortal no la amilanó: si algo la caracteriza, es que está dispuesta a todo por transitar la vida que finalmente recuperó.

Vínculos

  • Alphonse — patrón a quien sirve; ancla de su nueva vida en París
  • Nadine — sobrina de Alfonse bajo su cuidado; vínculo afectivo central
  • Marsilio_Fountaine — compañero de grupo; lo invocó para liberarla cuando fuerzas demoníacas la alcanzaron
  • Murmur — duque demoníaco cuya sombra roza el pacto que la liberó
  • Paris — ciudad de sus gamines, de su trabajo y de sus riesgos