
Irti
«Por algo te pusieron ese nombre, de los ojos azules, porque la corona, podría estar.» — dicho recogido entre los que lo conocen
Filiación
Hombre egipcio, mestizo, sin partida que lo respalde de ningún lado. Lo engendró un europeo que visitó Egipto años atrás y jamás lo reconoció; de la madre no queda registro en el archivo. Esa doble orfandad —ni heredero del padre, ni del todo hijo de la tierra— es la primera línea de su genealogía y también la clave de su oficio: un hombre que no pertenece a ninguno de los dos mundos puede ser empleado por los dos. Es «una especie de mechay»: mitad egipcio, mitad occidental, «un pie en un mundo y el pie en otro».
El cuerpo
Grande e imponente —comparado con Teddy, Irti «es todavía más grande, imponente»—, de piel blanca «pero con rasgos egipcios», la ceja marcada. Pero lo primero que se ve de él son los ojos: celestes, azules, prominentes, tan notorios que le valieron el nombre o el epíteto de los ojos azules. Viste camisa de estilo safari, «pero sin el gorrito», al modo de un actor de películas de aventura: el uniforme del explorador occidental, con la pieza que lo consagraría como uno de ellos deliberadamente ausente.
El oficio
Veterano de excavaciones —«participado en excavaciones, él sí tiene experiencia»—, estuvo presente en el Valle de los Reyes en las primeras campañas donde se encontró «la única tumba, vamos a decir intacta, casi intacta de un faraón». Hoy trabaja como protector por contrato: saber de campo y custodia para patrones sucesivos, «la gente de Estados Unidos», «la gente europea» que llega a excavar. Su patrona actual es la señora Camille Colbert, a quien ofrece protección.
Es el único hombre registrado que combina experiencia real de excavación con pertenencia al lugar: sin él, los extranjeros trabajan a ciegas. Marginal por posición —bastardo, empleado, protector a sueldo—, central por función: es la bisagra entre los que cavan y la tierra que se deja cavar.
Lo que corre por debajo del nombre
Aquí la crónica baja la voz, porque lo que sigue no está en ningún contrato. El epíteto de los ojos azules no sería mero rasgo: se lo vincula a la Corona Azul —«por algo te pusieron ese nombre, de los ojos azules, porque la corona, podría estar»—. Y su destino aparece además ligado a la daga de Thoth. Qué relación concreta tiene con una y con otra, el archivo no lo establece: solo que el vínculo existe, y que «podría estar». Un guardaespaldas a sueldo cuyo nombre lo ata a una corona faraónica es, según cómo se lo mire, un empleado o un heredero que todavía no lo sabe.
Advertencias del cronista
Este cronista debe confesar lo que no consta. No consta su edad, ni dónde vive, ni si tiene familia egipcia propia; no consta si sabe quién fue su padre ni si lo busca; no consta con qué se le paga ni cuánto. Las voces del archivo discrepan hasta en cómo escribirlo —Hirth, Hirtiu, Irtyu, Irkiu son variantes que circulan—, y una frase suya quedó dicha y no descifrada: «por lo menos hoy estoy al servicio de mil» — ¿a quién sirve realmente, además de la señora Camille? Queda además una glosa que ningún escriba supo cerrar: «el Irtiu, que es el nombre de la corona la Kepes». Si «Irtiu» nombra ahí al hombre o a una corona, y qué cosa sea «Kepes», son preguntas que este registro deja abiertas, como corresponde dejarlas.
Véase además: Camille Colbert · Teddy
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.