No sé adónde vayan; yo puedo hacer que no los sigan un rato.


El escape que abre la última parte de la crónica, y que no habría existido sin una aliada. (escribe Teddy)

Victoria Stark cumple su palabra: antes de que se alboroten las aves hace estallar el sector de provisiones —había alcohol y material pirotécnico traído para el año nuevo— y el campamento entero se da vuelta. Además deja tres camellos cargados, la llave del vehículo, una pistola de bengalas y una advertencia sobre las tribus del interior.

Los tres ya habían dejado túnicas apenas cubiertas de arena en un punto elegido: cuando todos miran el fuego, se las ponen y a doscientos metros son tres egipcios más en el paisaje. Queda un cabo suelto —Gasparini, que en vez de mirar el incendio olfatea la escena— y se resuelve por la espalda, de un solo golpe.

Después vienen las arenas movedizas, leídas a tiempo por Irti, y el truco del rastro: sueltan los camellos hacia el este, de modo que quien los siga crea que siguieron de largo hacia el río. Ellos continúan a pie, borrando huellas, hacia el Desierto Rojo.


Vínculos


[R] — Capa asertórica de mesa. Evento de LDC (sesión 3). Pendiente de cotejo con el cuaderno físico C95 BIS.