
Famagusta
En los mapas que circulan entre los que se embarcan hacia Oriente, Famagusta aparece «marcada con unas cruces blancas como si estuviera de la peste». Que el viajero decida antes de zarpar qué lectura le da a esa marca, porque una vez adentro del puerto ya no decide nada: la boca se cierra con cadenas, y «entrás ahí y estás a su merced».
La boca encadenada
Capital de Chipre y su puerto principal — «el puerto principal, la verdad, es Famagusta» —, la ciudad es un pueblito fortificado que existe porque es la entrada a la isla y hay que poder cerrarla. Se entra por el agua: una corniche, «una especie de calle transversal», una zona almenada, y dos torres a los costados, protegidas y con catapultas. Del otro lado, las cadenas que sellan la boca del puerto. La guarnición está «muy organizada, muy organizada»: balletas, espadas, arqueros. Nada de esto es adorno. Famagusta es puerta y cerrojo a la vez, y quien controla su boca controla el acceso de todo movimiento marítimo de la zona.
La Reims del Mediterráneo
En la otra punta de la ciudad se levanta una catedral gótica que todavía no existe del todo: «es la catedral que están construyendo justo ahora, no está terminada». Se la ve desde el pueblo, y por ella al lugar «le llaman la Reims del Mediterráneo» — Reims como término de comparación, no como vecindad. La obra es una declaración en piedra: «este lugar sigue siendo europeo», y Famagusta es «el último bastión de Occidente en Oriente». La frontera entre ambos mundos no está dibujada en ningún tratado; está en esa fachada a medio subir.
La franja entre el mar y la altura
El pueblo se aprieta en una franja: la playa y el mar por delante, las montañas y las fortalezas más altas por detrás, la catedral a los costados. Del lado del agua hay una taberna que «da a la playa y al mar. No da acantilados» — y ese detalle importa: sin acantilados que la protejan del agua, la defensa de Famagusta es enteramente artificial, cadenas, almenas, torres. La taberna sobre la playa es el punto exacto donde el mundo de tierra y el mundo de mar se tocan; el resto de la isla queda lejos, a «por lo menos 100 kilómetros» de cualquier otro punto.
El rey y la partida
Gobierna un rey de Famagusta, iracundo; hay quien sostiene que su mal es epilepsia, hay quien habla de maldición, y las dos escuelas conviven sin que ninguna haya ganado el pleito. Bajo su cerrojo, la ciudad funciona como lugar de salida operacional: quien sale a Oriente sale de acá — «Se sale de… Famagusta. Famagusta, obvio». Una compañía llegó a ella en barco y de ella partió hacia su expedición; en el tramo registrado se la ubica al este de la ciudad, con la costa como vía por la que vienen los otros.
Advertencias del cronista
Que el lector no me pida lo que el archivo no da. No sé si las cruces blancas del mapa declaran peste real en Famagusta o son solo marca cartográfica «como si» la hubiera. No sé el nombre del rey, ni la advocación de la catedral, ni cómo se llama la taberna. No sé cuántas almas viven tras las almenas, ni quién manda militarmente el puerto, ni de qué orden o poder depende la plaza. De la muralla y las torres solo puedo decir «almenada» y «protegidas»: ni materiales, ni colores, ni estado. Y en los registros aparece «la venta» junto a «donde existe la capital» — si es topónimo, tipo de establecimiento o simple ruido de las voces del archivo, este cronista no lo va a decidir. Tampoco consta a qué distancia exacta al este acampó la compañía, ni si la taberna queda dentro o fuera del recinto fortificado.
Véase además: Chipre
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.