“No hay nada peor que la rivalidad mimética de aquel que es un gusano pero quiere ser Dios.”
Presentación
Debajo de Zaira, la ciudad del eterno retorno que repite su día una y otra vez, teje una aberración colosal a la que la mesa terminó llamando el Gusano de la Seda — o simplemente Seda, porque su nombre apareció en la iniciativa antes de que nadie entendiera qué era. Nunca se lo ve directo. Lo que se ve es su obra: los hilos y las telas que caen del cielo, las implosiones, el géiser de ácido — la trama que se repite.
Su boca es un círculo orlado de gemas-ojo, las mismas que los emisarios llevan en el brazo y que Auro reconoció en el infierno: “son como sus ojos”. Esas gemas son la cifra del ciclo: el Gusano teje las redes que vuelven, el eterno retorno de Zaira, la ciudad condenada a rehacer su jornada. Probaron todo —matar al caballero oscuro, salvar a Minaya, devolver al bebé, impedir la muerte— y todo volvía, porque tensaba la cuerda sobre el abismo el que teje desde abajo.
La doctrina lo nombra sin piedad: es la rivalidad mimética hecha carne, “un gusano que quiere ser Dios”. La única manera de romper el hilo era cortar la cuerda — perder a propósito, entregar las gemas a los visitantes del Castillo del Prisma para que invocaran al Pleroma, y así destruir al Gusano. El precio de romper el retorno fue liberar a Oblivión, que terminó por consumirlo. Cuando el Gusano cae, cae también Zaira.
Vínculos
- Zaira — la ciudad del eterno retorno que el Gusano teje desde abajo
- Oblivión — la oscuridad galopante que lo consume al romperse el ciclo
- Pleroma — invocado por los visitantes para poder destruirlo
- Abadón — cuyas sedas vienen de “la morera donde se cría el gusano de seda”
- Auro — reconoce en la boca del Gusano las gemas-ojo del infierno
Apariciones
- Ciudades Invisibles / cierre del arco de Zaira — “el eterno retorno se rompe y cae Oblivión”; el Gusano, nunca visto, consumido