Wichita
Que quede asentado como la vieron: «una india alta», de «pelo morrocho, muy erizado, que le llega hasta la cintura» — un pelo largo y pajoso que «con un poco de brisa se le mueve… se le mueve como una mata». Así entra en el registro del Mundo Nuevo esta compañera nahuatl, hechicera y ballestera, que carga encima, cosido y colgado, el pleito entero entre dos mundos.
Señas y atavío
Viste de amarillo con flecos: esa es su constante, y sobre ella los testimonios disputan. Unos dicen «un vestido amarillo con unos flecos»; otros juran haber visto «una hermosa armadura, amarilla con flecos». Tampoco el largo se deja fijar: la crónica oscila entre «pollera amarilla con flecos, pero es medio larga» y minifalda — y minifalda es la forma que quedó fijada, aunque el testimonio contrario no se retiró. Calza botas. Al cuello, collares. En la cabeza, «una vincha negra también, con una pluma», y encima —contrapunto insolente— un sombrero de cowboy.
El vestido está cosido con «un montón de bolsichitas chiquititas» donde guarda «sus piedritas y sus cositas». Lleva un morral «con un par de cosas», dos daguitas para lo corto, y la ballesta «colada atrás».
El hierro ajeno
La ballesta merece renglón aparte: «claramente no es de esta parte, pero es española». Arma liviana, pequeña, de fabricación europea, en manos indias — «que se ve que le robó a alguien en algún momento». A quién y cuándo, nadie lo dice. Junto con el sombrero de cowboy, es lo tomado al enemigo; el resto —pelo suelto, vincha, pluma, collares, flecos, piedritas— es lo propio. La figura se arma por capas de esos dos mundos superpuestos, y ninguna capa esconde a la otra.
El canto que delata
Su hechicería se manifiesta en voz: «la otra está canturreando, haciendo unos cantos extraños», en nahuatl. Y ahí está la trampa del territorio que pisa: los Guardianes reconocen el idioma extraño como evidencia de brujería. Cantar en su propia lengua equivale, ante la autoridad española, a confesar. No actúa sola: «uno hizo un hechizo, la otra está canturreando» — junto a otro practicante, figura cuyo nombre el registro no conserva. Qué obra el canto, qué efecto produce, la crónica no lo asienta: registra la voz y registra la sospecha, nada más.
La deuda de sangre
Su trasfondo la ata al conflicto por el lado más crudo: «se le murió toda la familia… los españoles le mataron al novio». Ni el novio ni la familia tienen nombre en el archivo. De los mismos españoles proviene, robada, su ballesta. Todo lo que porta y todo lo que dice la pone en riesgo ante la misma potencia que la dejó sola: una india armada con hierro español, cantando en nahuatl frente a guardianes que consideran ese canto un delito. En esa sola figura cabe el choque central del Mundo Nuevo.
Advertencias del cronista
Este cronista deja constancia de lo que no pudo averiguar. ¿Vestido o armadura? Las dos versiones constan y ninguna cede. ¿De qué pueblo concreto viene, y por qué camino llegó a la zona donde operan los españoles? El registro la da nahuatl y nada más. ¿Qué son las piedritas de las bolsitas —materia de hechizo, reliquia de la familia muerta, otra cosa? No se dice. ¿A quién le robó la ballesta? «Se ve que le robó a alguien en algún momento», y con eso hay que conformarse. El que quiera saber más, que le pregunte a ella — y que recuerde que responde cantando, y que en esta tierra el canto se paga.
Véase además: Guardianes
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.