A mi hijo lo tienen en el fin del mundo. Tráiganme con qué sacarlo.


El hombre de la UOM

Armando Cabo recibe al grupo en su oficina de la UOM, sobre Tres Arroyos: pelo engominado, pulso firme, un hombre de revólver. Sindicalista pesado del metal, viene de abajo —ex–cabo maquinista de la Armada, apostador burrero endeudado que pasó de la fábrica al cargo de delegado— y carga el peso de la resistencia peronista en el cuerpo. Es el padre de Dardo_Cabo, uno de los cóndores que secuestraron el avión a las islas en el Operativo Cóndor, y todo lo que hace en estos días tiene una sola brújula: su hijo está preso en Ushuaia, en el confín del país, y él necesita pruebas con qué presionar políticamente para sacarlo.

Hombre de la línea de Vandor, conoce de memoria la interna sindical y sus muertos. Recuerda el tiroteo de la confitería La Real, donde cayó Rosendo García —el episodio en que también suena el nombre de Domingo Blajakis, que algún testimonio de aquellos días escribe Blajakis y otro Blajaquis—, y no oculta su recelo hacia López Rega, ese “Lopecito” que ronda los márgenes del poder. Mide a cada visitante por lo que puede ofrecerle, porque sabe que en su mundo nadie da nada gratis.


La audiencia con Vandor

A cambio de avanzar en lo de su hijo, Armando acepta abrir la puerta que el grupo necesita: gestionar una audiencia con Vandor en el gremio metalúrgico, en Adolfo Alsina 477. Lo advierte sin vueltas —a Vandor hay que ofrecerle algo, siempre—, y de su misma red sale otra hebra que tirará la pesquisa: la pista que enlaza al gremio gráfico, a un tal Uriel y al nombre de Lucio Gelli, el hilo que tras la fachada sindical conduce hacia logias y poderes menos confesables. Armando no entiende del todo en qué se está metiendo el grupo; cree que negocia política, no que está franqueando el vestíbulo de algo mucho más hondo que la disputa de soberanía.


El traje rojo de 1955

Hay una herida que Armando no negocia. Cuando una de las visitantes, valiéndose de la moneda-tótem que ablanda las voluntades, le roza el recuerdo de su esposa muerta —la madre de Dardo, caída durante el bombardeo de Plaza de Mayo de 1955, a la que evoca vestida de rojo—, el sindicalista se quiebra. La persuasión mística, en vez de doblegarlo, le abre en canal el duelo: la mano va al revólver y hay que calmarlo antes de que la escena termine mal. En ese gesto se ve entero el diseño de la gesta isleña: el trauma argentino más real y verificable es la puerta por donde se cuela lo cósmico. El dolor de un padre por una mujer de rojo en una plaza bombardeada pesa, en la gesta, tanto como cualquier horror del fondo del mar.


Vínculos

  • Dardo Cabo — su hijo, cóndor preso en Ushuaia; el motor de todo lo que Armando hace
  • Operativo_Condor — el secuestro del avión a las Malvinas en el que cae preso Dardo
  • Vandor — el caudillo metalúrgico cuya audiencia Armando gestiona (Adolfo Alsina 477)
  • Orden_Esoterica_de_Dagon — el fondo lovecraftiano que aguarda al otro lado del umbral político que Armando ayuda a cruzar
  • Carcosa — el reino amarillo que late detrás del realismo del Atlántico Sur

Notas

Armando Cabo es una figura histórica real de la resistencia peronista, padre de Dardo Cabo; la diégesis lo conserva tal cual, sin disfrazarlo, igual que a Vandor, López Rega, Lucio Gelli y el resto de los nombres verdaderos en los que la trama del culto se injerta. El cuaderno 99 sitúa su escena central en la oficina de la UOM de Tres Arroyos. Su función es de bisagra: es uno de los hombres del mundo de arriba —el de la política, los gremios y los revólveres— que, sin saberlo, abre las puertas por las que el grupo desciende hacia el Mythos.