Jinetes de la Tormenta

Es Jinete «el que es capaz de portar el anillo». — única ley conocida de la cofradía; el resto es ruina

No hay investidura, no hay ceremonia, no hay sangre que alcance por sí sola: el título se prueba en el dedo. El anillo es lo que controla al dragón vencido, y quien no puede portarlo no es Jinete de la Tormenta, por mucha prosapia que cargue. Esa ley es lo único de la cofradía que sigue funcionando entero; todo lo demás son restos que custodian restos.

El dios de los muchos nombres

Servían —y en algún sentido siguen sirviendo— a «este gordo ser de las tormentas», que en Vala se recuerda bajo los nombres de Adad y de Talos, aunque «algunos dicen que hay otros nombres secretos», y otros más en otros mundos. De su carácter, la exégesis conserva una sola sentencia, y es ambigua a propósito: «no es ni malo ni bueno, aunque algunas veces había tenido que ver con el ataque a la humanidad». De su poder, una imagen: «hay nubes que pueden cubrirlo todo». El elemento de la cofradía, heredado de él, es la electricidad; su prosapia, divina.

Los que lo adoraron son cosa del pasado: «eran antiguos adoradores de un dios de las tormentas». El culto no tiene fieles vivos registrados — tiene guardianes muertos y descendientes.

El templo caído

El dominio físico de los Jinetes es un templo que cayó, y dentro de él, «los tesoros de los jinetes de la tormenta». Sobre quiénes lo guardan, las versiones no coinciden, y este cronista las deja en pie a las dos, como dos escuelas que discuten en el mismo atrio: una escuela dice que son «estatuas gigantes del dios antes de que cayera», guardianes antiguos de talla mayor que humana; la otra, que son «los esqueletos que están como de alguna manera auspiciando este encuentro», huesos de guerreros «que deben haber perecido en algún momento». Estatua del dios o esqueleto del siervo — el templo no ha querido aclararlo.

Lo cierto es que la muerte no los volvió inertes. Los guardianes siguen presidiendo rituales mágicos: su presencia auspicia, es decir, habilita o valida una ceremonia. El linaje no termina en la muerte porque el tesoro y el anillo siguen exigiendo guardián.

Los del castillo

Existe una variedad aparte: «los jinetes de la tormenta Demoníacos», que intervienen en los sucesos del castillo. Si son los mismos Jinetes del templo corrompidos, una facción escindida o una tercera cosa que apenas comparte el nombre, las voces del archivo no lo permiten afirmar. Queda registrado que actúan, y que actúan en el castillo; el vínculo con los huesos del templo es, por ahora, una puerta cerrada.

La medida de su antigüedad

Son pocos y son viejos: figuras «de la talla de Gilgamesh», fechadas con esa vaguedad que en Vala hace las veces de precisión — «de hace más de 100 años, más de 1000 años». Fuera del templo y del castillo subsisten «sus descendientes», linaje vivo del que no se conoce número ni asentamiento, pero que puede reclamar el título por la única vía que existe: el anillo.

Conviene entender el peso de la cosa. Los Jinetes no son un encuentro suelto en un camino: son una institución de fondo. Fijan un elemento mágico, un dios que atraviesa mundos con nombres intercambiables, un objeto de poder, una montura sometida y un linaje abierto. Todo lo que ocurra en Vala con dragones, con tormentas o con el anillo, pasa por ellos. Su caída ya reconfiguró el mundo una vez; lo que dejaron es exactamente lo que se ve: ruinas, tesoros custodiados y herederos.

Advertencias del baqueano

Acá conviene pisar el freno. Nadie sabe dónde está el templo, ni dónde el castillo, ni en qué región viven los descendientes: el que quiera buscarlos, que no espere coordenada de este cronista. Nadie ha dicho qué exige el anillo para dejarse portar, ni si ser descendiente alcanza siquiera para intentarlo. De los tesoros se sabe que existen y que se guardan — si son monedas, armas o reliquias del culto, no consta. De los dragones vivos que alguna vez montaron no hay una sola descripción fuera del «dragón vencido»; de un Jinete en vida, ni armadura, ni insignia, ni tamaño, ni ruido. Y las dos preguntas grandes siguen abiertas: cuándo y por qué cayó el templo, y cuándo fue que el dios «tuvo que ver con el ataque a la humanidad». El archivo calla, y el que calla, en estas cosas, no otorga.

Véase además: Gilgamesh


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.