“Así como te prendiste fuego en vida, no te prendas fuego en muerte.” — Claudia a su hermano, en una de las apariciones que él nunca supo si eran memoria, sueño o visita.


Acá conviene poner las cosas en su sitio

Dos transiciones corren juntas en esta crónica y ninguna de las dos termina bien. Una es la que sale en los diarios: hace cuatro años que se acabó el proceso militar, hay juicios, hay democracia, y la gente todavía no sabe si eso significa que ganó algo. La otra no sale en ningún diario: la sociedad vampírica de Buenos Aires también tendría que estar cambiando de dueño, y no cambia. Los mismos arreglos, los mismos funcionarios, los mismos que se acomodaron con los militares y siguen sentados donde estaban. Un país puede votar; una corte de muertos, no.

Buenas Sangres es el registro de seis no-muertos jóvenes atrapados entre esas dos transiciones. No forman una banda por ideología: los junta el accidente. Hay entre ellos anarquistas convencidos, hay quien sigue comiendo de la mano de la Camarilla, y hay quien directamente no tiene derecho a existir porque nadie lo reconoció. Esa contradicción no se resuelve nunca. Es el motor de todo lo que sigue.


La corte y sus dueños

El príncipe de Buenos Aires es José López Rega, brujo del clan Tremere. La versión oficial dice que está preso o internado; la versión útil dice que gobierna igual, desde un sanatorio conectado por túneles con Tribunales, con el Colón y con el Elíseo. Es la continuidad hecha carne: la Triple A, la dictadura y la vieja corte son el mismo cuerpo, y ese cuerpo sigue firmando sentencias, imponiendo castigos de sol y obligando a arrodillarse.

Su brazo armado en la zona sur es el comisario Lavín, sheriff de la corte: razias, torturas, desapariciones heredadas del proceso, y una colección privada de reliquias que no debería tener. Es, además, el sire de una de los compañeros — de ahí que sea a la vez el enemigo y la puerta.

El Elíseo funciona en la Confitería del Molino, en Rivadavia y Callao, donde la corte celebra sus mascaradas venecianas con bauta y médico de la peste. Bajo la cúpula, las claraboyas sirven para lo que sirven: el sol entra donde el príncipe quiere que entre.

Y está Franco Macri, Ventrue de más de trescientos años, del primogenio, magnate: la clase de figura que interviene para salvarte y te cobra la salvación durante el resto de tu no-vida.


Los compañeros

  • Aluc — el que para el mundo de los vivos murió en 1987 y para el archivo siguió cantando. Su origen vampírico es deliberadamente confuso: recuerda muertes, drogas, Italia, Córdoba y a su hermana Claudia en fragmentos que no cierran. Empieza siendo una figura del rock y termina siendo la luminaria del movimiento anarquista.
  • Carmen — joven romaní, menos de veinte años, piel morena y ojos claros. Tremere, chiquilla del comisario Lavín: le teme, lo odia y conserva un acceso a él que ninguno de los otros tiene. Hermana de Víctor, prima de Angie.
  • Víctor — Ventrue de clase alta, hijo predilecto de la familia Macri, sangre embolsada y circuitos de dinero. Le prometió a Angie que dejaba las drogas, recayó, y fue abrazado esa misma noche. Todo lo que hace después sale de esa promesa rota.
  • Lilith Plutón — artista y maquilladora de la escena musical. Trabaja los circuitos de la prostitución y la provisión de sangre, pero insiste en pagar y en pedir permiso: en esta crónica, eso alcanza para ser una posición moral. Defiende a las mujeres antes que a nadie.
  • Felipe — taxista, hombre de la calle, “yo no laburo”. Sin clan reconocido: bastardo, chiquillo ilegal, acusado desde la primera noche de un crimen que no cometió y capaz, cada noche siguiente, de cometer otros peores.
  • El Hada de los Dientes — enorme, encorvado, sin nariz, boca ancha y cicatrices; vive en las alcantarillas cercanas al Colón. La corte lo considera una joven promesa. El apodo se lo ganó interrogando: cuando pregunta, arranca colmillos.

Las noches

I — La noche que no quedó registrada

De la primera noche no hay grabación: llega a nosotros como la cuentan los que estuvieron, y así conviene leerla. En un colegio del sur, en Lanús, hubo recitales punk y hubo razia. Aluc entró en frenesí delante de todo el mundo: le arrancó la mano a un policía y bebió de él a la vista de cien personas. Ruptura de la Mascarada en toda regla. Lavín lo estaqueó en el acto y se lo llevó. El juicio fue en el Molino, en plena fiesta de máscaras, y terminó con castigo bajo la cúpula.

En paralelo, un juez vampiro que venía dominando a Felipe apareció drenado, y Felipe quedó acusado. El Hada de los Dientes encontró el cuerpo y lo arrastró a su guarida para impedir la muerte definitiva. Nadie preguntó quién se quedó con el dominio del juez. Esa pregunta es la gesta entera.

II — Santa Felicitas cambia de manos

La banda sigue el rastro del dominio vacante hasta la iglesia de Santa Felicitas, en Barracas, donde encuentran a Acraso, guardián puesto ahí por el sheriff para vigilar lo que le robaron al muerto. Lo capturan, lo estacan y lo interrogan en los sótanos del Colón; el Hada le arranca dos colmillos y Acraso habla: no responde al príncipe, responde a Lavín.

El refugio del Colón se pierde poco después —los cazadores llegan hasta él— y la banda hace lo único que le queda: en vez de esconderse, toma el lugar. Con los contactos de la escena artística convierten la iglesia tomada en un recital punk y el recital en asamblea permanente. La noche del recital cae la Federal con camión hidrante y colectivos vacíos pintados de negro, con Lavín afuera como “asesor” y Acraso adentro vestido de sargento. La banda quiebra el operativo sin una sola baja. Los anarquistas se quedan con la iglesia. El ángel del ala rota, la memoria de Felicitas Guerrero y la memoria de la violencia política se superponen en un mismo patio.

Después, con el mismo cuerpo golpeado, la banda entra al Elíseo a jurar respeto al dominio del príncipe.

III — El abrazo de Angie

Angie es la prima de Carmen, el amor de Víctor y su piedra de toque: lo último que lo ata a haber sido humano. La arpía del Elíseo, Lavinia, le advierte que la mantenga lejos del recital y que él tampoco vaya. La advertencia se cumple a medias, y esa medida es la que arruina todo: para retenerla, Víctor le dice la verdad. Estoy muerto. Y se lo prueba.

La corte dicta lo que dicta: matarla o morir con ella. Franco Macri se levanta, pide la palabra y usa su derecho de sire — si la abraza él, no hay ruptura que castigar. La convierte ahí mismo. Angie sobrevive y deja de ser de nadie más que de Franco; Víctor queda salvado, en deuda y responsable de cualquier transgresión futura de sus compañeros. Es la victoria más cara de la crónica: pierden la piedra de toque en el gesto mismo de salvarla, y el grupo se rompe por dentro.

IV — El éxodo

Con la caza de sangre encima, Carmen anuncia que se va a Córdoba a buscar a su hermana y a recuperar algo de humanidad, y Aluc convierte esa fuga personal en un proyecto colectivo. Paran en Rosario antes del amanecer, y en Rosario la crónica hace lo que hace con la historia real: se queda con los crímenes de la familia de un músico rosarino y los pone en la cuenta de Felipe. Los demás lo leen en el diario y atan los cabos —la sangre, el arma nueva, la bala que falta— sin poder probar nada y sin querer probarlo del todo. De esa noche sale, dentro del mundo de la crónica, una canción que todos conocen.

En Córdoba hay familia, cuarteto, chatarra industrial y anarquistas. Y arriba, bajo el Uritorco, está Erks: lo que era mito esotérico se vuelve ciudad subterránea y refugio. Aluc y Lilith se quedan dos años y levantan ahí una comunidad de vampiros y de hippies, la primera cosa que esta banda construye en lugar de destruir. Mariela desaparece dentro de ese proceso y nadie termina de explicar cómo. Más abajo, mucho más abajo, algo duerme.

V — El cetro (1991)

Tres años después la crónica retoma con el mundo cambiado. Hay un pacto nuevo: Menem a cambio de López Rega. Si la banda voltea al viejo príncipe, se levanta la caza de sangre y todos suben de posición. Para atravesar la hechicería del príncipe hace falta el cetro clavado en el pecho de la entidad que duerme bajo Erks — un ser famélico y gigantesco, pintado con grasa, con colmillos de sable, al que la leyenda llama comechingón de ocho mil años y Vultán. El cetro tiene que volver después a Erks; en manos de Menem, no.

La entidad no negocia: pide alimento humano. Y la banda se lo lleva. Interceptan un micro con veintinueve chicos, ejecutan a la coordinadora y los hacen bajar en fila por las cavernas, con Aluc marcando el paso en un tambor. Abajo, Vultán se los come casi a todos. Hace que una de las nenas le arranque el cetro del pecho, y se baña en la sangre de los demás.

Aluc no espera el final: carga a esa nena y sale corriendo con ella a cuestas y el cetro consigo.

Ahí quedan al cierre: con el objeto, heridos, con máculas que ya no se lavan, pasando el día en las cuevas y planeando volver a Buenos Aires. Nadie en la banda es la misma persona que entró a la iglesia de Barracas a tomar un dominio vacante.


Lo que quedó abierto

  • Quién diablerizó de verdad al juez, y qué prueba conserva la banda contra el sheriff.
  • Qué quiere Lavín con López Rega: protegerlo, reemplazarlo o negociar su caída. En 1991 ya se sabe que ambiciona el principado.
  • Qué es exactamente Claudia: recuerdo, aparición, vampira, sire.
  • Qué pasó con Mariela en Erks.
  • Qué será de la nena que arrancó el cetro, y qué queda entre ella y Aluc.
  • Si el cetro vuelve a Erks o se queda en la ciudad.
  • Si la caída del príncipe libera a alguien o solamente instala la jerarquía siguiente.

Marginal del archivero

Que una banda se rompa por salvar a una sola persona, y que después junte fuerzas para entregar veintinueve chicos a una cosa que duerme bajo una montaña, dice más de la transición que cualquier editorial de la época. No hay acá una lectura moral que ordene el material: hay una crónica que empieza queriendo tomar una iglesia y termina, cuatro años después, cargando a una nena montaña abajo. El archivo la guarda entera, con las dos puntas.

Del mismo año arranca, en otro hemisferio del archivo, el ciclo de Gary del Mundo Nuevo — 1987 en una ciudad de acero que se apaga. Comparten el año y poco más: aquella se cierra en su eclipse y esta sigue viva hasta el 91. Los cruces, si los hay, todavía no están escritos.


[R] — Capa asertórica de mesa. Crónica de la campaña VBS (Buenas Sangres), jugada con Vampiro: la Mascarada, corrida en 2021. Las fuentes son siete grabaciones (unas 19 h 30 m) que cubren de la segunda a la séptima jornada, más una introducción registrada aparte; la primera jornada no se grabó y todo lo que se sabe de ella entra como recapitulación retrospectiva dentro de las jornadas 2, 4 y 6. Consolidado y transcripciones íntegras con marcas temporales en el archivo interno (meta/narrativas/VAMPIRO_BS_consolidado_2026-07-26); linkeadas jornada por jornada y escena por escena en la cronología privada.

Pendiente de arbitraje del cronista: (a) la grafía del comisario fluctúa entre Lavín, Lavigne, Lavigna y La Vigna — acá se fijó “Lavín” hasta que aparezcan los escritos de campaña; (b) las grabaciones distinguen a un compañero músico (hermano de Lilith) del Ventrue negociador, de modo que el que rompe la Mascarada con Angie podría no ser Víctor; (c) quien se aleja con el circo nómada parece ser Lilith y no Carmen. Nada de eso se resolvió por comodidad narrativa.

Sobre las figuras históricas: la crónica usa personas y hechos reales de la Argentina de los ochenta y noventa como materia de una ficción sobrenatural. Las atribuciones vampíricas de crímenes, pactos o conductas a personas reales pertenecen exclusivamente al mundo de juego y no afirman nada sobre las personas nombradas.